‘The Mask’, Jim Carrey es el dios de las diabluras

Empecemos dejando algo bien claro: Jim Carrey es un actor de talento innegable. Tanto en la comedia como en lo más serio, Carrey ha demostrado que no necesita “vehículos” para quitar lo mejor de sí, aunque lastimosamente el mercado no haya sido tan benevolente con él en la última década. La comedia realmente no está en su mejor época, con películas de exposición cómica vulgar habiendo casi desplazado a las comedias de humor inteligente, o a las más decentes que no requerían de bromas sexuales y palabrotas para ocultar una completa falta de creatividad, digo que se debería apelar de nuevo a aquel humor inocente que generalmente servía a una historia modesta.

Y cuando se habla de esa clase de humor, olvidado por muchos, se habla de alguien como Jim Carrey, un actor que llevaba 14 años en el negocio cuando le llegó el turno de conocer el éxito con tres películas en un mismo año. En 1994 se estrenaban Ace Ventura: Pet Detective, The Mask, y Dumb & Dumber, las tres con un éxito arrollador, catapultando al actor de 32 años a la fama. De repente, Jim Carrey estaba en todos lados, y sus siguientes trabajos, si bien se estrenaban con opiniones mezcladas, servían como ejemplo irrefutable de los diferentes tonos cómicos y dramáticos que era capaz de alcanzar.

Pero de esas tres películas, es definitivamente The Mask la más memorable de todas, una historia que se hace pasar por una sencilla comedia, escondiendo en su base algo más que una premisa universal sobre un tipo común y corriente, si bien algo perdedor, que encuentra una máscara mágica que le dota de poderes inimaginables. Y es ahí donde The Mask se convierte en algo más interesante, ignorando la naturaleza de los comics en el que se basa, y dándole un tono psicológico un tanto más fácil de digerir, pero a su vez más sugestivo, porque lograron hacer que todos seamos Stanley Ipkiss.

En los comics, todos los portadores de La Máscara se convertían en versiones psicópatas de sí mismos, pero en la película hicieron que el objeto revelara los deseos más profundos de su portador, haciendo del tímido y aprovechado Stanley Ipkiss un personaje abierto, fiestero y dispuesto a cualquier cosa con tal de pasarla bien. Y “cualquier cosa” es literal, ya que poseer La Máscara es poseer los poderes de un Dios, en este caso hablamos de Loki, el Dios nórdico de las Diabluras (o del timo o del engaño, dependiendo de cómo quieran traducirlo), aunque eso no es lo relevante, sino en lo que Stanley Ipkiss se convierte.

Si bien es cierto que cambiando la naturaleza del material fuente, disminuyeron la fuerza del mismo (hubiese sido altamente interesante algo más fiel al comic, ¿pero cómo habrían salido airosos de eso?), The Mask es una acertadísima fantasía que explota un deseo universal de poder, y lo hace a través de un personaje patético pero humilde, con deseos sinceros de ser alguien mejor que el tipo de al lado, y por sobre todas las cosas, ser alguien visible para el interés amoroso. Es un personaje con el que es fácil identificarse, y lo que es importante, es interpretado con soberbia por un Jim Carrey en lo mejor de su juego.

Una vez que el personaje de La Máscara aparece, no lo hace sin gracia, sino con mucho estilo, extravagante y pintoresco, con unos dientes grandes y una presencia notablemente inspirada en el Guasón. Y su presencia viene con geniales líneas de díalogo (ciertamente hay bromas sexuales, pero al menos las hacían bien implícitas), además de homenajes a los dibujos animados de Tex Avery, una gran demostración de respeto a le era dorada de las caricaturas, y otras referencias cinéfilas que no pasan desapercibidas. Los efectos especiales están a la altura y nada más, gran parte de los trucos del personaje son vistosos gracias a la edición.

Como si no fuera suficiente, hay un par de números musicales que no están de más, uno de los cuales incluye a Cameron Diaz, en esta su primera película donde es un descubrimiento incuestionable, exhibiendo una sensualidad de ninfa con unos escotes que sacan el lado más caricaturesco de La Máscara. Por supuesto, sus dotes actorales no son la gran cosa, pero dudo seriamente que alguna actriz jamás se haya visto tan bien en una película sin caer en lo ordinario.

The Mask llega con un tono ligero en su superficie, y algo más interesante en el fondo, aunque se evita hacer cualquier tipo de análisis introspectivo de más sobre la naturaleza del protagonista y se envuelve en una comedia algo excéntrica con pocos fallos. Es seguro decir que no cualquier actor hubiese llevado con éxito la carga de Jim Carrey, aunque la historia no es enteramente suya sino del conjunto conformado de varios elementos modestos y agradables que lograron que el título haya envejecido más que bien.

Acerca de Emmanuel Báez 2316 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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