‘Evil Dead’, espectáculo sangriento sin compasión

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Hay una cantidad limitada de cosas que pueden suceder en el cine de terror actualmente que es toda una sorpresa cuando llega una película que aún dentro de este angosto repertorio se alza como más que eficiente a pesar de ser evidente. Y eso es lo que termina siendo Evil Dead, un espectáculo gore con pocos sustos pero con una cantidad suficiente de secuencias incómodas, intensas y espeluznantes como para hacer varias muecas de desagrado y al mismo tiempo de aprobación y terminar el visionado con unas ganas de tomarse una ducha caliente para limpiarse el cuerpo, por las dudas, en caso de que algo de sangre haya salpicado.

Para apreciar enteramente este título primero tenemos que convenir en que el género de terror no está en su mejor momento, en especial el gore que sigue viviendo debido a que sus más fieles seguidores por lo general se contentan con lo mismo de siempre y son bastante fáciles de seducir: desmembramientos, decapitaciones, sangre, sangre y más sangre. Evil Dead tiene todo esto y más, pero hay un notable conocimiento en la materia como para encontrarla distinguible y el producto final es admirable. Así que a pesar de no ser enteramente original -más aún tratándose de un remake- es indudablemente un paquete que se deja disfrutar la mayor parte del tiempo.

La historia se centra en Mia, una joven drogadicta cuyos mejores amigos y su hermano distanciado se reúnen para llevarla a una cabaña y mantenerla ahí con el propósito de ayudarla a superar su adicción. En la lista de las excusas estúpidas para ir a una cabaña en una película de terror, hay que admitir que esta no carece de lógica y es relativamente fácil de aceptar. Hubiese preferido que dieran alguna razón por la cual no la llevaron a un centro especializado, pero no es ridículo pensar que pudieran creer que sería una buena idea ayudarla más personalmente, más aún teniendo en cuenta que una de las amigas es enfermera.

De cualquier manera y antes de ponerse a analizar innecesaria y detalladamente, la película avanza a velocidad media con algunos saltos predecibles y poco eficientes, sin mencionar un prólogo que realmente podrían haber evitado ya que, aunque como una secuencia aislada es magnífica y establece más que bien el tono general de la película, evidencia una falta de sustancia en el primer acto, donde ofrecen los mencionados sustos baratos y artificiales que simplemente no funcionan para nada. Pero una vez que sucede lo inevitablemente predecible -la situación demoníaca que se cierne sobre los protagonistas- la película se pone alucinantemente entretenida.

El prescindible grupo de amigos está compuesto por actores muy recientes y poco conocidos, entre los que resaltan probablemente Shiloh Fernández como el más experimentado, seguido de Jessica Lucas (la insoportable secundaria en Cloverfield), y los menos versados Lou Taylor Pucci y Elizabeth Blackmorequienes son los que tienen escrito “a morir” en el rostro desde el principio, aunque sus diálogos tampoco ayudan al menos a crear una atmósfera de misterio como para preguntarse si alguien logrará sobrevivir al final. La desconocida Jane Levy (si ignoramos su papel principal televisivo) se levanta como la última heroína de la historia, aunque su presencia sea innegablemente inferior en todo sentido a la de Ash. Es para preguntarse si hubiera sido diferente tenerla despierta en todo momento y establecerla como la heroína desde el principio, en vez de usarla como una especie de alegórica dualidad acerca de los efectos de las drogas, o quizás simplemente esté examinando más allá de lo posible. Lo cierto es que uno de los problemas de este remake es que ninguno de los demás personajes tiene una pizca de personalidad definida, y por ende, no importan en absoluto, y la única que tuvo una breve exposición es la primera en ser poseída.

Lo que queda entonces es resignarse a que estamos viendo una película con personajes secundarios y ningún principal que tome el papel de líder. El único probable, el hermano de Mía (Fernández) solo está para cumplir la regla básica del cine de terror: el protagonista debe tomar decisiones idiotas para mover adelante la trama. Y es exactamente lo que hace. Por supuesto, gracias a eso, tenemos el festival de mutilaciones, cercenamientos, deformidades y asquerosidades sangrientas de toda clase que nos prometieron desde un principio, y por eso, la película se mantiene brutal y estupenda. Sumemos a eso una inspirada banda sonora firmada por Roque Baños, que se mantiene entre penetrante y épica, que acompaña las secuencias más estremecedoras con buen pulso para que la experiencia sensorial sea doble.

Evil Dead es una película repulsiva filmada con una notable vehemencia y cariño hacia el género, además de los claros homenajes a la original de Sam Raimi que no podían faltar. El director uruguayo Fede Álvarez se mueve en terreno sinuoso evocando una atmósfera nauseabunda que parecía ausente en películas similares durante los últimos años, y lo hace con una destreza que está equilibrada entre propia y de consideración hacia los mejores títulos de las décadas pasadas, en especial la que acá reimagina espléndidamente. Su final no llega sin escepticismo, con una heroína cuya asunción resulta poco convincente, pero el espectáculo dado es inmisericorde a quien pretenda exigir más a una obra cuya máxima aspiración es asquear al espectador. Sin mayor profundización, eso es exactamente lo que logra.

Acerca de Emmanuel Báez 2365 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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