‘Amour’, el examen final del viaje de la vida

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«La vida siempre tiene un final infeliz, pero puedes divertirte bastante en el camino y no todo tiene que estar goteando en profundo significado» —Roger Ebert, crítico de cine.

La mayoría de las veces que se habla de la muerte, se suele llegar a la conclusión de que lo verdaderamente importante es el camino y no el desenlace. Se habla de la importancia del legado, de la herencia espiritual, cultural o social que deje una persona, de los recuerdos y anécdotas, y a partir de ahí se arma la imagen que esa persona dejará al partir. Raras veces hablamos de la muerte como un proceso lento y doloroso en el que se ponen a prueba todas las lecciones aprendidas durante la vida. La muerte es el examen final.

Michael Haneke toma esta idea y la pone en el medio de una pareja que ya no se encuentra en la plenitud de su vida, pero que han visto pasar frente a sus ojos lo suficiente como para saber que los años que les esperan adelante ya no son los más fáciles. El final del viaje no llega con dulces melodías ni coloridas remembranzas, sino con un golpe descarnado, como una rama vieja que se desprende de un árbol repentinamente para no relucir nunca más, y así, con un crujido ahogado, una vida se termina.

La base entera de Amour es esa misma: la descripción de los eventos de una pareja adulta que se encuentra cortejando a la muerte. La película se desarrolla sin banda sonora alguna, y no necesita banda sonora alguna. Es así de cruda y realista y nos recuerda sin sutilezas ni ornamentos que la vida misma desconoce de aderezos y no se preocupa en aliviarnos el final del camino. Esa es una tarea de los seres queridos más cercanos.

Así, la historia que empieza por el final -para dejarnos bien claro desde el principio que no se andará con rodeos-, sigue luego con la presentación de los protagonistas, Georges y Anne, interpretados por Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, ambos una fuerza de la naturaleza al encarnar tan poderosamente a sus personajes. La primera vez que vemos a ambos es en un magnífico plano general dentro de un teatro, donde los ojos del espectador se encuentran en el escenario, mirando hacia el público. Es innegable lo brillante de esta composición, que aun sin estar acostumbrados a los rostros de estos dos actores, la mirada se sitúa rápidamente sobre ambos sentados casi en una esquina esperando el inicio del evento.

Haneke colabora con la fotografía de Darius Khondji (nominado al Oscar por Evita) en una paleta de colores casi celestial durante el desarrollo y una dirección agraciada con una economía de movimientos ideado con el claro propósito de no pretender evocar ninguna emoción en el espectador, sino a través de las caracterizaciones de Trintignant y Riva, que así se vuelven voceros de una película que por su cruda sencillez, puede resultar difícil de soportar. Por ello, es imposible sentirse ajenos a una historia que se muestra humilde en todo momento y no cae en manipulaciones. La conclusión es totalmente personal, pero me atrevo a decir que será la misma en la mayoría de los casos: Amour es una obra maestra que dice mucho de la vida.

Ocasionalmente tenemos la visita de Isabelle Huppert, quien hace de Eva, la hija de ambos que se muestra claramente preocupada, pero sin comprender del todo el amor que tiene su padre hacia su madre. No parece que la relación entre padres e hija sea una distanciada, lo que hace que sea más interesante pensar en la relación entre Georges y Anne, ya que la película en ningún momento cuenta nada de lo que fueron sus vidas antes de eso, sino simples sugerencias y detalles para darles más sustancia, aunque no sean totalmente relevantes para la historia. Anne era una renombrada maestra de piano y Georges era un “monstruo a veces, pero muy amable”, como le dice con simpatía y cariño ella mientras están en la mesa.

Es realmente todo lo que necesitamos saber de ellos para sentirnos inmersos y conmovidos por lo que va ocurriendo, y cómo los problemas de Anne van convirtiéndose en la prueba final de Georges, que aunque se llega a encontrar superado por algunas situaciones, no duda jamás en amarla a su manera, si bien su demostración pueda resultar algo alejada por momentos, es que es simplemente diferente. Y aceptamos eso, y aceptamos que cada pareja puede tener su forma diferente de enfrentar estos momentos tan delicados, y así aceptamos que Georges y Anne en realidad son una pareja modelo, y así se vuelve imposible no impresionarnos por la forma en que ambos enfrentan la situación de ella.

Ya desde el principio sabemos que la historia definitivamente llega a su final infeliz, y así también sabemos que no hay ningún “significado profundo” en todo esto, sino la simple lección de que el amor ciertamente puede ser la mejor defensa cuando nos encontremos en el final del viaje, allá donde lo más reconfortante podría ser la mano de un ser querido que sepa tomar esa difícil decisión de acortar nuestro sufrimiento. Esa es la prueba definitiva de amor.

Acerca de Emmanuel Báez 2264 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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