‘Matar a la Bestia’, madurez y deseo sexual femenino en la espesura de una frontera olvidada [TIFF 2021]

Cobertura del Festival Internacional de Cine de Toronto 2021.

Matar a la Bestia sigue a Emilia, una adolescente de 17 años que viaja desde Buenos Aires hasta un pueblo olvidado en la frontera entre Argentina y Brasil. Su motivación es su hermano mayor, que lleva desaparecido unas semanas. Se hospeda en un hostal manejado por su tía, a quien tampoco ve hace tiempo, y quien no tiene la mejor opinión de ella, ni del resto de la familia. Ese recóndito escenario le depara un viaje de autodescubrimiento, madurez, y deseo sexual femenino en un relato surreal que hipnotiza los sentidos a fuego lento.

El debut como directora de Agustina San Martín es una película que confía plenamente en la inteligencia del espectador, entregando una historia densa que deambula entre paisajes oníricos que no se explican, sino que se prestan a interpretaciones relacionadas a la psicología de su protagonista. La cámara se posa numerosas veces en el rostro de la joven Tamara Rocca, y no es necesario que diga algo para perderse uno en la nebulosa de sus pensamientos. La actriz conquista la cámara y se eleva por sobre la relajada narrativa, que se pasea más entre ideas abstractas de miedo y empoderamiento.

En el pueblo se habla de la llegada de una bestia que ataca principalmente a mujeres de cualquier edad. Los hombres exclaman que deben encontrar a la bestia para proteger a sus hijas, ya que estas no son capaces de protegerse a sí mismas. Sin embargo, Emilia demuestra valentía y perseverancia en su búsqueda, y la imagen de su tía Inés -interpretada por una Ana Brun que se roba la pantalla a través de sus ojos azules y una presencia cautivadora- manifiesta una lucha de poder que se opone a la de la mujer débil y desamparada que claman los hombres del pueblo.

La llegada de otra huésped despierta en Emilia una curiosidad sexual que seguramente no es ajena, pero todo se siente más intenso en la atmósfera húmeda y caliente del pueblo. Entre la neblina de la madrugada y el calor del día, la visión de San Martín no pierde el foco, aunque pueda parecerlo sin una línea directa entre el principio y el final. La fotografía y el diseño de sonido refuerzan el viaje, que por momentos es insondable, y otras veces, sencillamente distendido, tal como las lágrimas de Emilia que cubren por completo sus ojos antes de empezar a recorrer sus mejillas.

No queda del todo claro cuál es la bestia de la historia. Se habla de un espíritu que se transforma en un animal violento, pero este representa los temas que la directora aborda. Quizás es el miedo que se convierte en ira. Emociones de una adolescente que se siente abandonada y descuidada al iniciar su peregrinaje. Tal vez sea el temor de vivir en un punto del mapa olvidado por el resto del mundo. Aunque la ambigüedad pueda mermar el impacto de la narración, esta historia tiene suficiente como para despertar los sentidos.

Acerca de Emmanuel Báez 2789 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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