‘Sinister’, macabras filmaciones para probar el límite de la mente

De la librería de las convenciones del cine de horror, Sinister extrae lo suficiente como para tener una premisa base, pero el desarrollo y la ejecución convierten a la película en una de las obras de terror más tenebrosas y escalofriantes que ha visto el género en muchos años. Construida a base de clichés vistos en incontables ocasiones, el director Scott Derrickson (The Exorcism of Emily Rose) se embarca en una atrevida exploración de la tolerancia humana y, a través de ella, de los límites que la mente es capaz de traspasar para conocerse a sí mismo.

Ethan Hawke interpreta a Ellison Oswalt, un novelista de terror cuyo último hit fue hace ya muchos años, y que se muda a una casa suburbana donde ocurrió un terrible crimen múltiple con el propósito de escribir una nueva novela que podría devolverle la fama que alguna vez tuvo. Para ello, arrastra a su familia (esposa y dos hijos) alejándolos de una vida con la que se llevaban bastante bien, pero acostumbrados al vaivén de Ellison que no desea trabajar redactando simples libros de texto. Su nivel de ambición se encuentra con su desesperación en el momento exacto para que la historia comience.

Hawke, que es un actor poco comercial y bien dotado para darle vida a sus personajes, hace creíble a su papel de papá y marido, amable y cariñoso, y así también convence cuando muestra su otra cara, la del hombre desesperado que no quiere aceptar el hecho de que quizás sus 15 minutos de fama hayan pasado. Más adelante en la película, cuando los eventos ya hayan comenzado a afectar su psique, se sienta a mirar viejas cintas de entrevistas cuando estaba en la cúspide de su carrera, y se ve a sí mismo prometiéndose que lo que hace, no lo hace por fama, sino por justicia.

Ese éxito lo consiguió investigando crímenes reales y creando historias a partir de eso, haciéndose enemigo de policías las veces que para sus libros hacía una mejor investigación, y de los habitantes por igual que no ven con buenos ojos su obsesión con los crímenes macabros que lo mueven a hacer lo que hace. Una vez que llega a la nueva casa, las más básicas convenciones son usadas para establecer la base: en medio de la mudanza, encuentra una caja en el ático que contiene unos rollos de 8mm y un proyector que, sin explicación alguna, contienen las filmaciones del crimen ocurrido en la casa y otras.

Por supuesto, él comienza a ver las filmaciones y es acá cuando la película se torna inquietante. En parte debiéndose a la tétrica banda sonora de Christopher Young, que logra hacer de las visiones y las proyecciones una pesadilla casi insoportable (les invito a escuchar esto con los ojos cerrados). A medida que Ellison va adentrándose en su propio trabajo, es inevitable sentirse igual de aturdidos e incómodos, mientras muestran las mismas filmaciones que son tan macabras que realmente se puede poner difícil verlas con tranquilidad. Derrickson logra algo notable que el cine de terror perdió hace mucho tiempo, y es el de crear una atmósfera de suspenso y tenebrosidad casi ininterrumpida durante toda la película, aún cuando se traiciona a sí mismo y cae en alguno que otro cliché que perfectamente podría haber omitido.

Al principio, por ejemplo, se revela que uno de sus dos hijos sufre de terribles pesadillas nocturnas, algo que se pone grave una vez que se mudan a la nueva casa, pero no es más que una excusa mal utilizada para provocar sustos repentinos, de esos que se olvidan fácilmente. El fuerte de la historia yace en los momentos de oscuridad en los que Ellison se sumerge al investigar las diferentes filmaciones, cuando las películas juegan con su mente (y con la del espectador) sugiriendo que los eventos podrían no ser crímenes completamente humanos, sino partes de un ritual demoníaco. La entrada de lo paranormal da espacio a que el suspenso se expanda, ya que la historia que proponen con respecto a eso -a través de un especialista en lo paranormal que le cuenta sobre el demonio de turno- es realmente interesante y fresco. No estamos hablando del típico demonio que acecha a sus víctimas y los mata como si nada, sino de un verdadero horror que disfruta sádicamente debilitar a sus víctimas hasta bordear la locura.

La película se mantiene escalofriante haciendo un excelente uso de las luces y las sombras, con la fotografía de Chris Norr que aprovecha al máximo las luces naturales y artificiales con los elementos que tiene a disposición. Esto tira un poco de lógica por la borda en una clásica convención del género (nunca prenden las luces por la noche cuando sonidos raros suceden) pero con ello mantienen el suspenso hasta el último momento, allí cuando el miedo ya se pone intolerable.

Sinister es una verdadera joya del género de terror, aunque este terror esté más basado en el miedo y la paranoia que la mente es capaz de crearse una vez atraviese el umbral de lo posible. Derrickson mezcla elementos usados con ideas propias bastante creativas, que hacen del título algo innegablemente bueno, y nos recuerda al mismo tiempo que nos ofrece una historia siniestra, que los mayores demonios pueden estar dentro de uno mismo.

Acerca de Emmanuel Báez 2264 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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