‘Transformers: Dark of the Moon’, la incoherente chatarra de Michael Bay

Hay algo en Transformers: Dark of the Moon que perfectamente puede catalogarse como arte, y es la capacidad de Michael Bay de destruir todo a su paso. Todas sus películas, a excepción quizás de The Rock, están construidas a base de escenas completamente olvidables que de alguna manera poco coherente guían hacia un par de escenas donde la destrucción y los efectos visuales se convierten en los protagonistas principales, haciendo que los demás personajes pasen a un plano totalmente prescindible.

Y que no se me malinterprete, realmente creo que es una clase de arte y vale sentarse a contemplar como Bay mueve a sus peones en las direcciones correctas como para que cuando algo estalle, allí se encuentren para lograr unir las escenas entre sí, por más que su existencia no sea más que una mera excusa para continuar con cada despropósito que se les ocurra. El valor de producción en Transformers es innegable, así como el esmero en que absolutamente todo sea creíble, aunque incoherente. Es una versión más pulcra y menos ridícula de Roland Emmerich, otro destructor de mundos, aunque la comparación realmente no venga al caso.

Sin embargo, cualquier salvación que pueda tener esta tercera parte de su trilogía de Transformers queda completamente opacada por la cantidad de personajes vacíos y superficiales, que forman las más insoportables secuencias de diálogos y el humor más forzado que una película de acción haya tenido en muchísimo tiempo. La química entre sus protagonistas es nula y sus motivaciones tan inverosímiles que las ansias de destrucción se terminan apoderando de uno.

El guión, escrito por el mismo que se encargó de Revenge of the Fallen y otras películas para el olvido como The Brothers Grimm o Scream 3, quizás hubiera sido lo primero en lo que Michael Bay se hubiese fijado, luego de excusarse en numerosas ocasiones con la huelga de guionistas ocurrida en el 2009 para zafarse de las filosas críticas que recibió la segunda película, pero es claro que esta base no fue prioridad desde un principio.

Tal como ya demostró anteriormente, Bay no hace más que repetir su fascinación hacia la demostración del poderío masculino y aflora sus notables tendencias machistas para ubicar a la mujer en un punto donde solamente sea vista como un objeto sexual. Así lo hizo con Megan Fox en la segunda parte, y el mismo rol lo pasa ahora a su reemplazante, la modelo Rosie Huntington-Whiteley, que sin embargo tiene una presencia mucho más agradable que la otrora damicela en apuros. Pero esto no es más que la misma fachada, inclusive en una escena donde la chica de turno está convenciendo a Megatron de que sus planes no son buenos, la mujer sigue teniendo el papel de cizañera y embustera.

Pero todo esto es profundizar demasiado en una película que no merece tanto análisis. Sólo basta con usar de ejemplo a los personajes de los padres de Sam, que llegan a un nivel de desagrado tan intolerable que crean una especie de anticomedia con cada chiste sexual y diálogos fallidamente cómicos que nunca llegan a tener sentido. Un desconocido John Malkovich también se presta para cumplir su propósito: sumar más bromas y situaciones irrisorias para seguir aumentando la incomodidad de Shea LaBeouf, que no hace más que hacer caras raras y posar de adolescente incomprendido. Por poco se salva Frances McDormand, que le toca el papel menos cuestionable, quizás porque su personaje carece de toda simpatía.

Pero está bastante claro que los humanos no son más que una gran distracción en una historia donde los robots deberían ser el centro de atención, y cuando los Transformers finalmente tienen la posta, el desgaste provocado por tanta sosería da lugar a las preguntas más extrañas. ¿Cómo es que Optimus Prime, el gran transformer, el más poderoso de todos, quién ya venció a numerosos enemigos a lo largo de tres películas, termina atrapado entre cables creados por humanos durante veinte minutos? ¿Como es que nadie dice absolutamente nada por el desaparecido Ironhide? Una demostración más de la poca importancia dada a los únicos personajes que podrían haber salvado todo.

No se le puede negar el logro en el apartado técnico, uno podría simplemente realizar una edición de la película que esté formada solamente de las escenas de acción en donde los disparos y las explosiones lo sean todo, y fácilmente podrían los ojos y los oídos llegar a un orgasmo de sentidos, pero hay demasiada chatarra que sobra que al final la película no debería durar más de hora y media, cuando en realidad son poco más de dos horas y media de algo que no se puede explicar.

Acerca de Emmanuel Báez 2360 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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