‘Wolfwalkers’, una perfecta fábula ambientalista que emociona con una amistad más allá de la magia

Pocas veces una película logró combinar tantos temas en una obra trascendental sin perderse en el desvarío o la ambición. Wolfwalkers habla de colonización, del hombre vs la naturaleza, del cuidado ecológico, de los prejuicios de la religión, y de una amistad tan poderosa que traspasa las fronteras de lo posible. La película de animación irlandesa desafía la modernización con un trabajo de dibujo tradicional que no tiene nada que envidiar a los grandes de occidente y su estilo, que podría parecer «poco cuidado», introduce un maravilloso mundo a través de sus inocentes trazos cargados de sentimientos.

Dirigida por Tomm Moore y Ross Stewart, la trama se sitúa en Irlanda de 1650 y sigue a Robyn Goodfellowe y su padre Bill, un cazador de lobos que debe deshacerse de una manada que está acechando al pueblo, causando caos entre sus habitantes. La pequeña Robyn, una niña curiosa y deseosa de ayudar a su padre en las tareas más peligrosas de la caza, se escabulle para espiarlo y en el camino conoce a otra niña, Mebh, quien le cura una herida con magia y le muestra el fascinante mundo de los lobos que existe en lo profundo del bosque. Su amistad expone eones de prejuicios contra los lobos, los cuales son cazados porque son vistos como demonios, y Mebh le revela el secreto de los «wolfwalkers», quienes de día son humanos y de noche pueden convertirse en lobos.

Aunque empieza un poco lento, atrapa la atención a través de la dirección de la animación, que no se deja limitar por las dos dimensiones y presenta encuadres maravillosos que consiguen transmitir profundidad y cuidado del detalle. El diseño de los personajes es único en cada figura, especialmente la salvaje Mebh, que ostenta una enorme cabellera naranja con hojas de árboles pegados, producto de su vida en el bosque. La relación del diseño entre el cazador y su hija es bastante particular, porque el padre es imponente, y la niña es claramente pequeña a su lado, aunque en los encuadres duales no parece que hay mucha diferencia. El espíritu de Robyn es aventurero y temerario, y el dibujo consigue transmitir eso a pesar de que ella se ve constantemente superada por la presencia de adultos y de los propios escenarios.

La premisa no es particularmente novedosa, pero todos los elementos que acompañan ensalzan la aventura mucho más allá de lo extraordinario. Si bien en la base es una historia al estilo de Avatar, en el que un personaje conoce la cultura de otro, y entiende a través de la empatía que la violencia nacida del prejuicio está fundamentalmente equivocada, el acercamiento a los conflictos y el desarrollo de los mismos es inmensamente más profundo y complejo. Hago la comparación con la mega producción sci-fi de James Cameron porque es en esencia cine de animación, y es notable cómo esta producción consigue evocar muchos más sentimientos en sus trazados aparentemente desprolijos. El genial trabajo de voz de los actores le agrega suficientes matices a los personajes como para no caer en la simplicidad del bien vs el mal.

Sean Bean interpreta a Bill, mientras que las voces de las pequeñas Robyn y Mebh pertenecen a Honor Kneafsey y Eva Whittaker, respectivamente. La figura villana es la de Lord Protector (Simon McBurney), que gobierna con una mano de hierro y la otra en la Biblia, manteniendo al pueblo bajo su yugo mediante ignorancia religiosa y falsas promesas. Lord Protector es un villano convincente porque se aferra a sus creencias hasta el último segundo, y jamás deja resquicio para la esperanza ni para el cambio en un pueblo adormecido donde los pocos que se rebelan son inmediatamente aprehendidos y colocados en un cepo para personas. Su presencia hace que el conflicto de Bill y su hija sea más delicado porque en el fondo, a pesar de seguir órdenes, él solo está buscando un mejor futuro para su hija, y sus malas decisiones están racionalizadas en el miedo a lo que podría ocurrirle a ella.

El guion, firmado por Will Collins, se inspira fuertemente en el folklore irlandés y la mitología celta para condimentar una odisea mágica que no se contenta con entretener, sino que además entrega un mensaje relevante sobre los males que aquejan al mundo en la era actual. La diferencia en los colores entre la opresión del pueblo y la libertad del bosque refuerzan la crítica hacia el hombre y su indiferencia hacia la naturaleza. En el medio, la historia de dos niñas que logran ver más allá de los conflictos y se enfocan en los anhelos que comparten, es emotiva y acogedora.

La fábula atemporal no se disipa con los elementos propios de la película, sino que adquiere fuerza con cada escena, deslumbrando con ingenio y creatividad, resultando en un relato sumamente entrañable. Wolfwalkers es la tercera película de Cartoon Saloon, precedida por The Secret of Kells y Song of the Sea, y conforman cuentos con gran influencia folclórica y una mirada de la fantasía que se compara con los mejores trabajos de Ghibli. El producto final es una obra maestra que se disfruta en múltiples visionados.

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Acerca de Emmanuel Báez 2789 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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