‘Al morir la matinée’, horror a la uruguaya

El género de terror continúa siendo un territorio poco explorado en el cine latinoamericano, mucho menos subgéneros populares como el slasher y el found footage, que probaron ser narrativas efectivas y exitosas en otras partes del mundo. Por suerte, nuevas voces como las del uruguayo Maxi Contenti se van sumando cada día a una nueva generación que explora lugares poco habituales en el cine latino. Al morir la matinée (divertido título) es el nuevo largometraje de ficción de Contenti, que supervisó el guion escrito por Manuel Facal. La película fue concebida como un tributo al terror slasher y al giallo, la corriente de cine italiano popularizada por Dario Argento.

El film se sitúa en Montevideo, en 1993. La última función de una película de terror está por comenzar en el cine. Un misterioso hombre (Ricardo Islas) ingresa a una sala de cine, llena de los personajes más carismáticos: una pareja que se encuentra en una cita incómoda, un grupo de amigos charlatanes, un niño que se infiltra a la sala, etc. En la sala de proyección, Ana (Luciana Grasso) reemplaza a su enfermo padre como proyeccionista de la función. La película comienza; Ana y los demás espectadores no sospechan que el misterioso hombre de la sala es en realidad un asesino con apetito de sangre.

Al morir la matinée no pretende ser una idea original – situar un film de terror en un cine, donde exhiben una película de terror, es la cúspide de la metaficción – pero tampoco se limita a ser un mero tributo. La tensión, el suspenso y el horror están bien delineados como para mantener al espectador en vilo. Lo que más me sorprendió, pues estaba un poco escéptico, es la buena calidad de las muertes que van sucediendo durante la cinta: una carnicería con las mismas cantidades de gore e inverosimilitud que resultan en un festín sangriento. Los personajes tienen una dinámica tan entretenida que no me hubiera molestado que la película se centrara en sus relaciones en lugar de los asesinatos. El trabajo de los actores, en cambio, tuvo algunos desaciertos, en especial a la hora de acelerar el ritmo de la película.

La fotografía de Benjamín Silva se convierte casi en la esencia de la película, que con sus impresionantes visuales construyen la mayor parte de la experiencia. La música de Hernán González tampoco se queda atrás, porque está notablemente inspirada en los sintetizadores que caracterizaron a los slashers de los años 80. Estoy seguro de que Al morir la matinée es todo lo que uno podría esperar de una película de terror slasher hecha en Latinoamérica. A pesar de sus escasas y representativas obras, creo que por estas tierras nunca vimos a este subgénero del cine de terror tan vivo y estilizado.  

Acerca de Maximiliano Nuñez 177 Articles
Guionista y crítico de cine. Amante del cine alternativo.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D