‘Una Historia Sencilla’, una oda magistral del “persevera y vencerás”

La vida está llena de desafíos. En la juventud, cuando vemos que por delante hay un largo camino por andar es usual que tomemos todo de frente y vayamos impetuosos en búsqueda de nuestra meta. Conforme pasan los años, esta fuerza va disminuyendo, cada vez nos es más fácil decaer en tenacidad e ir acomodándonos en un molde que nos imponemos. En la vejez, tenemos amplio conocimiento del camino, al menos del nuestro y tenemos muchas lecciones que enseñar pero poca energía para luchar.

Hay ocasiones en las cuales también dejamos asuntos pendientes. Cargas que el orgullo mantiene en nuestros hombros y que nos pesan conforme pasa el tiempo. Con los años, las ofensas se convierten en costumbres sin sentido, en resentimientos que laten inclusive sin saber por qué, yugo del egoísmo y la soberbia.

Lynch, el onírico Lynch, en 1999 abordó estos temas mencionados previamente en una película llamada “Una historia sencilla”. Pues sí, tal y como lo anuncia el título este filme, no tiene una trama demasiado complicada “Un anciano llamado Alvin toma la misión de ir a visitar a su hermano enfermo que vive en otro estado montado en un cortacésped”. Sí, así de ridículo y desafiante. El carácter de nuestro personaje, encarnado magistralmente por Richard Farnsworth (la actuación le valió su segunda y última nominación al Óscar), es de la terquedad usual de la tercera edad combinado con su nobleza y su sentimiento de culpa por el distanciamiento que en ese momento había con su hermano desde hacía ya varios años.

A diferencia de otros trabajos de Lynch (éste evidente reconocible más que nada por su manejo de cámara tan particular) la cualidad de ensoñación que es corriente en este realizador está poco presente. Esta historia es mucho más vívida y realista (cabe destacar que está basada en una historia verídica) lo que pesa mucho porque suma al filme seriedad y entereza. Casi dos horas de película bien narrada, con pequeños entremeses en la trama principal que resaltan los valores más nobles de la sociedad americana. De lo grotesco acostumbrado hay poco, quizás algo cuando se menciona a la hija de Alvin y su historia, pero que no hace más que inspirar ternura.

Una película para todo público, para verla con los chicos, que deja una lección y una sensación agradable. ¿Por qué vale la pena ver una película como ésta? Pues, porque es Lynch e historias tan bellas como estas narradas por él vale la pena ser vistas. Tomas panorámicas geniales acompañan el viaje del hombre que cautiva nuestra intriga y admiración desde el primer momento.

Para reflexionar respecto a la tercera edad y sus devenires, al paso del tiempo y sus consecuencias y por qué no para hacernos pensar un poco si debemos tomar alguna medida en algún tema pendiente al que debamos recurrir a un mea-culpa y continuar esta película se presta perfecta y apuesto que sobrepasará las expectativas. Es bello que historias verídicas como esta nos alienten y muevan a pensar en que no estamos solos en el mundo y que en este camino es mejor armarse de fuerzas, no importa la edad, la situación ni las potenciales adversidades.

Acerca de Bruno A. Comas 31 Articles
Estudio Artes Audiovisuales en la UNA (BsAs), investigo el video y la performance a través de Vena Rota. Escribo guiones, cuentos y textos inclasificables.

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