‘THX 1138′, sexo y amor en un futuro distópico

thx 1138 post

Obs.: Esta reseña está basada en la versión remasterizada del 2004, que contiene escenas que no estaban en el estreno original.

La pareja protagonista del debut como director de George Lucas son simplemente conocidos como THX y LUH, y aunque el director nunca dio una explicación acerca de los nombres, suenan apropiadamente a SEX y LOVE, respectivamente. En el futuro distópico que nos presenta, el concepto de sexo y amor no existe en la mente colectiva por lo que cualquier señal de emociones o sentimientos fuertes son contenidas y hasta castigadas.

Un George Lucas de 27 años volvió a la Universidad de California del Sur después de terminar su carrera, ya que le estaba costando conseguir trabajo. Allí se reunió con compañeros, y bajo la atención de su mentor, Francis Ford Coppola, arrancó con su primer largometraje basado en un corto que había hecho cuatro años atrás: Electronic Labyrinth: THX 1138 4EB.

Ambicioso, pero interesante, su cortometraje inicia con el escape de un hombre de su comunidad, corriendo por largos pasillos, siendo perseguido por cámaras de seguridad, mientras intentan detenerlo. ¿Quién intenta detenerlo? ¿Por qué corre? En un solo cuadro aparece la pintura de Jesús de Hans Memling, seguido nuevamente de él corriendo sin parar. Hay desesperación en sus ojos, sabe lo que le espera si logran capturarlo. Huyendo en busca de su libertad se siente individuo, único, y no como parte insignificante de una colectividad controlada. Finalmente escapa viendo por primera vez el ocaso, y en una transmisión se escucha cómo lo declaran muerto.

Desde su primer trabajo, Lucas ya extrae ingredientes de historias conocidas y les da forma propia, así como más adelante tomaría elementos del cine de Kurosawa y otros artistas, en la realización de Star Wars. Su pericia para tomar los elementos más llamativos de otras obras y conjugarlos sin que parezcan simples calcados se convierte en su firma, aunque hoy esa pericia haya sido reemplazada por la de sabotear su propia carrera.

En la realización del film, el director expande su visión de la historia agregando elementos más interesantes. Hay una mujer, compañera de THX, llamada LUH. Ella cambia sus pastillas y sedantes para que él pueda sentir. No es explicado en ningún momento como ella llegó a comprender los efectos de las pastillas que todos los ciudadanos de esta realidad toman con tanta docilidad, así dejando de aceptarlas, y luego desarrollando sentimientos por él. ¿Sintió curiosidad? ¿Sienten curiosidad los que viven ahí? Quizás hable un poco de los más básicos instintos del ser humano, imposibles de controlar en su totalidad, que no sepamos cómo ella llegó a esa conclusión. Lo cierto es que está enamorada, y está dispuesta a romper las reglas para hacer que THX sienta lo mismo.

Un seguro Robert Duvall lo interpreta sólidamente, sin demostrar una amplia gama de emociones, aunque al mismo tiempo se note como su personaje va comprendiendo su realidad y su invisible cautiverio. Es la señal de un buen actor haciendo un buen trabajo. THX corresponde al sentimiento de su compañera, y luego hacen el amor. Después de eso, son separados, y THX va a parar a una prisión sin paredes. ¿Cómo se escapa uno de la nada?

También se expande en las funciones detrás de esta sociedad, y se hace notar la crítica social a un mundo que vive en el consumismo. “Compren, compren más, y sean felices”, se escucha una voz repetidas veces mientras los ciudadanos, deshumanizados, prosiguen con sus tareas.

En el primer acto, Lucas divide bien el tiempo entre mostrar la evolución de su protagonista, y mostrar cómo es la vida en esta sociedad controlada, logrando un énfasis en la separación que se va creando entre ambos elementos del relato. Al igual que en el cortometraje, seguimos sin saber quién está al mando de todo, dando las órdenes capitales desde arriba, y eso sigue siendo un logro, aunque hay nuevos datos que sugieren un control religioso. Los ciudadanos le rezan a un cuadro de Jesús que tiene la misma respuesta pregrabada para todas las consultas, y unos monjes recorren los pasillos sin ninguna función aparente.

Desde la mitad se va perdiendo el control de la historia y así también, el ritmo. Hay una prolongada secuencia en donde THX se encuentra con otros prisioneros en medio de una blancura infinita, la prisión de los descarriados que se atreven a desafiar al sistema, ya sea pensando diferente, o amando. Él se encuentra ahí, más que nada, porque descubrió el amor, y a través de eso, una realidad mucho más atractiva. Pero en esta secuencia, si bien se sigue demostrando acertadamente el comportamiento de los ciudadanos -uno de los prisioneros intenta violar a una que se encuentra sedada, sin que nadie se inmute- la historia se dilata en verborrea poco interesante. Parece que pasó más tiempo del que realmente les tomó en encontrar una salida.

De ahí en adelante, es sobre su escape. Una versión más prolongada del final del cortometraje, más inspirada y mejor realizada, aunque en los grandes escenarios se pierde la claustrofobia característica de la historia, y las breves escenas previas al final, con las grandes autopistas y THX manejando un automóvil como si hubiera practicado toda su vida, atentan contra el propio relato y están de más. La toma final, de THX de pie frente a un sol nunca visto es intimidante. ¿Qué hará ahora? No importa, es libre.

Acerca de Emmanuel Báez 2359 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D