‘X-Men: Días del Futuro Pasado’, arreglando errores pasados

 x men days of future past reseña dest

Se hacía imposible entrar a ver X-Men: Days of Future Past sin pensar en The Last Stand, la tercera película que tendría que haber sido dirigida por Bryan Singer, pero terminó en manos de Brett Ratner cuando el otro fue a dirigir Superman Returns. Podría haber sido una trilogía realmente impresionante, pero a pesar de las adiciones en la tercera entrega, es bastante fácil ver por qué es recordada con penas por la mayoría.

Luego vino X-Men Origins: Wolverine, que de la misma forma es mejor olvidar, ya que tomó a uno de los personajes más interesantes de la franquicia y le dio una historia poco digna, pobremente ejecutada, y que se quedó corta de honrar su actitud irreverente. Fox estaba en apuros, y recibió de nuevo a Singer como productor y Matthew Vaughn como director para un nuevo comienzo, y fue así como llegó First Class, que entregó la película más atractiva y entretenida de todas hasta la fecha.

Era evidente que gran parte de eso se debía a un elenco muy bien seleccionado para los papeles principales de los jóvenes Xavier y Magneto. James McAvoy es astuto y destila inteligencia, y Michael Fassbender tiene una presencia verdaderamente magnética, si perdonan el juego de palabras. Pero una continuación necesitaba algo más grandioso, menos el peligro de repetir los errores de The Last Stand, así que Bryan Singer volvió a la dirección e hizo algo magníficamente entretenido.

X-Men: Days of Future Past no es temáticamente la mejor de la franquicia, pero definitivamente es la más entretenida. Siempre que la trama involucre viajes en el tiempo y haya en juego una inminente continuidad retroactiva, aumenta el riesgo de que se dejen ver hoyos argumentales que serían fáciles usar en contra de la propia historia, pero Singer y el guionista Simon Kinberg logran la hazaña. La película tiene sus problemas, que por lo general son preguntas sin responder, pero el panorama general es que el camino está arreglado, y si no les gustó la tercera película, ya no tendrán de qué preocuparse.

Esta entrega comienza en un futuro no especificado, cuando la raza mutante se encuentra al borde de la extinción, y así también los humanos que los ayudaron a escapar del exterminio por parte de los Centinelas, unos androides avanzados capaces de mimetizarse para contrarrestar poderes mutantes. Los hombres X se encuentran evadiendo sus ataques una y otra vez, mayormente gracias al nuevo poder de Kitty Pryde (Ellen Page), que ahora es capaz de enviar la conciencia de alguien al pasado, con el objetivo de advertir acerca de futuros ataques.

No pregunten cómo adquirió esta gran habilidad, porque no lo sabrán. Solo asuman que habrá evolucionado un poco más o que tomó alguna poción. Su nuevo poder funciona para crear la base de la trama, y eso es suficiente si se dejan llevar. La película arranca con una gran secuencia en donde vemos a futuros mutantes demostrar sus distintos poderes con gran dinámica, desde los conocidos Iceman y Colossus, hasta los nuevos Sunspot y  Blink, que puede crear portales que resultan bastante efectivos a la hora de luchar contra los centinelas.

También vemos de nuevo a Patrick Stewart como el Profesor X e Ian McKellen como Magneto, en una situación comprensible de arrepentimiento por los errores del pasado. Tampoco pregunten cómo el Profesor está vivo, porque no lo sabrán. Solo queda aceptar que es bueno tenerlo de vuelta, porque realmente fue una decisión horrible matarlo en The Last Stand (aunque esa película tiene una escena post-créditos donde supuestamente él sigue vivo).

Este arranque también presenta otro de los problemas de la película, y es que resulta absurdo que Xavier explique a todo el grupo el origen del mundo donde viven, porque es absurdo pensar que tras décadas de persecución, ninguno de ellos sepa dónde empezó todo. Es obviamente un recurso para relatar al espectador, y ahorrarse algo de tiempo para avanzar rápidamente la trama. Así es como Kitty Pryde envía la conciencia de Wolverine a su yo más joven, más convenientemente tras los eventos de First Class, para convencer a los jóvenes Xavier y Magneto que deben detener a Mystique, ya que un asesinato perpetrado por ella es la razón del caos futuro.

Una vez en el pasado, Wolverine los busca y los une, poniendo ante ellos la devastación que sufrirá el planeta si no corrigen sus senderos, que se desviaron notablemente tras su separación. Pero no será tan fácil para Wolverine -por cierto, un Hugh Jackman que se sigue viendo fornido, aunque con ciertos indicios de un cansancio cercano-, y requieren la ayuda de otro mutante llamado Quicksilver (Evan Peters), que tiene la habilidad de moverse a una velocidad increíble. Con él ingresan al Pentágono, y liberan a Magneto, en lo que es definitivamente la secuencia más resaltante e hilarante de toda la película. Su aparición es tan sorprendente como su posterior ausencia, que resulta insólito teniendo en cuenta que con su habilidad la película podría haber terminado a los diez minutos siguientes.

Pero es evidente que eso no puede suceder, por lo que se despiden de él tras su brillante intervención, y prosiguen al destino de evitar a Mystique asesinar a Bolivar Trask (Peter Dinklage), que no logra convencer al Congreso de financiar su proyecto Centinela. Jennifer Lawrence siempre fue una buena elección para el papel de Raven, pero porque es una buena actriz (o porque es el rostro del momento), y no porque exuda la sensualidad innegable de Rebecca Romjin. No era sensual en First Class, y sigue sin ser sensual en esta, pero es creíble pateando traseros, y eso basta.

Una vez que todos los mutantes están desatados y los conflictos personales se disipan, la película sigue su curso de presentar escenarios asombrosos de puro espectáculo palomitero, y lo consigue sin mucho esfuerzo, quizás sin mucha lógica, pero así también sin mayores obstáculos. Siempre está el problema de una película con personajes que tienen grandes poderes que corre el riesgo de resultar inverosímil, pero aún así se ven contenidos y no hay exageración aparente, a menos que cuenten como exageración que Magneto decida mover todo un estadio de fútbol para acorralar la Casa Blanca.

Lo que hace que X-Men: Days of Future Past funcione bastante bien, a pesar de sus logros como película propia, es que es casi un borrón y cuenta nueva con respecto a The Last Stand. Quedan las incógnitas de cualquier película de viajes en el tiempo, pero así también queda el divertimiento de la superficie, y la siempre notable crítica social acerca de la discriminación que presentan las historias de X-Men. Las primeras películas resaltaban más esa cuestión, pero es un tema inherente a la existencia de estos personajes, y por esa razón todas sus luchas siempre son relevantes en cualquier análisis. Bryan Singer lo entiende, y crea de nuevo con astucia un gran función de cine.

Acerca de Emmanuel Báez 2281 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D