‘The House on Sorority Row’: Una casa que vale la pena visitar… y morir en ella

No fue la primera, ni fue la última, pero The House on Sorority Row fue un buen slasher ochentero que supo dosificar muy bien los elementos con los que contaba a su disposición y que, inadvertidamente, no es recordada como se lo merece.

En el mero inicio del film tenemos una escena que no encaja en la trama a simple vista, pero lo hará en los eventos finales y la resolución del film: una mujer está a punto de parir y, entre dolores, trae al mundo un bebé que (según se lo informa su médico) ha fallecido- todo esto con un tono azulado regio para hacer entender al espectador que se encuentra frente a un flashback u evento pasado-.

Al correr de los títulos conocemos mejor a este septeto de amigas universitarias que no le escapan a los cliques del grupo y así tenemos a la Abeja Reina Vicki, la Consciencia Moral Katey, la Hermosa pero Idiota Morgan, y las demás del grupo, que no resaltan demasiado y, lo más curioso, parecen alejarse del cliché y conformar un grupo heterogéneo de chicas normales.
Hasta que llega su prueba de fuego en la que su broma sale mal, y todas intentan cubrir el asesinato de la Madre de la Hermandad Pi Theta (nombre al inverso y mejor colocado en su remake Sorority Row). Lo realmente atractivo e innovador del asunto es que no tiene que pasar meses ni llegar al aniversario de la muerte/accidente, sino que la misma noche las chicas comienzan a ser atacadas viciosamente.

Los ataques están bien dosificados, no uno tras el otro, y no son muy creativos que digamos (-casi- todos son provocados por el bastón con forma de pájaro en su mango); digamos que mantienen el suspenso hasta el extraño clímax final, en el que el prólogo y la historia de las chicas confluyen en una inquietante respuesta a la identidad del asesino, que el espectador avispado podrá sacar sin problemas.
Y hablando del asesino, se agradece que tan sólo se lo vislumbre y juegue con la ignorancia del espectador, para revelar su identidad en los últimos minutos, traje macabro incluído, en el mismo final del film.

El elenco en general hace un correcto trabajo, aunque por momentos cae en sobreactuaciones o escenas patéticas que dan verdadera lastima, y de cuyas escenas no se salva del ridículo ninguna, ya que todas tienen su momento de gloria y pesar recíprocamente. Felicitaciones a Eileen Davidson por hacer de su papel una perra destacable, y a Kate McNeill por ser la conciencia del grupo.

El escenario principal (la hermandad) es bastante amplio y posee varios niveles, por lo que la variedad de situaciones es variada, (valga la redundancia) y se recorren la mayoría de las habitaciones.
Mark Rosman hizo un buen ejercicio fílmico y entregó sangre ahí donde debía estar, sin sobrepasarse ni convertir a su film en un baño de sangre: adecuado y moderado, correcto diría yo.
Sí se destaca en una toma particular, en la cual las chicas están en pleno baile e intercambian miradas cómplices y llenas de culpa, a la vez que una mira a la otra, cerrando un círculo. El guión es obra de Rosman también, y se encarga de dejar una puerta abierta para una secuela que nunca llegaría, pero deja al espectador con ganas de saber que sucede después.

The House on Sorority Row es un slasher infravalorado que juega sus cartas de manera inteligente y autoconsciente de lo que está entregando a la platea. Mero entretenimiento sin efectos colaterales.

Acerca de Lucas Rodríguez 30 Articles
Amador de las películas, las series y los libros desde tiempos inmemoriales. Te desafío a que sepas más de ANTM que yo.

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