‘La Calle del Terror – Parte 3: 1666’, macabros giros y crítica social forman el final de una genial trilogía de terror

Con una cantidad suficiente de gore y crítica social, La Calle del Terror – Parte 3: 1666 concluye una trilogía fascinante que se vuelve mucho más interesante siendo parte de un conjunto de historias basadas en terror e ignorancia religiosa. Lo que empieza siendo un film sobre una maldición, va mucho más allá cuando se expone el origen de dicha blasfemia, y lo que la directora Leigh Janiak consigue es una brillante película sobre los efectos nefastos del odio religioso y los prejuicios.

En esta tercera entrega, Deena es transportada mentalmente al pasado, y se ubica en la piel de Sarah Fier, una joven habitante del pueblo de Union, en el año 1666. Allí se revela que, en realidad, Sarah y otra habitante, Hannah, mantienen una relación amorosa clandestina. Por razones obvias de tiempo, ocultan su lazo, pero luego son descubiertas y condenadas a ser colgadas. Es una época de brujas y cacerías, y cuando algo extraño empieza a suceder, es muy fácil para los habitantes tomar decisiones basadas en miedo a lo desconocido.

La mayor parte del casting de la primera parte de la trilogía encarna roles similares en este desenlace, y a través de ello se establece un mensaje acerca de cómo los pensamientos relacionados al odio pueden pasar entre generaciones, causando estragos en la sociedad. No es una simple decisión de tener a los mismos actores para generar una sensación de familiaridad, sino que hay una acción consciente de comunicar algo específico en relación al tema que encara la película, lo que realmente adquiere más fuerza con el estreno de las tres partes en el mismo mes.

Sin embargo, la película no se sitúa enteramente en el año 1666. Solo la primera hora revela la naturaleza oculta de la maldición de Fier, y luego regresa al año 1994, con Deena, Josh, y Ziggy tomando las riendas del asunto para ponerle punto final a lo que viene manchando al pueblo de Shadyside desde hace varias generaciones. En una trilogía ya de por sí insólita por su estructura y estrategia de estreno, es genial que sigan tomando decisiones creativas irreverentes hasta en el tramo final de su conclusión.

Y sí, brujas lesbianas destruyendo al patriarcado suena exquisito por sí solo, pero la ejecución eleva el tema y evita contraargumentos posibles sobre lo «innecesario» o «forzado» de tener al frente de la historia una relación homosexual que en todo momento se siente natural. Kiana Medeira y Olivia Scott Welch mantienen la química en ambos tiempos, aunque el acento de los actrices en 1666 fluctúa demasiado, y puede ser una distracción. De igual manera, las interpretaciones son sólidas y hacen que se sienta en la piel todo lo que atraviesan en este tiempo de zozobra para aquellos que no encajan en el molde.

A pesar de eso, no hay que olvidar que siguen siendo películas basadas en las obras de R.L. Stine, y así como las historias de Escalofríos, hay una mezcla estupenda entre terror sobrenatural y psicológico. Envolviendo al tema de los prejuicios y sus macabros efectos a largo plazo está la verdadera maldición detrás de la fachada, y con ello algunas brutales escenas de terror sangriento y splatter que cumplen con todos los requisitos para ser impactantes. La Calle de Terror – Parte 3: 1666 tiene todos los condimentos exactos y una visión lo suficientemente abierta como para formar una de las mejores trilogías del cine.

Crítica de La Calle del Terror – Parte 1: 1994

Crítica de La Calle del Terror – Parte 2: 1978

Acerca de Emmanuel Báez 2789 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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