‘Sweat’, un oscuro retrato de la vida de los influencers

Creo que es algo redundante declarar que las redes sociales han transformado nuestra existencia. La cultura en la que vivimos depende cada vez más del internet para expandir información y ofrecer entretenimiento, desdibujando las líneas que separan la realidad virtual de la vida real. Todos los que crecimos en esta generación estamos acostumbrados a vivir vidas distintas en las redes sociales, donde podemos escoger que parte de nosotros queremos compartir con los demás. Partiendo de este hecho banal, Magnus Van Horn dirige Sweat, una película efectiva en su mensaje cuya ocasional falta de sutileza es compensada por su narrativa y su estética.

Sylvia Zajac (Magdalena Koleśnik) es una influencer de Instagram que promueve un estilo de vida saludable, lleno de ejercicios físicos y alimentación orgánica. Sus 600.000 seguidores la consideran el epítome del idealismo, pues alaban su honestidad y carisma. Sin embargo, cuando las cámaras y su teléfono se apagan, conocemos a una persona distinta; una mujer solitaria, casi melancólica, cuya rutina parece más una obligación que una elección. Su imagen de influencer se coloca bajo el reflector cuando un video suyo, en el que aparece llorando y confesando su soledad y tristeza, se hace viral, y un acosador comienza a frecuentar su hogar.

A diferencia de otras películas recientes como Mainstream, que intenta crear una reflexión sobre el boom de los influencers, Sweat está más interesada en explorar la persona de su protagonista, contrastando su vida normal con su vida pública. A través de varias escenas, vemos que la vida de Sylvia no es la que ella muestra en las redes sociales. A pesar de mostrar una sonrisa cada vez que aparece en pantalla, sus ojos siempre emanan una tristeza cuyo origen puede comprenderse una vez que la película explora su vida privada y su distante relación con su familia, en especial con su madre Basia (Aleksandra Konieczna).

La interpretación de Koleśnik demanda la atención del espectador, capturando con cuidado cada emoción por la que atraviesa su personaje. La cámara de Van Horn también hace un excelente trabajo, traspasando tomas estáticas y energéticas mientras sigue cada momento a Sylvia. Sweat impresiona por lo oscura e intensa que resulta por momentos, pero son tonos necesarios para balancear una narrativa que intercala las dos vidas de Sylvia. La película nos advierte que crear una vida virtual puede ser divertido y liberador, pero que tarde o temprano debemos regresar a la realidad, que puede resultar muy distinta de todo lo que creamos para nosotros mismos y para los demás.

Acerca de Maximiliano Nuñez 178 Articles
Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

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