‘Sweet Tooth’ balancea ternura y crueldad en una aventura postapocalíptica emocionante

Un argumento que suelo leer en contra de las películas de Disney de la última década es que carecen de la crueldad típica de sus títulos más clásicos. Aquellos filmes -sostienen algunos- solían representar la villanía con un acercamiento que podría considerarse más cruel, en cambio que las películas más actuales -tanto las animadas como las de acción real- suelen mostrar a los villanos con una falta de humanidad más «suave». Es fácil comprobar que dicha crítica tiene un grado de verdad, especialmente viendo películas animadas clásicas en donde las brujas o monstruos eran dibujados con mayor impacto, y esto generaba una mayor sensación de peligro para los espectadores más jóvenes.

Sweet Tooth se podría usar para expandir esa tesis, ya que la ejecución de la historia logra balancear momentos de ternura e inocencia con situaciones de gran crueldad rozando el sadismo. Sigue principalmente a un niño llamado Gus que es mitad humano y mitad ciervo, y su aventura recorriendo el mundo postapocalíptico que desconoce porque su padre lo mantuvo oculto durante diez años luego de una hecatombe conocida como el Gran Colapso. Fue una pandemia que eliminó a gran parte de la población mundial y desestabilizó por completo el orden gubernamental, además de provocar la caída global de internet.

Al mismo tiempo que el extraño virus empezó a matar a millones de personas, todos los niños del mundo que empezaron a nacer eran híbridos entre humanos y animales, y nadie sabe a ciencia cierta el origen de ambos eventos. La historia de esta serie, producida por Susan y Robert Downey Jr. y basada en los comics de DC de Jeff Lemire, empieza con Gus (interpretado por Christian Convery) y su papá (interpretado por Will Forte), que viven en lo más profundo de una reserva que quedó descuidada tras la caída de la civilización.

El papá cría a Gus con mucho cariño y con lecciones para sobrevivir en el apocalipsis, pero también con algunas mentiras sobre lo que ocurrió realmente en el exterior. Esto mantiene a raya al pequeño niño ciervo, aunque la propia naturaleza humana engendra en su interior un anhelo por saber más sobre todo. Su mundo empieza a cambiar cuando su padre fallece tras enfrentarse a un forastero y el pequeño Gus debe empezar a valerse por sí mismo con el conocimiento limitado que tiene sobre el tema. Es evidente que no podrá sobrevivir mucho tiempo si es que se acercan más extraños a la zona.

Su aventura empieza con la llegada de Tommy (Nonso Anozie), un exjugador de fútbol americano que ahora solo recorre los escenarios inhóspitos de la Tierra, y que acepta a regañadientes que Gus lo acompañe. El hombre le genera cierta confianza con su figura imponente y su mirada amenazante, y Gus aprovecha para salir del territorio conocido y buscar a su mamá. Hay una química casi instantánea entre Anozie y Convery, que forman la típica pareja dispareja unida a través de las circunstancias y la esperanza de un mañana mejor. El grande, buscando remediar errores de su pasado, y el chico, buscando encontrar un futuro diferente.

La serie demuestra a la perfección cómo contar varias historias paralelas y al mismo tiempo construir una mitología alrededor de un evento cataclísmico. A la vez que seguimos a Gus y Tommy, también conocemos la historia del Doctor Aditya Singh (Adeel Akhtar) y su esposa Rani (Aliza Vellani). Ambos viven en un barrio cerrado donde los habitantes no dudan en asesinar a cualquiera que se contagie del virus, y su historia presenta el aspecto más cruel y deshumanizado de la serie. Singh es un experto que decidió alejarse de la Medicina por el trauma de haber visto demasiada muerte, aunque su especialización lo pondrá de nuevo en el camino cuando queda encargado del proyecto que busca la cura para el virus.

Todo lo relacionado a Singh y el General Abbot (Neil Sandilands) se presenta con una crueldad inusitada para este tipo de series infantiles. Abbot es un villano claramente sádico que no escatimará en recursos para conseguir lo que quiere, y su objetivo está relacionado con la caza de híbridos que se viene dando desde que empezó el Gran Colapso. Tiene nulo desarrollo y es pura presentación, pero en ese aspecto está bien trabajado. Su voz gruesa y actitud engañosa funcionan para intimidar, y su aspecto -que recuerda a Robotnik de Sonic- solo acrecienta el efecto de su figura.

La tercera línea presenta a Aimee (interpretada por Dania Ramirez), una psicóloga que perdió el sentido de la vida mucho antes del inicio de la pandemia. Ella encuentra su nuevo propósito rescatando niños híbridos y ocultándolos para que no caigan en la masacre que se da en todos lados. Se resguarda en un zoológico abandonado donde los cría y protege, tratando como hija a una de ellas, una niña llamada Wendy (Naledi Murray), que es mitad humana, mitad cerdito. Su tiempo en pantalla no tiene mucho ímpetu y es claro que presentan su historia para juntarla con las demás en algún momento, lo que les quita algo de valor propio.

Con todas las tramas paralelas y los personajes que intervienen a lo largo de la aventura de Gus, así como los ineludibles flashbacks que van revelando detalles sobre cómo se originó el virus, es notable como la serie se mantiene a flote con gran ritmo y un balance entre ternura y crueldad. Como es típico de esta clase de historias, hay mucho que decir sobre el comportamiento humano en medio de una catástrofe de proporción global, y la serie ofrece una mirada optimista a pesar de las obvias implicaciones nefastas de la falta de instituciones gubernamentales o toda la estructura civil. También es bastante curioso todo lo relacionado con el virus en sí, ya que los personajes siguen un protocolo similar al que nos toca ahora mismo con el COVID (lavado de manos, uso de tapabocas, distanciamiento físico).

A nivel técnico se resiente el presupuesto, especialmente en secuencias de acción como persecuciones, ya que se hace demasiado evidente el uso de pantalla verde. A causa de eso, algunas situaciones que deberían ser emocionantes no tienen el más mínimo efecto porque es imposible no detectar la mala ejecución en lo que respecta a escenarios digitales. Lo bueno es que la historia se concentra mucho en el aprendizaje de Gus y su odisea más allá de lo que conoce, y el joven Convery acierta evocando una mezcla encantadora de ingenuidad y valentía. La primera temporada concluye con algunas revelaciones satisfactorias y un cliffhanger que no es nada original, pero sí es emotivo.

Todavía hay mucho por explorar en este mundo post apocalíptico de fantasía, y al mismo tiempo hay suficiente desarrollo como para conocer a los distintos personajes. No se siente como un prólogo extendido, como suele ocurrir con algunas series que solo buscan dilatar arcos narrativos. Como punto final, la narración del genial James Brolin no es dato menor, porque la historia tiene un aura de un cuento entrañable que promete enseñar mucho sobre las mejores y peores facetas del ser humano.

Acerca de Emmanuel Báez 2776 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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