‘Nada Es Lo Que Parece’, trucos de magia que no sorprenden

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Now You See Me parece una de esas películas realizadas en los años 30 cuando el cine de misterio comenzaba a mostrar intrigas difíciles de resolver y criminales complejos de leer con finales totalmente inesperados que dejaban con la boca abierta al público. Ahora es un thriller más del montón que recurre a la destreza media de su director y a trucos de edición de manual para tapar su absurda historia repleta de ridiculeces, el romance más innecesario del cine de los últimos años y el giro final más insatisfactorio de cualquier película de magia e ilusionismo de cualquier era.

Louis Leterrier debutó como director con Unleashed hace unos años y es probablemente uno de los pocos directores que quitó algo de verdadero drama de los ojos de Jet Li en occidente. Unos siete años después y ese sigue siendo su mejor trabajo, aunque se nota demasiado que quiso firmar su mejor obra con este thriller de misterio que es puros artilugios y banda sonora con una edición acelerada que funciona como distracción efímera a sus evidentes falencias. La película es un truco de magia en sí mismo, pero lastimosamente los trucos son fáciles de ver y la fachada cae a pedazos con el mínimo escrutinio dejando entrever un absurdo guion que se esfuerza sobremanera en hacer creer que es más inteligente de lo que es realmente, con diálogos rebuscados y constantes explicaciones acerca de su naturaleza, lo que hacen que sea simplemente más insoportable de seguir, aunque es cierto que el ritmo apresurado de su endeble estructura logra que las casi dos horas de duración pasen volando. Ahí yace la única verdadera magia de la obra.

La historia presenta a cuatro personajes que trabajan como magos e ilusionistas, cada uno con una habilidad distinta, ya sea hipnotizar y leer la mente de las personas o simplemente saber cómo meter la mano en el bolsillo ajeno. Estos cuatro individuos son aparentemente los mejores en su rama, ya que una invitación extraña llega a sus vidas y los reúne en una locación determinada en la que descubren los planos de un plan maestro que los hará famosos y pondrá en marcha un designio que, de concretarse como todos esperan, será el truco de magia más sorprendente de la historia. Sin embargo, más allá del prólogo y la superficial presentación de personajes, no hay nada que valga la pena seguir con atención, más aún cuando comienzan las exposiciones de eventos que acaban de acontecer que por poco no se muestran con indicaciones en una pizarra, a prueba de tontos.

Lo bueno es que estos cuatro protagonistas son agradables y tienen una química decente que hace que la aventura, por decirlo de alguna manera, sea más digerible. Woody Harrelson, Isla Fisher, Jesse Eisenberg y Dave Franco son los que se presentan luego como un equipo de magos conocidos como Los Cuatro Jinetes, y están bien. No hay más aparte de eso que se pueda decir sobre sus personajes porque sencillamente no hay ninguna clase de información extra que haya que manejar. Son tan unidimensionales que uno termina sintiendo más simpatía por algunos de los extras que hacen del público de sus espectáculos, de quienes al menos se sabe que están pasando por tiempos difíciles económicamente hablando ya que aparentemente Los Cuatro Jinetes llegaron para cambiar sus destinos. Y lo hacen robando un banco, o eso es lo que quieren que se crea. El guion de Ed Solomon, Boaz Yakin Edward Ricourt se pasa más tiempo enseñando acerca de “la distracción” que siguiendo a sus protagonistas y desarrollando la historia o lo que queda de ella, y realmente exageran tanto en esto que para la mitad de la película se hace ridículamente obvio quién está detrás de todo.

El truco de los magos llama la atención de la FBI y el agente Rhodes se encarga del caso. Mark Ruffalo hace lo que puede con lo que tiene y probablemente llega a tener tres o cuatro expresiones distintas durante la película. En esto compite con los secundarios más trillados del género policial: el sabio que se las sabe todas (Morgan Freeman) y la novata que tiene su primer caso serio (Mélanie Laurent). En algún lugar entre ellos dos está Michael Caine como el multimillonario benefactor del cuarteto, aunque, una vez más, eso es todo lo que sabemos de él. La obra es un continuo despliegue de personajes de cartón sin motivaciones, personalidad, o el más mínimo resquicio de control sobre sus propias acciones, pero lo que sí hacen es hablar constantemente aunque ni ellos mismos parecen estar conscientes de lo que dicen. Para cuando llega la primera hora de la película ya se habló de sociedades secretas, mitología egipcia, viajes a través del tiempo y el espacio, pero en ningún momento alguien se sentó a decir algo verdaderamente sustancial acerca de los protagonistas, y poco después ya poco o nada importa, porque el “gran truco” avanza frenéticamente y no da indicios de detenerse a dar un respiro.

De alguna manera logran incluir una subtrama romántica completamente aleatoria que tiene tanta convicción como Leterrier tiene confianza en el guion que tuvo entre manos. Su dirección es tan lineal como le es posible y gracias a la rápida edición, logra que su historia se sostenga hasta el final con la poca fuerza que tiene. Algunas secuencias de acción aquí y allá, la audición de Franco para ser el próximo Gambito en alguna futura película de X-Men (literalmente se pone a lanzar cartas como mecanismo de defensa) e Isla Fisher con poca ropa a punto de ser devorada por pirañas carnívoras digitales, son algunos de los puntos redimibles de la obra. Todo lo demás, es como un niño que acaba de aprender un truco de cartas y se emociona en demasía al mostrarle a sus padres, que ponen cara de anonadados aunque en el fondo esperan que no quiera repetirlo.

Acerca de Emmanuel Báez 2332 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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