‘Luca’ ofrece una encantadora y entrañable aventura con dulce aroma de cine clásico

Luca será erróneamente calificada como «pequeña» o «inferior» por algunos, pero luego de Unidos (Onward), es otro ejemplo de cómo Pixar está inspirándose cada vez más en la filmografía de Ghibli. La historia sigue a un monstruo marino deseoso de conocer más acerca del mundo, y su nuevo amigo, Alberto, quien lo anima a salir a la superficie y descubrir las bellezas de los humanos.

Al igual que algunos de los mejores títulos de Hayao Miyazaki, la magia está presente en cada minuto de esta fantástica apuesta que no apunta tan alto como otras producciones de Pixar, sino que se enfoca en los elementos inherentes del género. Toda la odisea parte de la amistad de estos dos muchachos que se encuentran por accidente y deciden aventurarse más allá de lo que conocen.

El escenario: la Riviera italiana. El conflicto: un joven monstruo marino que sueña con alejarse de su hogar. El obstáculo: el miedo de su madre y el prejuicio de los humanos. Es una historia sencilla que deposita todo su encanto en estos tres elementos bien trabajados, con un guion de ambición moderada y un desarrollo que se enfoca enteramente en las tiernas ideas de un niño curioso.

En la superficie conocen a Giulia, una niña que se considera relegada y que los rescata de un bully adolescente llamado Ercole Visconti que tiene algo que Luca y Alberto sueñan con adquirir: una moto Vespa. De todas las invenciones humanas que encuentran fascinantes, la motoneta está arriba en la lista, y es el objeto que constantemente hace que Luca se pierda en la vívida imaginación que tiene.

Así es como el director Enrico Casarosa presenta al chico protagonista, con hermosas secuencias oníricas que expresan su apetito insaciable por todo lo que está más allá de sus límites permitidos. Es lo más Ghibli que Pixar hizo hasta ahora, y el homenaje es una clara muestra de respeto a un estudio que Disney viene admirando desde hace décadas en otros aspectos.

Los guionistas Jesse Andrews y Mike Jones aprovechan la ambientación también para honrar la cultura italiana, y la animación pulcra del estudio se siente especialmente lozana para que resalte la arquitectura de los años cincuenta. En la ejecución de la entrañable historia hay toques de Shoeshine de Vittorio De Sica, y la presencia de afiches de Roman Holiday de William Wyler, y La Strada de Federico Fellini extienden la típica lista de guiños más allá de la propia compañía.

Acompañando la afectuosa aventura está la delicada banda sonora de Dan Romer, que le da un toque extra de personalidad clásica a la película con dulces melodías que ensalzan la amistad entre Luca y Alberto, así como la intervención de la intrépida Giulia, y la amenaza infantil de Ercole. El enfrentamiento entre estos tres se da con una competencia anual que les dará algo de dinero para comprarse la Vespa, aunque en el proceso Luca se enamora de otra cosa: ir a la escuela.

Otra sub-trama involucra a los padres de Luca, Daniela y Massimo, quienes salen a la superficie para buscar a su pequeño y descubren la extraña magia que permite a los de su especie transformarse en humanos cuando no tienen contacto con el agua. A pesar de las varias tramas que avanzan en paralelo, el guion mantiene el balance con un humor agradable y algo de tensión para que el conflicto se sienta más peligroso, sin dejar jamás de lado la hermosura de la ambientación, y la divertida dinámica entre sus protagonistas, quienes aprenden sobre la amistad y la lealtad.

Acerca de Emmanuel Báez 2783 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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