‘The Avengers’, la simbiosis más grandiosa del cine comercial

Hay tanto que decir acerca de The Avengers, así como hay tanto por ver. Para un análisis adecuado, parece complicado quitar lo mejor de un solo visionado, pero afortunadamente, estamos ante una de las películas con más valor de repetición que se ha hecho en Hollywood en los últimos 10 años. Es altamente probable que cada uno tenga algo distinto que ver en cada repetición, una escena que admirar, un personaje que idolatrar, un diálogo que analizar. No hay espacios vacíos, Joss Whedon ha creado una obra tan grandiosa en escala y al mismo tiempo tan bien concentrada en cada componente que la desarrolla, que se hace casi imposible darle la vuelta para mal. Y aunque quisiera hacer tal cosa, simplemente no hay razón para ello.

The Avengers es el espectáculo grandilocuente que tanto daño ha estado haciendo al cine comercial durante mucho tiempo, pero realizado con tanta astucia, que me atrevo a decir que estamos ante un extraño híbrido entre cine comercial y cine de autor. Joss Whedon es un conocido fanático de los comics, co-escribió Toy Story junto a Andrew Stanton, fue creador de las series de culto Buffy y Firefly, y dirigió la película de este último, la sólida ciencia ficción llamada Serenity, que ya servía como ejemplo perfecto de su saber y su control de grandes escenarios y varios personajes pintorescos interactuando en favor de una historia memorable. Aquí él pone todo su conocimiento en favor del cine más comercial que podría existir, pero es al fin y al cabo su guión y su visión, y nadie le arrebata el monumental éxito que ha conseguido.

Todos los caminos han llevado a este punto de encuentro, y eso hace que este encuentro sea aún mucho más atractivo. Eso a pesar de que algunos de esos caminos han sido simplemente aburridos. No hay razón artística para la elección de Jon Favreau como director de Iron Man 1 y 2, de la cual la primera es una alargadísima introducción de personaje y la segunda un espectáculo vacío y sin emoción. Por otro lado, todo apuntaba a que Kenneth Branagh, el más Shakesperiano de los directores, iba a hacer de Thor algo más que la ordinaria y superficial fantasía en que se convirtió. Irónicamente, la película que menos se esperaba que funcione, terminó siendo la mejor de todas, aún a pesar de sus fallas. Joe Johnston venía de dirigir aquel terrible remake de El Hombre Lobo, y su filmografía actual no se comparaba para nada a sus buenos trabajos, casi olvidados debido a sus últimos fracasos, pero Capitán América probó ser el mejor enfoque que el origen de un súper héroe se merecía desde Batman Begins.

Sin embargo, Whedon se toma de nuevo el tiempo necesario acá para introducir a estos personajes que ya conocemos, a un mundo que será toda una sorpresa para ellos mismos. La película se presenta en tres actos que son tan lineales como predecibles en su estructura, pero es el contenido y la presentación y ejecución de las escenas -especialmente una vez que empieza la guerra-, tan frescas que el hecho de que sean tan fáciles de digerir se vuelve en su mayor logro. No hay espacio para el razonamiento porque el asombro lo toma todo. Los personajes se reúnen y no se llevan nada bien, conflictos internos surgen mientras se van entendiendo. Una vez que los personajes maduran dentro de este acto, se pasa al segundo acto, un espectáculo interminable, con picos de adrenalina y sus subsiguientes alivios cómicos, y todo está perfectamente planificado. Uno se pregunta por momentos cómo se logró semejante simbiosis, habiendo sido el riesgo de fracasar más grande que el de salir airoso, pero la evidencia es irrefutable. The Avengers es la cúspide del cine comercial, y yo no recuerdo una ocasión de entretenimiento interminable similar en el cine desde hace años.

Por supuesto, la pregunta que más tenía a todos por los pelos era si iba a funcionar tener a tantos super héroes en una sola película, y no puedo imaginarme una mejor división de tiempo para cada uno, dentro y fuera de los uniformes, inclusive a los menos llamativos, Black Widow y Hawkeye. Se viene rumoreando desde finales de Iron Man 2, que Black Widow podría tener su propio spin-off, y realmente no me llama la atención lo suficiente como para merecer su propia película, pero acá en el equipo su presencia está totalmente justificada, y su calidad de super héroe se ve lograda aún a pesar de la ausencia de habilidades más allá de saber manejar perfectamente las armas que tiene a su disposición, dos pistolas y un poder de persuasión capaz de sorprender el mismo Loki.

