‘El Conjuro 3’, la primera decepción de la trilogía

En los últimos años, los investigadores Ed y Lorraine Warren se han convertido en íconos del cine de terror a causa de las películas de la saga ‘El Conjuro’, que hasta esta tercera entrega nunca habían representado una decepción. Eso se debe a dos razones, la primera de ellas son las innovadoras técnicas e ideas que surgen de la mente de James Wan, que revivió un género gastado en el cine comercial y que sigue convocando a una gran audiencia. La segunda, si hace falta decirlo, es la química y el talento de Vera Farmiga y Patrick Wilson, a quienes los asiduos fanáticos del género ya los consideran la mejor pareja que el cine de terror ha visto.

Así que, cuando se anunció que Wan renunció a ser el director de El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo, y su lugar lo ocuparía Michael Chaves – responsable de la escarnecida La maldición de La Llorona (2019) – los augurios no podían ser buenos. Y tenían razón. El Conjuro 3 es una película que no se decide qué quiere ser, alternando géneros que se contradicen por principio, y que resulta en un largometraje bastante decepcionante, comparándolo o no con sus antecesoras. Ya no están los guiños y homenajes con los que Wan se ganó el respeto de los fanáticos del terror, ni tampoco las turbias atmósferas que caracterizaron a las dos entregas anteriores.

El filme está basado en el perturbador caso de Arne Johnson (Ruairi O’Connor), el primer caso judicial conocido en el que el acusado alegó ser poseído por una entidad demoniaca en su defensa. Durante el exorcismo de David Glatzel (Julian Hilliard), Arne invita a un espíritu maligno a poseer su cuerpo, para poner fin al sufrimiento de David, el hermano menor de su novia Debbie (Sarah Catherine Hook).

Unos días después, Arne asesina a su arrendador y es arrestado. La familia Glatzel pide ayuda a Ed (Wilson) y Lorraine Warren (Farmiga), alegando que fue poseído por una entidad demoníaca. La investigación de los Warren los lleva a la travesía más peligrosa que han enfrentado hasta entonces.

La película se balancea entre el género de terror y el género policíaco en un vaivén que da la impresión que estamos siguiendo dos películas distintas; un juicio basado en hechos reales y una investigación con sucesos paranormales. Todo esto sería medianamente aceptable si alguna de las dos historias estuviera bien desarrollada, pero el camino hacia el juicio parece nada más un relleno y los sucesos paranormales, hay que decirlo, no dan miedo. Ni siquiera sus conocidos jumpscares asustan. No hay nada sobrecogedor por lo que sentirse asustado y la mayor de las amenazas se queda corta comparándola con los terribles espíritus que habitaban la casa de los Perron en El Conjuro (2013).

Me sorprende admitir que en donde el largometraje si funciona es como una especie de retorcida película romántica. Parte del encanto de la saga de El Conjuro son sus momentos humanos y emotivos, y en El Conjuro 3, estos sobran. El amor y la química entre los personajes de Farmiga y Wilson no es solo lo mejor de la película, sino también el núcleo por el cual la historia se aferra para llegar a su conclusión. El Conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo no es una buena película de terror, pero ¿para una cita romántica? Sería mi primera elección.

Acerca de Maximiliano Nuñez 173 Articles
Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

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