‘Godzilla vs Kong’ es un enfrentamiento espectacular y atontado

El gran enfrentamiento entre dos monstruos clásicos del cine entrega muy buenas dosis de lo que promete: acción espectacular a gran escala. También entrega altas dosis de los típicos problemas de esta clase de películas: protagonistas humanos prescindibles que están escritos con la fragilidad de un rollo de papel higiénico común y corriente. Godzilla vs Kong es una producción enorme que presenta a estos dos titanes del cine con tecnología de efectos especiales que impresiona a los sentidos. Muy lejos queda la observación política de Gojira de Ishirô Honda sobre las lamentables consecuencias de la era nuclear o la mirada crítica de King Kong con respecto a la arrogancia del hombre sobre la naturaleza.

No hay nada de malo en querer simplificarlo enfocándose principalmente en el entretenimiento efímero, pero a estas alturas, creo que no es mucho pedir que refuercen la intervención humana. Hay ejemplos suficientes de que se puede hacer un cine a gran escala con figuras colosales, y que la obligada interacción humana se sienta tridimensional. Después de las ruidosas películas de Transformers de Michael Bay, la película de Bumblebee demostró que es posible poner en el medio a personajes humanos de una forma emotiva y sensible. Y ese es solo uno de tantos ejemplos que hacen que películas como Godzilla vs Kong se sienta desaprovechada, a pesar de que entregan aquello que prometen en el título.

Esta nueva adición al «MonsterVerse» está dirigida por Adam Wingard, quién sabe perfectamente que no tiene un guion sobrio entre manos, por lo que aprovecha al máximo los enfrentamientos entre ambos monstruos para deleitar a los sentidos. Son varias las secuencias que los ponen en un curso de colisión, y todas están filmadas con buen pulso, con una cámara fácil de descifrar y un ritmo de fácil digestión que optimiza los momentos más impresionantes. Además, la imaginería de la película se expande con una mitología interesante -si bien básica y superficial-, que establece más detalles sobre la leyenda de Godzilla y Kong en la Tierra.

Todo esto está bien, hasta que aparecen Millie Bobby Brown y Julian Dennison como Madison y Josh, dos amigos que atraviesan el país para encontrarse con un misterioso conspiracionista llamado Bernie, interpretado por Brian Tyree Henry. Bernie es el dueño de un podcast donde habla acerca de los supuestos secretos detrás de la existencia de Godzilla, y al parecer sus monólogos están teniendo un gran efecto en la comunidad, aunque Madison es la única influenciada y determinada a encontrarlo -a pesar de que ni las autoridades ni medios de prensa saben quién es él-. La intervención de los tres en la trama depende enteramente de una serie de situaciones absurdas que distraen por la completa falta de verosimilitud y la sobrecarga de diálogos sosos y chistes de la escuela de Michael Bay. Este «Team Godzilla» se aventura a ingresar a una instalación supersecreta -gracias al poder del guion- sin mayores obstáculos y con estrategias pensadas por un niño de 10 años.

Por el otro lado, los miembros del «Team Kong» son un poco menos insufribles, y al menos encuentran la forma de que la intervención humana siga una lógica interna. Alexander Skarsgård interpreta a Nathan Lind, un científico que teorizaba sobre la existencia de la Tierra Hueca, hasta que le comentan que es enteramente posible, y que se requiere de su ayuda para llegar a dicho lugar. En la expedición conoce a la Dra. Ilene Andrews (interpretada por Rebecca Hall), que tiene a su cuidado a la pequeña Jian (interpretada por Kaylee Hottle), una niña sordomuda que enseñó a Kong a interpretar y comunicarse vía lenguaje de señas. Su compañía ofrece una mirada un poco más elaborada a la relación entre el gigante y los humanos que le rodean, y que básicamente lo utilizan para otros propósitos, nobles o no. Siguen siendo protagonistas unidimensionales, pero hay algo más acerca de los sueños y anhelos que tienen que simplemente «atravesar el país con un conspiracionista».

Sin ninguno de los humanos, la película sería un espectáculo pochoclero de una hora, aproximadamente, y el propio director comentó en una entrevista que, según su parecer, el público está listo para una película de esta magnitud, sin personajes humanos. Es una forma sutil e interesante de dar a entender que hizo lo mejor que pudo con un guion muy inconstante. Tampoco voy a señalar a los guionistas Max Borenstein y Eric Pearson, porque es evidente que la orden superior fue desde el principio trabajar en una historia donde los monstruos destruyan todo a su paso, hilvanando secuencias con intervenciones humanas sin mucha profundidad. El trabajo hecho es mediocre, y tanto Godzilla como Kong merecen un show mucho más grandilocuente, pero no voy a negar que todo lo relacionado a sus peleas es divertido y funciona para pasar el tiempo.

Algunas imágenes del encuentro encima de un portaaviones o en una ciudad asiática teñida de luces de neón tienen potencial para marcar el género, y a pesar de la simplicidad de las peleas, encuentran la forma de hacerlas dinámicas y más interesantes que un simple intercambio de puños y empujones. Lo mejor de todo es el que el equipo de marketing de la película logró vender el concepto del «versus» a la perfección, escondiendo algunas sorpresas que seguramente serán obvias para fanáticos empedernidos de la historia de ambos monstruos en el cine, pero que igualmente conquistan por su grandiosidad. Por culpa de otros titanes de la cultura pop (Batman vs Superman), ya hay chistes burlones al respecto en internet, pero no le sacan el disfrute de ver a estos íconos del celuloide actualizados al cine contemporáneo.

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Total: 6 Promedio: 3.5
Acerca de Emmanuel Báez 2789 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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