Es también seguro decir que esta es la mejor película de Iron Man. En sus anteriores apariciones, apenas se justifica el espectáculo en los que estaba envuelto, enfrentándose dos veces al mismo tipo de villano solamente para probar un punto, pero esta vez hay más buena acción con él de lo que hubo en sus dos películas. Thor se lleva sin duda alguna la mejor aparición de un super héroe en el cine, y Steve Rogers, quien es el que tuvo el mejor desarrollo hasta ahora, es el centro del equipo, logrando reunir a todos a pesar de las diferencias, y liderándolos en batalla.

Pero más allá de la perfecta unión y el sorprendente equipo que se forma, esta es la película del Hulk. Mark Rufallo claramente le acierta al Bruce Banner más equilibrado hasta ahora, un balance notable entre la poética representación de Ang Lee, y lo único rescatable de la de Louis Leterrier, que fue el Banner de Edward Norton. Pero es el Hulk quien se roba toda las escenas. Allí donde Thor, El Capitán América y Iron Man desmuestran de lo que son capaces, está Hulk para aumentar el valor del juego, y como es el personaje que menos puede comunicarse, es parte de los alivios cómicos más hilarantes de la película. Si hay alguna duda con respecto a algunos de los super héroes, siempre está Hulk para restablecer la confianza en el espectáculo.

El gran villano es Loki, quien ya se enfrentó a Thor en su propia película, pero que acá comanda un ejército conocido como los Chitauris. Comandar es solamente una expresión, ya que Loki no es más que ese villano patético con un miedo interno que no es capaz de aceptar, producto de un complejo de inferioridad siempre innecesario. Es valeroso solamente cuando las fichas están a su favor, pero últimamente temeroso por una falta de convicción evidente -tal como lo dice el Agente Coulson-, visible en sus ojos que lo delatan en todo momento. Tom Hiddleston es brillante en dicho papel y evoca esa sensualidad propia de un villano que aún a pesar de su inminente fracaso, es capaz de provocar lástima y empatía.

No es ningún azar que tales actores estén interpretando a estos personajes que definitivamente pasarán a la historia dentro de lo que es el cine comercial de super héroes. Hubo un delicado proceso de selección, que llegó con dudas e intrigas con respecto a cada nombre, pero es acá donde realmente se nota que no podría haber sido de otra manera. Si cada uno de estos personajes resaltó de una u otra forma en sus películas gracias al empeño y la entrega de cada actor, es acá donde resulta aún más notable esa idoneidad para los roles. La química es irrefutable, y la dinamismo generado de la interacción de personalidades tan bien delineadas en el acto previo a los enfrentamientos no es más que el denuedo de cada actor en favor de un guión que no deja respiros, una vez más, firmado por un Joss Whedon en el punto más álgido de su filmografía, que con este trabajo pasará de ser ese director nerd tan admirado a estar en la lista A de los más solicitados.

Solamente las secuencias de batallas en New York son dignas de un amplio análisis técnico, que sería la envidia de los directores más osados y menos calificados. Por alguna razón obvia, se me hace imposible no compararlo con Michael Bay una vez que la destrucción llega a la ciudad. Aún a pesar de dicha devastación, el ojo de Whedon se ubica en los lugares exactos para no saturarnos con las explosiones ni los destrozos, haciéndonos testigos no solamente de tal destrucción, sino de las personas que la están viviendo, y eso logra una crucial diferencia entre lo vulgar y lo justo. Hay un peligro tácito, y no es necesario enfocarse desmesuradamente en las consecuencias. Hay una pasión admirable porque todo sea lo más fluido posible, y el ritmo no puede ser más constante. Hay un hermoso plano secuencia que recorre a todos los superhéroes una vez que están peleando, resaltando aún más ese trabajo en equipo del cual dependen para la victoria.

Si no es eso, como dije anteriormente, será una escena que admirar, un personaje que idolatrar, o un diálogo que analizar, pero The Avengers tiene algo de todo, y vino para calmar al más insaciable de los cinéfilos, fanáticos o no de las previas entregas. Lo único que me da cierto miedo es que realmente hay un listón nuevo puesto en lo más alto del cine comercial, esto es lo más bueno que una película sin pretensiones se puede poner, y por tal razón, veo bastante difícil que la secuela llegue a ser mejor. Eso sería algo totalmente diferente.

Acerca de Emmanuel Báez 2360 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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