‘The Perks of Being a Wallflower’, la cálida sensación de sentirse infinitos

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Una buena película acerca de angustias adolescentes y problemas en los años de colegio puede provocar mucha nostalgia.  Una muy buena película quizás genere un profundo anhelo de regresión, ya sea para por deseos de corregir decisiones erradas o simplemente para experimentar de nuevo las sensaciones que llegan por primera vez durante esa etapa de la vida. The Perks of Being a Wallflower está por encima, y unas dos décadas después, es la candidata perfecta para finalmente dejar descansar en su tiempo a The Breakfast Club, la obra más admirada de John Hughes.

Logan Lerman interpreta a Charlie, un adolescente tímido y retraído que ingresa a los últimos cuatro años de colegio mientras lidia con el suicidio de su mejor amigo, el primer amor, sus propios problemas mentales y el borroso recuerdo de un fatídico evento familiar. Sus miedos se ven apaciguados cuando conoce a dos alumnos de último año que le abren los brazos y lo introducen a un mundo nuevo de entrada a la juventud.

La película es un caso milagroso de un autor adaptando y dirigiendo su propia obra sabiendo distanciarse de la misma sin demostrar una sola pizca de ego en su trabajo. Teniendo en cuenta que la novela está escrita de forma epistolar, son aún más loables las decisiones de Stephen Chbosky para la realización, con un casting de ensueño y una comprensión bien íntima, probablemente autobiográfica, que le da una ventaja nata a la hora de trasladar la historia a la pantalla.

Se había dicho que Logan Lerman era el candidato ideal para el reinicio de las películas de Spiderman y aunque en su momento apoyé la idea porque me parecía bastante idóneo, su caracterización del adolescente Charlie es realmente uno de esos casos donde el trabajo es tan espléndido que es imposible imaginar una segunda opción. Es creíble en su fragilidad y tierno en su ignorancia del mundo, entrañable en su andar cabizbajo y es impensable que no sería una buenísima adición a cualquier grupo despierto de amigos. Lo apoyan como brillantes secundarios Emma Watson, como una extrovertida y espabilada Sam, y Ezra Miller, como el hilarante y comprensivo Patrick.

El trío es excelente, con una química notable que permanece sólida durante toda la película, inclusive cuando los personajes tienen dificultades entre ellos mismos. El desarrollo es ejemplar y ayuda establecer rápidamente una amistad verosímil de las que sinceramente perduran a pesar de los malos ratos, que se sobreponen a cualquier indicio de distanciamiento porque saben que la vida es mejor cuando caminan hacia adelante tomados de las manos. Este es uno de los grupos de amigos más honestos y queridos que vio el cine en mucho tiempo, de los que es agradable pensarlos aun cuando la película acaba e imaginarlos un poco más allá de los créditos finales.

De todos los componentes que hacen de la película una joya acerca de la madurez y el crecimiento, además de una emocionante banda sonora que no necesita ninguna clase de descripción, resalta una fotografía noventosa lavada que se fusiona perfectamente con la dirección de Chbosky, que tiembla un poco al principio en algunas escenas importantes, como en la angelical presentación de Sam en primer plano que está seguida por unas extrañas decisiones de edición pero que rápidamente se recompone para un avance absorbente y cálido.

La película cuenta con un par de subtramas que a simple vista son fáciles de intuir que se exploran mucho más en el material original, mientras que acá sirven simplemente para aportar al personaje de Charlie empujándolo hacia las decisiones que seguirá tomando más adelante. Su visión del mundo se nutre siendo testigo de la relación dañina que tiene su hermana mayor con su pareja, y el descubrimiento de que Patrick es en realidad homosexual y se ve en secreto con uno de los muchachos más populares del colegio. Lo más relevante de todo es él mismo y la frecuente sugerencia de una verdad oculta que termina siendo más intensa de lo evidente, aunque leyendo entre líneas uno puede anticiparse a esta revelación, que no por eso es menos emotiva.

Al comienzo, The Perks of Being a Wallflower no es más que otra película de adolescentes lidiando con la vida de una forma diferente y la premisa base no es la más original, pero hay tantos elementos acertados que al final es otra vez difícil compararla con cualquier título que haya querido tratar los mismos temas en los últimos años. Se distingue notablemente por un sólido elenco, un guion sensible y honesto y una selección musical que es una gran gozada.

No importa que el acento americano de Emma Watson se le pierda un poco en algunas escenas o que tenga que creer que les haya tomado un año en descubrir que la canción perfecta era “Heroes” de David Bowie por más que sea una era sin internet. Al rodar los créditos, es imposible no sentirse infinitos.

Acerca de Emmanuel Báez 2360 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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