‘Rurouni Kenshin’, la expiación del samurái

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Es algo inevitable que cualquier película de chanbara sea comparada con el cine de Akira Kurosawa, que aunque no fue el único representante de este subgénero, fue el mayor exponente y el que introdujo al resto del mundo las películas de samuráis, además de haber establecido y popularizado la mayoría de las convenciones de este tipo de cine. El chanbara/jidaigeki, o dramas históricos con guerreros samurái o vagabundos que son habilidosos en el arte de la katana, nació varios años antes de que el director japonés se uniera a las grandes estrellas de su época para incursionar en el género, pero así como muchas obras que le siguieron, el manga de Rurouni Kenshin se vio notablemente influenciado por sus trabajos.

Por supuesto que Samurai X siguió su propio camino y se convirtió en una de las series más populares, tanto en forma de manga como anime, y así también la película que fue realizada esta vez, que se estrenó en Japón con mucha anticipación, resultó ser una obra digna de estar entre las demás que la preceden. La historia, como ya conocen los fanáticos, se enfoca en la vida de un habilidoso espadachín llamado Kenshin Himura, que antes era conocido como el poderoso asesino Hitokiri Battosai, pero que tras terminar el período del Bakumatsu, marcado por grandes conflictos internos y sangrientas batallas, deambula por la nueva era japonesa en busca de redención ayudando a los más necesitados. Buscando cumplir su voto de no asesinar de nuevo jamás, Kenshin se encuentra con un nuevo conflicto cuando un misterioso asesino usa su alias para cometer crímenes, lo que le pondrá en el camino de varios personajes que lo obligarán a mirar más detenidamente su pasado.

Las adaptaciones de acción real de mangas y animes no tienen buen historial, razón por la cual había una lógica sospecha con respecto a esta producción, pero Rurouni Kenshin corre bajo el sello de Warner Bros., y desde las primeras escenas hay un claro cuidado con los elementos más importantes de toda narración cinematográfica. Una fotografía bien atendida y una dirección enérgica caracterizan a esta obra que dista de ser perfecta, pero resalta notablemente por emocionantes coreografías y efectos visuales que, dentro de todo, son lo más llamativo.

Luego de una breve introducción del pasado del protagonista, el primer acto intenta presentar varias subtramas y atarlas a un hilo conductor, pero la entrada y salida de varios personajes en los cuales no se profundiza hace que el relato comience algo flojo. Es claro al principio que la debilidad del guion es intentar contar varias historias que de alguna manera dependen unas de otras, y por esa razón no hay suficiente enfoque en cada una de ellas como para que sean bien digeridas. Durante los primeros veinte minutos, la película salta de un lugar a otro sin mucha explicación, pero cuando los puntos se unen y forman un relato cohesivo que promete drama, acción y dosis suaves de comedia, ahí es cuando todo arranca más que bien.

Aparte del temible asesino aterrorizando con el nombre de Kenshin, la película se dispersa entre un traficante de opio cuyo único deseo es controlar la ciudad; Megumi, una doctora que escapa de su poder; y Kaoru, la joven dueña e instructora de un dojo que acepta a Kenshin cuando lo conoce de verdad. Hay un desfile de secundarios que van desde un oficial, pasando por los secuaces del traficante, hasta un peleador callejero, y algunos de ellos intervienen con cierta importancia en la trama, aunque apenas tienen desarrollo.

El elenco está más que acertado, y Takeru Sato caracteriza con verosimilitud al incomprendido héroe, aunque en ciertos momentos tiene más una mirada perdida que reflexiva, lo cual quizás pueda confundir teniendo en cuenta la naturaleza del protagonista. Kenshin quizás no diga mucho con la mirada como lo hacía su más grande predecesor en el cine, Sanjuro, ya que Sato definitivamente no es Toshiro Mifune, pero a la hora de desenfundar la espada, ambos vagabundos tendrían un genial enfrentamiento.

Las batallas que se llevan a cabo en la película siguen la fórmula tradicional de crecer en intensidad y ritmo y nunca decepcionan. A medida que Kenshin lucha con sus propios demonios, desatando involuntariamente eventos que terminarán en sangre, nos van mostrando más de qué realmente es capaz. A pesar de la apariencia de debilidad ilusoria que posee, el “destajador” es meritorio de sus leyendas, y Sato es lo suficientemente físico como para ponerse en la piel del luchador y ser creíble. El resultado son secuencias de acción frenéticas, con efectivos efectos visuales y coreografías que impresionan y anonadan.

La dirección de Keishi Otomo atestigua con un ojo firme dichas secuencias, que en todo momento son claras y fáciles de seguir, y hasta se atreve a trasladar algunas convenciones del estilo anime a la acción real, que no quedan incómodas ni fuera de lugar, sino realzan el elemento emocional de las peleas. Por otra parte, también se coloca en las mejores posiciones cuando los protagonistas dialogan, y el drama resultante es realmente uno convincente y que realmente los cambia. Acá participa más que bien el resto del elenco, donde destaca una hermosa Emi Takei como la valiente y leal Kaoru. Quizás la banda sonora resulte repetitiva e intrusiva algunas veces y carezca de una sensación épica que hubiera enaltecido a la obra, pero una vez que hubo finalizada la misma, difícilmente será el punto de discusión.

Con todo esto, Rurouni Kenshin es un gran logro dentro de las adaptaciones de mangas y animes, que por lo general padecen de una calidad televisiva. El valor de producción loable hace fácil sumergirse en la historia cuando está ya bien desarrollada, ya que fueron bien meticulosos en la representación de la época, tanto en vestimentas como escenarios, aunque hay que convenir en que usualmente son lo más fácil de realizar. Los personajes hacen el salto a la pantalla sin parecer absurdos por lo vistoso de sus aspectos y rápidamente provocan las reacciones buscadas por Otomo, que firma una conclusión cálida con la expiación final del héroe.

Acerca de Emmanuel Báez 2268 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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