‘X-Men: Apocalipsis’, más de lo mismo pero bien

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Mientras miraba X-Men: Apocalipsis no podía evitar pensar en uno de los geniales chistes de Deadpool en su propia película hace unos meses, cuando se refería a las confusas líneas de tiempo de las películas de X-Men. Estas películas están hechas para disfrutarlas de forma independiente, sin pensarlas demasiado en el contexto de las demás porque fácilmente caen en incoherencias, o todo el conjunto no es lo suficientemente sólido como para merecer un gran debate acerca de la continuidad o el peso metafórico de las mismas. En ese sentido, esta última entrega es meramente entretenida.

Decir eso es algo que me apena un poco, ya que el inicio de la era de los superhéroes en el cine de la última década es algo que se lo debemos en gran parte a la primera película de X-Men, de Bryan Singer, que junto con el Spider-Man de Sam Raimi, probaron que estos personajes realmente pueden funcionar en la pantalla grande siendo algo más que simple diversión pasajera. Las historias de los mutantes siempre estuvieron cargadas con mensajes acerca de la discriminación y la aceptación propia, y es algo que ya se perdió en las últimas películas. En vez de eso, con Días del Futuro Pasado, se convirtieron en puro espectáculo más inclinado hacia lo visual.

Esta tercera entrega de la nueva trilogía iniciada con Primera Generación se sitúa unos diez años después de la última vez que los mutantes dieron la cara, volviéndose en una amenaza pública por primera vez. Las cosas están muy diferentes, con el Profesor finalmente dirigiendo la escuela que tanto soñaba, pero con estudiantes nuevos que apenas están probando sus habilidades. Mystique se encuentra recorriendo el mundo en una cruzada por liberar mutantes, y se topa con Nightcrawler (que en los comics es su hijo y me hubiese gustado que exploraran eso), mientras que Magneto trata de llevar una vida humana sencilla, con una esposa y una hija pequeña que se convirtieron en la razón principal de su existir.

Al otro lado del mundo, Moira Mactaggert se encuentra persiguiendo a un grupo de personas que creen en el regreso de un mítico ser que resulta ser uno de los “primeros mutantes”, En Sabah Nur, que posee una conjunción de poderes que lo hacen casi invencible. Accidentalmente lo despiertan, y la película sigue su camino directo hacia las convenciones más conocidas del género, algunas de las cuales son bien explotadas, y otras que Singer no logra aprovechar para desviar a su producto de lo predecible, tocando varios puntos que ya fueron cubiertos anteriormente sin ofrecer algo verdaderamente novedoso como para que no se sientan más de lo mismo.

Lo nuevo de esta película radica mayormente en su casting. Tenemos a Sophie Turner de Game of Thrones haciendo de una joven Jean Grey, que en papel es una de las mutantes más poderosas, algo que se intentó explorar en X-Men: The Last Stand con paupérrimos resultados. El enfoque acá es uno más interesante, pero sigue teniendo un problema de desarrollo que hace que su eventual liberación se sienta forzada, aunque su interpretación es algo que está a su favor todo el tiempo. Kodi Smit-McPhee personifica a un joven Nightcrawler, y aunque no está para nada cerca del memorable trabajo de Alan Cumming, el parecido y las expresiones lo hacen agradable.

El deleite mayor debería ser el villano de turno, interpretado por Oscar Isaac, pero bajo tanto maquillaje -bastante evidente en algunos planos- y un personaje típico unidimensional con una motivación refrita, lo único que queda es disfrutar de cómo los especialistas de efectos especiales lo hacen ver más grandioso de lo que realmente es. Es cierto que las películas de Marvel Studios tienen un problema de villano, pero como mínimo, tienen carisma y presentación, dos cosas que no puedo decir de Apocalipsis. No se veía caricaturesco a lo Ooze como algunos decían, pero tampoco se sentía tan intimidante como debería ser alguien que puede eliminar una gran cantidad de enemigos antes de contar hasta dos.

A pesar de las falencias, la película no se siente lenta ni aburrida. Ahí tenemos a James McAvoy y Michael Fassbender repitiendo como el Profesor X y Magneto, siendo una vez más la joya de todo el espectáculo. Fueron un gran casting desde el principio y maduraron rápidamente en sus respectivos personajes, quedando a la altura de lo que llegaron a hacer Patrick Stewart e Ian McKellen en sus mejores momentos.

X-Men: Apocalipsis tiene muy buenas ideas, pero en la ejecución es donde radica su mayor problema. El ejemplo más claro es la reaparición de Quicksilver, que tuvo la mejor secuencia de todo Días del Futuro Pasado. Acá quieren repetir la fórmula, pero la misma llega en el momento menos apropiado, en una escena que es sumamente emocional, que no tiene sentido alguno que hayan elegido dicho momento para tratar de impresionar de nuevo con sus habilidades. Sin importar qué tan asombroso y simpático sea su escena, la misma se siente completamente fuera de lugar.

El resto es una buena demostración de parafernalia reforzada por un elenco bien acertado. Alexandra Shipp como Storm en una visión diferente a lo que hizo Halle Berry, Ben Hardy haciendo justicia como un mejor Angel de lo que se vio en la tercera X-Men, y Olivia Munn resaltando entre las malas como la aterradora y sensual Psylocke. Todos aportan para llevar adelante un guion que hasta el final no tiene mucho de súper.

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Acerca de Emmanuel Báez 2332 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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