‘Un Príncipe en Nueva York 2’ se pierde en la nostalgia

Es muy fácil ver el potencial desaprovechado de Un Príncipe en Nueva York 2, y cómo podría haber funcionado mejor con algunos ajustes, probablemente en guion. Aunque la improvisación y la caracterización son las dos armas más geniales de Eddie Murphy, el problema principal con esta continuación es que se siente como si se hubiera hecho poco después de la primera película, ya que ignora bastante el contexto social de pleno 2021, casi hasta el último tramo de la película, donde se toma un rumbo inevitable que se tenía que haber encarado desde el principio.

La trama sigue al Príncipe Akeem, que se entera que tiene un hijo no reconocido en Queens, producto de una noche de descontrol y drogas cuando se encontraba buscando pareja junto con Semmi. A pesar de tener el control de Zamunda, y tres hijas fuertes y valientes que podrían continuar con el legado político, Akeem decide volver a EE.UU. para reconocer a su hijo y ofrecerle el rol de legítimo heredero del trono. Ahí entra Jermaine Fowler como Lavelle Junson, un joven que acaba de cumplir 30 años y que se encuentra buscando trabajo, esperanzado con un futuro mejor, aunque rápidamente se desilusiona a causa del racismo imperante en la sociedad.

En la silla de director está Craig Brewer, que ya trabajó con Murphy anteriormente en la maravillosa Dolemite Is My Name. Sin embargo, no logra trasladar la sensibilidad más respetuosa y encantadora del biopic a la segunda parte de una de las comedias más conocidas de los ochenta. Lo que resulta es una película que repite gags, situaciones, y que se recuesta demasiado en los eventos de la primera parte, inclusive mostrando escenas enteras de la película de 1988. Eso no es necesariamente malo, ni tampoco el hecho de ver a Murphy y al genial Arsenio Hall haciendo lo que mejor les sale, que es jugar con disfraces y distintas caracterizaciones, sino que se siente más de lo mismo. Esa pereza desfavorece a la estructura del guion, que se tambalea entre aparentes improvisaciones y espacios pensados solamente para el humor, y que no mueven la trama para ningún lado.

El arranque, por ejemplo, es sumamente prometedor. Una vez que la película se enfoca en el nuevo personaje del hijo no reconocido de Akeem, este está en una entrevista de trabajo, y la película lo presenta como un joven determinado a cambiar su camino, a pesar de los obstáculos innegables que le dificultan avanzar. Es un tono maduro, y que va estableciendo su personalidad mediante una situación delicada, que no está exenta de una jovialidad esperanzadora a causa de su actitud. Sin embargo, posterior a eso, el guion parece olvidarse por completo de cómo lo presentó, y la película pasa a ser una serie de sketchs del tipo Saturday Night Live, con la grandiosa Leslie Jones como su madre, bien estereotipada.

Y ese es el tono que mantiene la película durante gran parte de su duración, hasta cuando tiene la oportunidad de retomar un rumbo más actualizado con la subtrama de la hija mayor (interpretada por la fantástica KiKi Layne), entrenada para continuar el trabajo de su padre, y con la capacidad de hacerlo de forma responsable y progresista. Ni siquiera el papel de Lisa (interpretada con mucha clase por Shari Headley) tiene un rol con más peso que el de una esposa unidimensional. Todos los gags y chistes funcionan bastante bien, y mantienen el espíritu del humor de la primera parte, pero es lo repetitivo lo que le saca fuerza, y hace que el clímax se sienta obligado, casi como si no formara parte de un guion original, y fuera agregado solo para buscar forzosamente ponerse al día con los temas que toca.

En el departamento donde la película triunfa enormemente es en el de vestuario, y no tengo dudas de que califica automáticamente para ser uno de los candidatos fuertes en las próximas premiaciones más serias. Hay un chiste sobre Wakanda que está en el trailer de la película y que no dejaron en el corte final, quizás porque ya iba a ser demasiado evidente ya que la diseñadora principal es Ruth Carter, que justamente ganó el Óscar por su trabajo en Black Panther. Si Un Príncipe en Nueva York 2 tiene algo que pueda quedar para la posteridad, espero que sea otro Óscar para Carter, porque en lo que respecta a la película entera, no hay mucho más que se pueda rescatar.

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Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

2 Comentarios

  1. Un príncipe en new York da vergüenza como todas las películas de morfy, el famoso reino de lumumba como llama a todo lo tercer mundista, debería desaparecer este remefo de comico

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