‘Amor y Monstruos’ tiene mucho más de lo que promete su título

Amor y Monstruos es un buen ejemplo de cómo contar una historia para el público «young adult» recostándose en algunos clichés, pero tomando riesgos suficientes como para encontrar un balance entre lo genérico y lo peculiar. Comienza con una narración del protagonista llamado Joel (interpretado por Dylan O’Brien), que explica cómo el mundo se enfrentó al apocalipsis después de una lluvia radioactiva ocasionada por la destrucción de un asteroide. O mejor dicho, el «monstruo-apocalipsis». La lluvia radioactiva hizo que las criaturas más inofensivas y pequeñas del planeta crecieran, convirtiéndose en monstruos colosales. Es una idea sencilla, pero ejecutada con ingenio y una admiración hacia los mejores elementos del cine de monstruos.

Michael Matthews dirige un guion original firmado por Brian Duffield y Matthew Robinson, y eso ya es digno de aplaudir teniendo en cuenta que el 99% de las películas de esta clase están basadas en novelas o propiedades de otros medios. Hay una frescura en la superficie que se siente aunque sea una adición más al género, y mucho de eso tiene que ver con la forma en la que encaran una historia que fácilmente podría haberse hundido en lo ordinario. Parte de eso también se lo debe a O’Brien, que sigue teniendo una presencia agradable y poco gastada a pesar de haber participado de una serie de películas bastante populares. Es un lead carismático que convence como un joven soñador en un escenario post-apocalíptico bastante desesperanzador, y no está mal la mirada romántica inspiradora que agrega a la mezcla.

Su motivación es fantasiosa, pero por eso también es idílica. Después de siete años de vivir en un búnker, decide salir a la superficie y arriesgarse a recorrer chorrocientos kilómetros para reencontrarse con Aimee (Jessica Henwick), con quien había tenido una relación amorosa intensa justo cuando la humanidad empezó a ser desplazada por monstruos. Su odisea es más complicada teniendo en cuenta que sufre de parálisis en situaciones peligrosas, y deberá aprender a pelear contra el PTSD que le acompaña desde que perdió a sus padres durante los primeros ataques. O’Brien está justo en el rol, demostrando que es capaz de llevar adelante una historia con una carga dramática delicada. Por suerte para él, en su aventura se encontrará con Clyde (Michael Rooker) y Minnow (Ariana Greenblatt, que hizo de la joven Gamora en Avengers: Infinity War).

Acá es donde la trama se pone más interesante. Clyde y Minnow no son padre e hija, sino dos compañeros de aventura que fueron unidos por las circunstancias. El primero perdió a su hijo, y la segunda perdió a sus padres. Aunque son personajes secundarios y el guion no profundiza en sus historias, los detalles de tragedia pasada son suficientes para captar la atención, y la química entre los tres es estupenda. Pero lo que es todavía mejor, es que no permanecen juntos, sino que se mantienen fiel al contexto social y terminan separándose, no sin antes haber impactado en la vida de cada uno. Este afecto se siente genuino y le agrega más peso al recorrido de Joel, que había manifestado tener una vida demasiado monótona en el refugio.

Y para sacarle por completo dicha monotonía están los monstruos que menciona el título. El diseño de los bichos es fascinante, pero lo que destaca es como el director se aprovecha más del concepto mismo para jugar con la tensión. Ahí es donde habrán gastado la mayor parte del presupuesto, pero aun así, se siente como que no sobrecargan el desarrollo con los monstruos. Hay una jugada sacada del libro de Spielberg en mostrar solo lo suficiente como para acrecentar el suspenso, y con eso consiguen elevar el drama. Por supuesto, todo en dosis moderadas ya que seguimos hablando de una película young adult, y nada es sangriento ni violento como uno podría imaginar un mundo gobernado por arañas y gusanos gigantes.

Hay corazón en la historia. Se percibe en los intercambios entre los sobrevivientes, que añoran un pasado familiar mientras luchan un presente desolador, buscando un futuro esperanzador. Se percibe también en una fantástica secuencia en la que Joel se encuentra con un robot doméstico llamado Mav1s que se hizo popular poco antes de la cataclismo, y que le ayuda al joven en su misión. En cualquier otra película, hubiese sido cuestión de una escena rápida, pero en esta historia se aseguran de que la experiencia de aventura sea verdadera para Joel, y que no quede solo en la anécdota. Así mismo, la película se establece como una buena adición al género y, sin duda alguna, merece una secuela más que muchos otros títulos que se olvidan fácilmente.

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Total: 4 Promedio: 4.8
Acerca de Emmanuel Báez 2789 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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