‘Shame’, la vergüenza de sobrevivir con los demonios del pasado

Solo en caso de Steve McQueen no lo haya hecho lo suficientemente implícito, hay una línea hacia el final de Shame que revela con cierta obviedad la verdadera naturaleza de la historia, que antecede a uno de los clímax más poderosos del cine en mucho tiempo. “No somos malas personas, solo venimos de un mal lugar“, pronuncia Sissy (Carey Mulligan) con un dejo de profunda tristeza y resignación. Momentos después, vemos a Brandon (Michaell Fassbender) haciendo un trío con dos mujeres. Pero esto no es nada placentero, es una pesadilla, es la máxima representación de una vergüenza que se ha vuelto parte de su naturaleza, una cruz con la cual debe vivir todos los días, sin la más mínima luz de esperanza de vivir de nuevo.

Brandon sufre una adicción al sexo, pero la película no es realmente sobre un hombre sobreviviendo con una adicción, sino sobreviviendo a los más grandes demonios del pasado. Estos se fortalecen una vez que su hermana menor reaparece después de tiempo y se queda en su departamento. Su relación no es natural, y la espina dorsal de la historia se deja ver. Brandon intenta seguir con la vida que lleva, aunque no hay vida en sus días. Va a su trabajo donde es aparentemente bueno en lo que hace -no importa qué hace, porque a él realmente no le importa-, tiene un departamento más que humilde, y tiene dinero suficiente para pagar en prostitutas y sexo por internet. Cuando no lo hace, se masturba en solitario en el baño, en su casa, en el trabajo, o donde se de la oportunidad. No puede evitarlo, no puede contenerse, mas no hay placer en cada acto. No conoce realmente el goce del sexo, nunca lo aprendió.

Una vez que reaparece su hermana, hay cambios que no pasan desapercibidos. Hay un intento, un esfuerzo sincero, un reconocimiento del propio mal por parte de Brandom. Hay una escena bastante incómoda donde tiene una cita con una compañera de trabajo, y se nota su despiste, no es un escenario al cual está acostumbrado, él es bastante atractivo para alguien de su edad y seguramente en la cama es todo un semental, pero ahí en la mesa, en medio de una cita, no tiene realmente mucha noción de lo que ocurre. No sabe relacionarse, y una vez que se encuentra entre las piernas de esta mujer, no puede continuar. Es probablemente la primera persona del sexo femenino con la que se abre en mucho tiempo, contándole algunos detalles de su vida, y con quien pasa sinceramente una velada acogedora. Eso es más comunicación de lo que tiene con su propia hermana, o más de lo que haya tenido con cualquier persona en mucho tiempo, y eso lo embarulla.

A pesar de saber perfectamente porque su vida se encuentra en tal estado, no sabemos si es realmente consciente de que puede buscar ayuda para su adicción, y para los traumas que lo provocaron. Este es un hombre que conoce una sola rutina, y que sabe disfrazar su completa falta de emociones con sonrisas falsas y algunas salidas con su jefe a tomar unos tragos. Quizás haya contemplado en el pasado la posibilidad de buscar ayuda, o quizás haya crecido con el miedo a revelar los secretos que esconde vergonzosamente en lo más oscuro de su psique. Experimentamos probablemente las mismas preguntas que él se hizo en más de una ocasión: ¿por qué?, ¿cómo?

Su hermana, por otro lado, es alguien que aprendió a disfrazarse dejando salir a flote emociones aparentemente alegres. Ríe bastante, habla alto, sonríe, sabe divertirse, canta. Intenta reconectarse con su hermano de alguna manera, quizás cantándole una canción sobre mudarse a vivir a un lugar mejor y tener mejores oportunidades de vida. Mientras lo hace, con un inconfundible brillo de desasosiego en los ojos, lo mira intentando hablar con él. Pasaron por tantas cosas juntos, que es la única manera en la que realmente pueden comunicarse, porque una vez que se sientan a discutir sobre el comportamiento de ella, las palabras no tienen sentido y la discusión termina en nada.

Cada vez se hace más obvio el declive inminente, y no hay planes de evitarlo. Aquí vemos a Brandon en medio del trío, en una escena con planos borrosos y una música cautivadora. Es perfecta, y termina con un primer plano de su rostro, llegando al orgasmo, y sus ojos demuestran nada más que dolor. Porque su adicción es abuso a sí mismo, y eso todo lo que conoce porque eso es lo que sufrió al crecer junto a su hermana. Nunca sabemos a manos de quién, realmente no importa. Su sufrimiento no tiene pasado porque es presente, y muy seguramente los acosará a ambos por el resto de sus vidas.

Steve McQueen ha firmado la película más fuerte sobre las consecuencias del abuso infantil que vi en mucho tiempo, y lo hace con la intención directa de provocar asco. Tanto Michael Fassbender como Carey Mulligan están brillantes en sus papeles, y se someten con grandeza al calvario de sus protagonistas. No hay discusión al respecto, porque la película no son ellos, es la conmovedora historia con la que cargan, poderosa y acosadora como pocas, con un claro punto, ineludible y presente. Realmente dudo que me atreva a verla de nuevo.

Acerca de Emmanuel Báez 2360 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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