‘Rio’, colorida pero olvidable aventura

Comencemos diciendo que no tengo planeado hacer ninguna clase de comparación con Pixar, algo que se ha vuelto un poco costumbre entre las opiniones sobre películas animadas, sino me enfocaré en hablar de Rio como una película totalmente independiente sin ninguna referencia externa, aunque desde cierto punto será algo difícil ya que Rio se queda a medio camino entre referencias y chistes tardíos.

Este trabajo de animación llega de los mismos creadores de Ice Age (las 3) y Robots, todas de una calidad decente pero nunca memorables, aunque Rio se aprovecha bastante y eficazmente de la ubicación de su historia, para ofrecer unos colores brillantes y  atractivos para lo que es el cine animado norteamericano. Sin embargo, a lo largo de su desarrollo, eso llega a ser todo lo que tiene que ofrecer.

En inglés la película cuenta con las voces de Jesse Eisenberg y Anne Hathaway; en español, como la mayoría de las veces, el doblaje no es más que competente, aunque dejan casi todas las canciones en portugués e inglés, lo cual se agradece bastante porque son estas secuencias aisladas las más agradables de la película.

El problema principal de Rio reside en su lento arranque, luego de unos primeros tres minutos muy buenos que recuerdan a la secuencia inicial del Rey León. A partir de ahí, más la posterior presentación de personajes y propia introducción a la historia que intentan contarnos a trompicones, la película pierde ritmo y se defiende con alguna que otra broma inteligente que llega ya tras una desanimada media hora, para cuando las referencias a algunos clásicos como El Mago de Oz ya quedan poco interesantes. También hay una secuencia que se queda como un pobre intento de homenaje (para no decirle copia) al Rey León, que tiene a uno de los villanos de la película presentándose a sus súbditos tal como lo hizo Scar al revelar su plan a las hienas.

Los gags son extremadamente infantiles, reduciendo el objetivo de la película a nada más que entretenimiento efímero, lo cual tampoco logra alcanzar observándolo como un todo. Reposa su único atractivo en sus colores y el ambiente brasileño de carnaval, el cual está obviamente exagerado por el bien de la narración y la diversión. La escena final que comienza desde el mismo desfile está bastante bien construida, la dirección adrenalínica y movida del brasileño Carlos Saldanha da pocos respiros (así como una secuencia previa algo intensa en las favelas); se arriesga y casi sorprende, pero como el resto de las escenas buenas del metraje, se siente desconectada y tardía.

Luego de verla y digerirla, me comentaron acerca de algunas referencias sexuales que podría haber tenido, inapropiadas para los más pequeños, y aunque es cierto que el acto de reproducción está presente muchas veces en la historia (es básicamente el motivo de todo el asunto, conseguir salvar la especie del personaje principal, un Guacamayo Azul), no se ve ninguna intención directa de agregar un subtexto para el público adulto. De haberlo, no funciona ya que el conjunto no permite involucrarse seriamente con los protagonistas ni el relato, quedando todo como una olvidable aventura.

Acerca de Emmanuel Báez 2268 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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