‘Rápidos y Furiosos 6’, más rápidos y furiosos que nunca, menos leyes de física

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***ESTA RESEÑA CONTIENE SPOILERS MENORES***

Ya fue hace doce años que llegó al cine la primera The Fast and the Furious y es imposible no sentirse algo nostálgicos por más comercial que sea la serie. Comenzó con una decente película de acción que reveló a una nueva generación una sub-cultura poco conocida de automóviles deportivos tuneados para carreras clandestinas, poniendo a Vin Diesel y Paul Walker en el mapa con unos prometedores futuros como actores de títulos de mucha adrenalina. Lo que le siguió fue algo bastante disparejo, pero aún así innegablemente entretenido a ratos y la franquicia tuvo su propio sello que no pudo ser imitado a pesar de varios intentos.

Muchos se opusieron al hecho de que la serie fue dejando de ser acerca de carreras clandestinas y se convertía en thrillers de acción con secuencias de carreras bien dispersas, pero la evolución recién se pone lógica y comprensible en la más reciente entrega -la quinta en orden cronológico- donde finalmente los propios realizadores e involucrados son plenamente conscientes de la calidad de divertimento efímero que son las películas y abrazan esta cualidad de la mejor manera posible, convirtiendo a Rápidos y Furiosos 6 en una obra maravillosa de gran potencia y acción equilibrada pero espectacular.

La historia resume con una carrera entre Dominic Toretto y Brian O’Conner, simplemente para recordarnos cómo fue que comenzó todo esto y qué clase de relación tienen ambos. Rápidamente descubrimos que están yendo junto a Mía (Jordana Brewster), quien está a punto de dar a luz, y Toretto le recuerda que una vez que eso suceda, nunca más podrán volver a ser los de antes. Una vida acaba y otra empieza, y es así como finalmente esta serie toma un rumbo memorable, alejándose de lo autoparódico que llegó a ser un par de películas atrás y tomando un camino distinto que definirá de una vez por todas a una clase de películas que serán recordadas de muy buena forma a pesar de sus claros problemas.

Es evidente que ya tienen algo distinto en mente una vez que inicia una secuencia de créditos -algo que solamente tuvo The Fast and the Furious: Tokyo Drift– y muestran los eventos más importantes de todo el recorrido desde la primera película, aquel sorpresivo éxito de Rob Cohen en el 2001. Todos los caminos conducen a esto: correr por la familia, un tema que persistía en la primera película y fue dejado de lado en las siguientes, aquí vuelve a ser el centro de todo lo que ocurre y hace que el peligro que sienten los protagonistas sea un poco más sentido y real. Ayuda bastante que la mayor parte de las escenas de acción sean prácticas y no tan digitales, y emociona aunque sea superficialmente tener a todos los actores reunidos.

La trama es bastante lineal, sin complicaciones, por momentos de telenovela, por momentos ridícula y muy fácil de desmenuzar, pero es simpático como varias veces durante la historia reconocen que se trata de algo absurdo, como cuando Roman (Tyrese Gibson) se fija en las fotos del equipo de “malos de turno” y nota que son como sus gemelos malvados, algo bastante normal en películas de acción de equipos contra equipos. Es esa propia consciencia del guion de Chris Morgan lo que hace que lo absurdo de todo sea vibrante, repleto de energía y que se disfrute sinceramente dejando de lado el cinismo y la arrogancia de creer que una obra puramente “pochoclera” como esta no puede ser una verdadera buena obra.

Esta vez, Hobbs (Dwayne Johnson) junta al equipo de Toretto con el objetivo de atrapar a un criminal mucho más peligroso de lo que ellos fueron alguna vez y cambio les promete a todos un perdón total para que puedan volver a casa. Además de eso, revela que Letty (Michelle Rodríguez) sigue viva y trabaja para Shaw (Luke Evans), el líder criminal que está buscando alguna clase de aparato que podría poner en peligro a todo un país. Este “aparato” es un simple McGuffin que sirve como excusa para poner a ambos equipos pisándose los talones y destruyendo cuantas calles pisen con el acelerador a fondo, y vaya que es una buena excusa.

El problema más claro de las anteriores entregas es que las secuencias de carrera quedaban entre la repetición y lo irrisorio, pero el director Justin Lin finalmente entiende la importancia de la variedad, mantenerse fresco dentro de la rutina, y logra que cada secuencia de acción sea distinta una de otra a pesar de que por lo general son predecibles y aún ridículos o bastante inverosímiles. Pero no se le va a negar que esta vez entrega dosis impresionantes de acción, con momentos honestamente sorprendentes y reacciones inesperadas. Los protagonistas la sufren en varias situaciones y las chances de salir ganando no son siempre indiscutibles sino hasta que hayan sufrido lo suficiente o hasta que las leyes de la física comienzan a ser violadas.

Por supuesto, hay un par de escenas donde no puede con su genio y debe convertir a los personajes en imitadores de Superman. Pero aún cuando el peligro deja de sentirse por falta de credibilidad, el entretenimiento sigue estando presente simplemente porque hay una enorme escenografía, hay diálogos simpáticos o simplemente porque todo está explotando en cámara y la dirección hace que se entienda en todo momento lo que ocurre. Pero como este es ya el nuevo rumbo de la serie, no solamente hay autos tuneados yendo rápidos. Hay convoys, hay tanques, hay motocicletas, y lo que más hacía falta, hay mujeres pateando traseros. Letty se enfrenta poderosamente a Riley (Gina Carano), que es en realidad una gran luchadora de artes marciales mixtas, y es un deleite ver cómo se atizan imparablemente.

Como dije anteriormente, la trama es bastante simple y lineal, y aunque todo queda bien dentro del reconocimiento propio de lo imposible que es la historia y las secuencias, esto juega en contra porque inevitablemente es predecible, y eso solo hace que uno ya anticipe los cambios, los giros y las sorpresas, que para nada lo son. Así también, los momentos de telenovela dilatan el desarrollo y la película termina sintiéndose más larga de lo que realmente es. No se le puede perdonar que hayan decidido optar por la “amnesia” como respuesta al misterio de Letty o que a pesar de las notables advertencias del villano de turno, no hayan pensado en las muy obvias consecuencias, así como el giro a lo The Dark Knight del criminal que se deja atrapar con un “plan impensado”.

Aparte de eso, todo se disfruta. Tener de nuevo a todo el grupo es emocionante, la banda sonora sigue siendo un punto alto y si el desarrollo de personajes no es tan interesante como pretenden, hay de todo un poco como para sentirse atraídos aunque sea durante el visionado. También resulta genial que finalmente conecten esta película con Tokyo Drift y expliquen donde queda la muerte de Han (Sung Kang), lo que pronostica una séptima y última entrega alucinante donde definitivamente y a pesar de su valor enteramente comercial, Rápidos y Furiosos será una de las franquicias más entretenidas del cine. Por ahora, ya tomaron el camino correcto.

Acerca de Emmanuel Báez 2264 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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