‘Annette’, Leos Carax despliega su extravagancia en una ópera pop

Un cuento hollywoodense tan viejo como el tiempo. Una pareja cuyo amor termina en tragedia bajo las luces de los reflectores y los flashes de las cámaras. Las audiencias siguen demandando este tipo de historias, como demuestran las cuatro versiones de A Star is Born. Annette es sin duda alguna el proyecto más ambicioso de Leos Carax hasta el momento, una ópera pop extravaganza llena de momentos insólitos y extraños que recuerdan a un moderno David Lynch.

Adam Driver brinda una magnífica interpretación en el papel de Henry McHenry, un provocativo comediante que enamora a una cantante soprano Ann Desfranoux (Marion Cotillard). Se casan y tienen una hija llamada Annette (que es en realidad una extraña marioneta). Pero Henry, celoso del éxito de su esposa, sabotea su relación con la bebida, controversias en público y berrinches que culminan cuando Ann muere ahogada durante un viaje en bote, secuencia que constituye el ápice fantástico que caracteriza la cinta hasta el final.

Henry, desolado, se refugia con Annette, a quien una noche descubre cantar con una voz de otro mundo. Decidido a proseguir con el éxito previo a su viudez, Henry recluta al Acompañador de Ann (Simon Helberg) para hacer que la voz de Annette llene sus bolsillos. A través de canciones que repiten sus letras como un mantra, esta odisea musical nos lleva a través del mundo del espectáculo y la fama, una tierra de apariencia ideal de la que nadie sale con una sonrisa.

La historia de Annette no es muy original, pues recuerda mucho a películas como Mulholland Drive tanto en su temática como en su narrativa, pero sigue siendo mejor que retratar el mundo del espectáculo desde un punto de vista privilegiado y engañoso como en La La Land. Carax utiliza todo el potencial de su ácido sentido del humor y no duda en exponer directamente sus opiniones personales sobre la vida de Hollywood. La fotografía de Caroline Champetier es el elemento técnico que más se adecua a la historia y la acompaña en todo momento, ya sea con luces tenues en la oscuridad o una explosiva combinación de colores en el escenario.

Cotillard y Helberg son excelentes actores, pero al final del día, Annette es el show de Adam Driver. Su personaje cínico, obstinado e impulsivo permite al actor presumir de todos sus dotes actorales, alcanzando a un lugar que muy pocos actores podrían haber llegado. Mientras que las canciones no dan mucho lugar a grandes emociones dramáticas – con un par de excepciones – todos los actores las interpretan con vehemencia, aunque parte del crédito se lo lleva el dúo Sparks, los compositores del filme.

Siento que ningún otro director podría haber logrado que Annette resulte en un largometraje tan singular y estrambótico, pero al mismo tiempo sus influencias son demasiado notorias para encapsular ese pensamiento. De todos modos, prefiero pensar que la películaes un evento singular, irreverente y provocativo, tal vez un poco ambicioso para su propio bien, pero que continúa rechazando la idea de encontrar la felicidad y la estabilidad emocional en la intransigente superficialidad de «la fábrica de los sueños».  

Acerca de Maximiliano Nuñez 177 Articles
Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

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