‘Cruella’ divierte con una Emma Stone deliciosamente desquiciada

En cierto sentido, Cruella representa algunos de los problemas más graves de los blockbusters actuales: es innecesariamente larga y sobre-condimentada para rellenar espacios o parchar secuencias. Sin embargo, Emma Stone está maravillosa en la película y no hay forma de tomar demasiado en serio la historia de origen como para que arruine la experiencia. Además, la onda punk setentera envuelve la historia con una agresividad atípica de Disney a través de personajes variopintos, homosexuales, travestidos, y excéntricos.

La trama en sí no es particularmente original. Empieza con la infancia de Estella (Tipper Seifert-Cleveland), una niña especial que claramente posee un intelecto superior a la media de su edad, y su afinidad por todo lo relacionado a la moda la hace destacar fácilmente entre sus compañeros. Aparte de eso, tiene cierto problema de personalidad que expone otra faceta de ella a temprana edad, y con la cual llega a ponerse violenta y provocadora. A esa otra cara ella llama Cruella. Su mamá, una mujer comprensiva (interpretada por la dulce Emily Beecham), está siempre de su lado y busca lo mejor para ella.

La película cuenta con un guion firmado por Dana Fox y Tony McNamara, y está dirigida por Craig Gillespie. Es una conjunción de talentos más que competente, pero alargan la historia más de lo que aguanta. La narración fuera de campo de Stone acompaña las primeras aventuras de la pequeña Estella, pero pronto ya se hace necesario que la trama avance en el tiempo. Es otro de esos casos de prólogos extendidos que podrían haber sido mejor resumidos (y apunto directamente a la reciente El Ejército de los Muertos). La actriz que hace de Estella está acertada, pero por momentos parece alguien haciendo una imitación de Maddie Ziegler en modo Sia.

Cuando la trama finalmente da el salto en el tiempo la energía de la película cambia por completo. Emma deslumbra desde el primer plano, y también lo hace el elemento esencial de la película: el diseño de vestuario. Jenny Beavan es la encargada de ese departamento, y este trabajo seguramente la volverá a poner en el spotlight luego de haber ganado el Óscar por Mad Max: Fury Road en el 2016. La moda de los setenta está presente desde la perspectiva elegante ostentosa y la subversiva punk-rock, y en todos los aspectos es sencillamente alucinante. Junto con el diseño de producción de Fiona Crombie, el arte visual de la película por sí solo eleva la obra más allá de los problemas de guion.

Con casi dos horas y veinte minutos de duración, el libreto deambula demasiado por rincones que se repiten sin agregarle más sustancia al estilo. A esto hay que sumarle una selección musical desparramada que no le deja a la historia respirar por sí sola, rellenando espacios con hits esperados sumamente gastados. Son canciones icónicas que nunca envejecen y representan distintos momentos de la escena rockera de la época, pero en la película no hacen más que saturar, como si hubieran conseguido las licencias más barato por docena.

La figura antagónica de la película está protagonizada por Emma Thompson, quien interpreta a La Baronesa, una diva de la moda que no tiene competencia. Thompson también luce fabulosa y su caracterización fácilmente se puede interpretar como una señal de extrema diversión en el rol. Su personalidad inevitablemente atraerá comparación con la Miranda Priestly de Meryl Streep, pero los detalles de su personaje la inclinan más hacia una caricatura, lo que tiene más sentido teniendo en cuenta que estamos hablando de la historia de origen de una clásica villana de la factoría de Mickey Mouse.

A pesar de que la dinámica entre la Baronesa y Estella traigan a la memoria The Devil Wears Prada, las situaciones que enfrentan son más bien jocosas y simples como es de esperarse de una película de Disney. Ahí refuerzan el tono la presencia de Paul Walter Hauser como Horace y Joel Fry como Jasper, los dos secuaces de la clásica villana que también tienen una historia de origen que los desarrolla un poco más que simples compinches unidimensionales. Jasper en particular se presenta como un amigo fiel con intenciones nobles, quizás románticas, pero sensibles y verosímiles. La relación no está del todo explorada, pero sí agrega un poco más de peso a los conflictos entre personajes.

Otro tema interesante, apenas sugerido, pero nada explorado, es la posibilidad de que Estella tenga alguna especie de desorden de personalidad múltiple. Juegan con el concepto desde su infancia, pero no se llegan a comprometer de lleno con la idea, lo que podría haber sido más oscuro y complejo de lo que estaban dispuestos a aceptar… en una película de Disney. De cualquier manera, ES una película de Disney repleta de personajes travestidos y claramente desafiantes con lo tradicional de la mayoría de las propuestas live-action que vienen haciendo en los últimos años. El personaje de Artie, interpretado por John McCrea, es lo más extravagante que vi en una producción de acción real del estudio en mucho tiempo. Al mismo tiempo se aplaude y se lamenta que no se hayan atrevido a zambullirse en lo completamente disruptivo.

Con sus aciertos y desaciertos, Cruella es una entretenida historia de origen, que no necesariamente cumple como precuela de las películas ya existentes, ya que hace ciertos ajustes a los aspectos importantes del personaje de la villana. Específicamente, su desdén hacia los dálmatas y su necesidad obsesiva de hacerse con un traje de piel con la especie. Más que eso, es una comedia de atracos con interpretaciones divertidas, y un apartado visual encomiable que merecidamente tiene su espacio al frente de la historia. No tiene ninguna justificación para ser tan larga, y se cae un poco a los costados a pesar de los ornamentos narrativos, lo que posiblemente minimice el valor de replay, pero solo por la actuación de Stone es genuinamente encantadora.

Acerca de Emmanuel Báez 2789 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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