‘The Lost Daughter’, la maternidad y la moral convergen en un magnético drama psicológico

Leda Caruso (Olivia Colman) se tambalea mientras se abre paso hacia la playa en una oscura noche de verano. Sus ojos reflejan una tristeza inconmensurable, y su blanco vestido está manchado con sangre. Cuando llega al borde de la playa, se derrumba y cae al suelo. Un tema jazzístico compuesto por Dickon Hinchliffe – que lleva el nombre de la protagonista – comienza a sonar mientras el título de la cinta se impregna en la pantalla.

Esta primera escena de The Lost Daughter anticipa un íntimo y personal viaje emocional que Leda experimentará en la película. Siendo una profesora de literatura italiana en Inglaterra, Leda se permite a sí misma viajar a las soleadas playas de Grecia en busca de paz y tranquilidad. Alquila un idílico lugar de un lugareño llamado Lyle (Ed Harris) y planea pasar sus días bajo el sol y los cuidados del guapo guardavidas irlandés, Will (Paul Mescal). Eso, hasta que la llegada de una multitud de turistas que vienen de Queens, Nueva York, interrumpe sus planes.  

Entre los turistas están Nina (Dakota Johnson), su esposo Toni (Oliver Jackson-Cohen), su amiga Callie (Dagmara Domińczyk) y su pequeña hija Elena, visitantes asiduos del lugar. Una tarde, la pequeña Elena desaparece de la vista de sus padres. Leda, junto a los otros turistas, inician una intensa búsqueda de la niña. Cuando Leda la encuentra y se la devuelve a su madre, ambas mujeres inician un extraño vínculo que desestabiliza la vida de Leda, y la lleva a recordar momentos de su vida que parecían olvidados.

Parece increíble que The Lost Daughter sea el debut como directora y como guionista de la actriz Maggie Gyllenhaal. Su cámara se mueve con agobio y curiosidad, llena de planos cerrados que recuerda al estilo de Lucrecia Martel. La presentación de la narrativa y la temática, por otro lado, es muy similar a la del francés François Ozon. Gyllenhaal encuentra un punto medio entre todas estas inspiraciones y se adueña de un carácter muy europeo, donde el pasado y el presente convergen para dejarnos inmersos en la historia.

Colman está mejor que nunca y este es su papel más complejo hasta la fecha. Jessie Buckley, quien interpreta a la versión más joven del personaje de Colman, es igual de magnética que su contraparte, y a pesar de carecer de la vulnerabilidad de Colman, logra destacarse por encima del resto del elenco. Johnson también está en su elemento, y aquí recuerda mucho a sus roles en las películas de Luca Guadagnino. Harris, Mescal, Peter Sarsgaard y Jack Farthing también entregan pequeñas pero significativas actuaciones en el filme.

La maternidad y la moral combaten en este drama psicológico que deja mucho a la interpretación, pero que es una decisión más que acertada considerando la magnitud del tema. El cine ha visto buenas madres, malas madres y madres regulares, pero The Lost Daughter logra resignificar el rol de una «buena madre» y lo que ello conlleva. «Soy una madre antinatural», dice Leda en un momento crucial del filme. Una línea corta pero cuyo significado nos revela más que cualquier otra acción, gesto o reacción que su personaje haya realizado en la película.

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Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

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