‘Wonder Woman’, una superheroína de verdad

Wonder Woman llega al cine con un peso injusto pero inevitable: es la primera película enfocada enteramente en una superheroína que promete renovar de alguna manera el género. Ya sufrimos algunos intentos de adaptar comics de heroínas, pero fueron obras pésimas que solamente agregaron leña al prejuicio hollywoodense de que las mujeres no podían encabezar una historia propia. ¿Alguien recuerda las películas de Catwoman o Elektra? No hay ejemplos de personajes femeninos que hayan cargado con tanta presión en las últimas décadas, y lo que la directora Patty Jenkins y Gal Gadot lograron es algo que marca un hito en el cine de superhéroes.

El último trabajo de Jenkins como directora de cine fue Monster, y con esa le hizo ganar a Charlize Theron el Óscar a Mejor Actriz. Uno supondría que su filmografía posterior estaría sobrecargada de trabajos, pero desde entonces se encargó de episodios de algunas series de televisión y nada más. Sin embargo, su trabajo en Wonder Woman es casi autoral, una mezcla de cine comercial que apunta al más básico entretenimiento, pero con una visión propia que tiene muchísimo que ver con el éxito que está consiguiendo la película. Su apreciación de la superheroína es reflexiva, sentimental pero jamás melodramática, y lo que es más importante, muy respetuosa con la esencia de la misma, otorgándole una dimensión que pocos podrían haber considerado.

Esta película empieza en tiempo presente. Diana Prince recibe un maletín con el logo de Empresas Wayne, y adentro descubre el original de la fotografía grupal que ya se había mostrado en Batman v Superman, la cual fue tomada en algún momento de la Primera Guerra Mundial, cuando la amazona había tenido su primer contacto con el mundo exterior, afuera de la paradisíaca isla donde creció y se entrenó. Recita unas líneas acerca de la oscuridad adentro del hombre y como la salvación del mismo no es tan sencilla como parece, algo que ella creía en su juventud. Por un momento parece una película más del montón, pero una vez que el flashback toma las riendas de la historia, empieza una película completamente diferente a todo lo que se vio de DC hasta ahora.

La colaboración entre Jenkins y el director de fotografía Matthew Jensen es uno de los pilares fundamentales de esta joya. Ninguno de los dos tiene miedo de mostrar los verdaderos colores de estos personajes que se presentan con una descripción mucho más digerible pero jamás básica, y que no reciben ninguna adaptación desaturada ni lóbrega como venía siendo norma en las adaptaciones de Zack Snyder. Desde los colores de Temiscira, que es una tierra de esperanza, hasta las guerreras amazonas que allí viven, quienes ostentan mucha personalidad ya antes de decir una sola palabra. Es ahí donde conocemos a Diana, que desde pequeña se escabulle de clase para observar el entrenamiento de las amazonas más poderosas, bajo la guía de Antíope (Robin Wright), y la Reina Hipólita (Connie Nielsen), madre de Diana.

Ella crece bajo el riguroso entrenamiento de su tía, pero la llegada de Steve Trevor (Chris Pine) cambia su destino y la pone en un curso de colisión con una fuerza mucho más grande de lo que imaginaba. Cuando parece convertirse en algo genérico, el guionista Allan Heinberg le da a Diana algo que muy pocos superhéroes tuvieron hasta ahora en la pantalla grande, y eso es una personalidad más allá de la misión de su vida. Ella está lista para enfrentar a Ares (el dios de la Guerra, quien ella cree está detrás de la Primera Guerra Mundial, a causa de las leyendas de su infancia), pero en todo momento hay un halo de inocencia y ternura que la pone muy por encima de otros superhéroes comunes. Solo basta comparar un segundo con su personaje en Batman v Superman, donde la óptica de Zack Snyder la contenía en un campo magnético sexual desde su aparición en la mansión Luthor hasta en su posterior introducción como Wonder Woman.

Patty Jenkins tiene un respeto mucho más real por ella, y en ningún solo momento de toda la película se rebaja a sexualizarla de ninguna manera, por más sutil que sea. Acá el personaje está dotado de una pureza demasiado tangible y una motivación que va mucho más allá de simplemente conocerse a sí misma y los poderes que tiene. Una de las escenas más inesperadas pero simpáticas de la historia ocurre cuando Diana prueba helado por primera vez, y le ofrece al extra un cumplido sincero y humilde. Es un momento aparentemente insustancial pero que dice mucho del personaje y cómo observa al hombre por primera vez, todavía sin conocer la maldad que lo cubre ni de lo que es capaz de hacer por poder. Cuando llegan al frente en el campo de batalla, sus reacciones con respecto a soldados heridos y animales siendo maltratados le siguen dando más profundidad, y con la interpretación sensible y dedicada de Gal Gadot, es imposible no quedar encantado.

Cuando llega la acción, es también lo más coherente y asombroso que se vio hasta ahora en el universo DC, en particular la secuencia en “Tierra de Nadie” donde Jenkins sigue demostrando que no solamente entiende al personaje, sino que también sabe lo que realmente importa en la acción, y es la acción misma. La cámara en todo momento capta lo que la Mujer Maravilla hace, su fuerza y sus expresiones. No hay un momento perdido en escotes o piernas o chistes incómodos que nada tienen que ver con lo que está ocurriendo. También hay un buen uso de los efectos digitales, y solo en un par de planos la conjunción entre lo digital y lo práctico se hace evidente, aunque no aliena para nada. Después de un buen prólogo y un desarrollo más que sólido, verla en movimiento es un verdadero deleite. Otro encomiable punto a favor del guion es el personaje de Steve Trevor, que no ostenta la típica ridiculez masculina de refunfuñar ante la fuerza femenina y acepta su liderazgo sin vacilar.

Lastimosamente, durante el tercer acto de la película, las piezas caen un poco y Jenkins se rinde ante los deseos de la maquinaria hollywoodense con una de esas peleas sobrecargadas de efectos especiales donde el bueno y el malo simplemente se empujan con fuerza sobrehumana haciendo que todo explote a su paso, aunque ella no traiciona su esencia y siempre se mantiene fiel a su motivación, completando un arco digno y memorable que forma una superheroína que no pierde el optimismo ante la codicia del hombre sino que se enfoca en los actos nobles que hacen que valga la pena ayudarlos. Es un discurso muy diferente al que tuvo Superman y su visión pesimista de que nadie puede ser bueno durante mucho tiempo en el planeta. Es ese optimismo lo que hace de Diana Prince una superheroína real, y es esa visión la que hace de Wonder Woman una película que emociona de verdad.

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Total: 20 Promedio: 4.5

Acerca de Emmanuel Báez 2309 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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