‘Memoria’, un estruendo desde el centro de la tierra

Un estruendo despierta a Jessica (Tilda Swinton) en medio de la noche. Sabemos, por instinto, que es la única persona en el mundo que lo ha escuchado, pues el silencio noctívago que prosigue al sonido murmura la involuntaria indiferencia de todos aquellos que viven a su alrededor. Esta súbita cacofonía persigue a Jessica durante los días que siguen, y despierta algunos lejanos recuerdos que se ocultan en el recóndito amagatorio de la memoria que, indiscernible, se traslada a cada imagen y cada sonido que Jessica percibe mientras intenta averiguar los insondables orígenes del estruendo que parece proceder de su propia mente.

El director Apichatpong Weerasethakul se traslada desde su natal Tailandia – por primera vez – hasta la ajetreada capital colombiana, donde Jessica, una botanista escocesa, visita a su hermana Karen (Agnes Brekke), quien sufre de una misteriosa enfermedad respiratoria. Técnicos de sonido, profesionales y doctores intentan ayudar a Jessica en su búsqueda del origen del estruendo que la atosiga, pero solo cuando conoce a Hernán (Juan Pablo Urrego, Elkin Díaz) sus fútiles esfuerzos comienzan a tener frutos. Jessica descubre que su memoria – y las de todos los demás – tiene una profunda conexión con su padecimiento, como si el destino la hubiera encontrado en el lugar y en el momento exactos.

Cualquiera que esté familiarizado con el cine de Weerasethakul conoce su distintivo estilo meditabundo y acompasado, donde el silencio y los sonidos tropicales se transforman en una caracterización particular del director. Pero en Memoria nos encontramos con un diseño y una edición de sonido mucho más elaborados que en sus previos trabajos. Cada imagen que el filme nos presenta está acompañada de un sonido específico que desentierra elementos de la naturaleza y la cotidianeidad latinoamericana, y refleja el desasosiego de una mujer en busca de respuestas.

Swinton, en plena forma, continúa persiguiendo su objetivo de trabajar con todos los directores de cine arthouse con los que pueda encontrarse, y la cámara de Weerasethakul sabe cómo enfocar su lado más vulnerable. Es a través de los ojos de Jessica que vamos desvelando el místico mundo que la rodea, donde los recuerdos son una manera de comunicación y las conexiones humanas a través de la memoria son una realidad. Por supuesto, ninguna película del autor tailandés está completa sin un elemento de fantasía, cortesía del giro del final, pero solo hasta que vemos las últimas imágenes de la película comprendemos la magnitud y el poder que ellas contienen.

Memoria es un ejercicio intelectual que nos demanda que dejemos las interrogantes al misterio de nuestra existencia, y en lugar de eso nos enfoquemos en reflexionar sobre nuestros recuerdos y nuestras experiencias, que son, en esencia, la historia de nuestras vidas. Weerasethakul culmina su obra con una epifanía casi extática, en la que todas las emociones se encuentran en el silencio y en el contacto interpersonal. Cuando todo termina, la paz se restaura y vuelve la calma. En ese momento, somos conscientes de que las conexiones humanas son más poderosas de lo que creemos, y que solo necesitamos un fuerte y violento estruendo para dejar de buscar respuestas y comenzar a vivir.

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Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

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