‘La Casa Gucci’, Ridley Scott entrega su obra más extravagante y melodramática hasta el momento

Como casi cualquier otro director de Hollywood, la filmografía de Ridley Scott navega por los casi todos los géneros cinematográficos, poniendo en evidencia la versatilidad de Scott a la hora de llevar una buena historia a la pantalla grande. Sin embargo, es casi absurdo pensar que la misma mente que dirigió filmes como Alien (1979), Blade Runner (1982) y Gladiator (2000) haya realizado La casa Gucci, su más reciente trabajo. No me refiero a la historia ni a la temática, de las cuales podemos encontrar breves pero similares atisbos en cintas como All the Money in the World (2017), sino porque La casa Gucci da la impresión de ser el trabajo de un director amateur que decidió hacer una película sobre un hilo de Twitter con los actuaciones más histriónicas y exageradas que pudo conseguir.

La casa Gucci, con 150 minutos de duración, narra los eventos que llevaron al asesinato de Maurizio Gucci (Adam Driver), quien en vida fuera el heredero de la famosa casa de costura, orquestado por su esposa Patrizia Reggiani (Lady Gaga). El filme retrata las décadas que precedieron al trágico evento, cuando el padre de Maurizio, Rodolfo (Jeremy Irons) y su hermano Aldo (Al Pacino) reinaban en la dinastía Gucci, dejando de lado a Paolo (Jared Leto), el ingenuo hijo de Aldo. Cuando Maurizio se casa con la intrépida Patrizia, poco a poco, ambos comienzan a extender su poder sobre el imperio de la familia. La ambición de la pareja los conduce a un inevitable y funesto desenlace.

El principal problema de la película es que intenta abarcar mucho en poco tiempo. La línea temporal inicia en 1978, y para cuando el filme termina estamos en 1995; casi dos décadas en dos horas y media. Por supuesto, la continuidad ayuda a que la audiencia pueda ubicarse en cada espacio temporal, pero el ritmo contrarresta este efecto, pues algunos eventos suceden demasiado rápido, y otros demasiado lento. Hay numerosas escenas que no cumplen un propósito esencial, como algunas reuniones de Maurizio con celebridades o consejeros, que no brindan ninguna información al escaso desarrollo que su personaje demuestra durante el filme. Dicho de otra manera, a la película le sobran muchos minutos de duración que podían haberse gastado en escenas más introspectivas e interesantes.

Al igual que muchos otros, pienso que las actuaciones son lo más divisivo de la cinta. No hay duda de que todos los actores principales son talentosos, pero para ser prácticos, podríamos dividirlos en dos extremos: Driver, Pacino y Irons lucen incómodos la mayor parte del tiempo, sus acentos se sienten forzados y dan la impresión de que desearían estar en cualquier otro lado menos allí, envueltos en trajes, pañuelos y anteojos demasiado grandes.

Al otro extremo tenemos a Leto, cuyo histrionismo resulta cómico al principio, pero se vuelve agotador en poco tiempo. La única que parece encontrar un balance entre estos extremos es Gaga, cuyo acento es igual de forzado e incómodo que los demás, pero su personaje nos ofrece más capas y logramos conectar con ella de una manera que es imposible hacerlo con los demás personajes, aunque sea solo por momentos. La moralidad de sus acciones en ningún momento es el centro de la película, lo cual es lamentable, porque creo que Scott y los guionistas Becky Johnston y Roberto Bentivegna pasaron por alto demasiadas oportunidades para crear una discusión moral memorable. En cuanto a Salma Hayek, su participación es mínima y creo que es la intérprete más desperdiciada de toda la película.

En lugar de todo eso, nos quedamos con una película demasiado larga, melodramática, y por momentos, aburrida. Ni siquiera el impacto del final puede evocar sensación alguna, ya que los personajes son casi tan superficiales como el mundo en el que viven. La casa Gucci será un deleite para quienes deseen ver a Lady Gaga en un rol más maduro y complejo que su debut cinematográfico en A Star is Born (2018), pero no se me ocurre algún otro motivo por el cual recomendar esta película. Crucemos los dedos a que Ridley Scott, a sus 83 años y con varios proyectos en producción, todavía no haya perdido el toque.

Acerca de Maximiliano Nuñez 199 Articles
Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

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