‘Un Monstruo Viene a Verme’, el poder sanador de las historias

***Esta reseña puede contener spoilers***

Como muchos otros, me enamoré del cine porque me distraía del mudo real, pero al mismo tiempo me enseñaba a enfrentarlo con confianza. Es el arte que encapsula todas las artes, y a través de ello, es capaz de inspirar, emocionar, y dejar una marca indeleble en una persona que tal vez necesitaba una lección para seguir adelante. Un Monstruo Viene a Verme no ofrece una historia original (solo en el 2016 tuvimos dos producciones grandes sobre niños y monstruos) ni tampoco una moraleja novedosa (cientos de películas hablaron antes sobre el poder de las historias), pero es sin duda alguna una de las más sólidas y emotivas de los últimos años, y su golpe emocional está acompañado de uno de los mejores personajes titulares en la fantasía.

Un chico de unos doce años vive solo con su madre, que se encuentra peleando contra una enfermedad, y tiene etapas en que se encuentra lo suficientemente lúcida como para cumplir su rol de mamá, aunque la mayor parte del tiempo está descansando, dejando que su hijo se desenvuelva con forzada madurez. Conor (Lewis MacDougall), sufre todos los días en silencio, acosado en la escuela, deambulando por las calles de forma solitaria, y escapando a la realidad con sus dibujos. Una noche, un tejo despierta, revelando que es un monstruo, y cuya finalidad es contarle a Conor tres historias. Al finalizar estos relatos, el árbol le demandará al joven que este le cuente su propia historia y su verdad.

Por supuesto, no es más que una fantasía, aunque a veces, como afirma El Monstro, las historias pueden convertirse en criaturas fantásticas y son capaces de cosas maravillosas si llegan a crecer y expandirse. El mundo de Conor, invadido por el dolor y la angustia de la inminente muerte de su madre, va tornándose más tormentosa cada día, a medida que ve como su madre se deteriora y su abuela, con quien no se lleva bien, le avisa que pronto terminará viviendo con ella. Sin embargo, a pesar de las penas, va asomándose también una sensación de alivio que no es capaz de aceptar por la culpa que eso le provoca. Para evitar enfrentar la realidad, se deja golpear por un alumno que va a la misma escuela, logrando calmar temporalmente esa aflicción que lo agobia.

Cada noche, el tejo le cuenta a Conor un relato que tiene que ver con luchas y engaños, amores y dolores, a través de los cuales le enseña al joven que la vida no es en blanco y negro, y que está bien sentirse como él se siente, aunque le cuesta admitir sus pensamientos. Con la poderosa voz de Liam Neeson, el árbol es un gran personaje cuya existencia no importa, porque no estamos hablando realmente de una película de un monstruo y un chico, sino de una historia acerca de crecer, del duelo, y de afrontar la verdad, por más dolorosa que sea. El casting del joven MacDougall es realmente acertado, porque su fisonomía es única para el papel. “Muy grande para ser un niño. Muy joven para ser un hombre”, le describe el árbol apropiadamente, calificando esa etapa de incertidumbres y sentimientos cruzados que no se pueden resumir en pocas palabras.

Felicity Jones interpreta agraciadamente a su mamá, que apenas tiene nombre en la película, así como su enfermedad, que podría ser cualquier tipo de cáncer, como cualquier otro mal. No es tampoco una historia sobre su padecimiento, aunque el propio Conor quiere creer que todo es acerca de ella, cuando en realidad el que más necesita salvación es él. Sigourney Weaver completa el elenco principal con una interpretación estoica e inflexible, pero solo lo suficiente como para dejar entrever su verdadera naturaleza. Toby Kebbell interpreta a su papá, que vive en otro continente y solo aparece cuando puede, ya que ahí tiene otra familia. Su presencia agrega un matiz más de gris a un relato que confunde al chico, que se pregunta cómo la vida es tan compleja. “Los humanos son complicados”, le asegura el monstruo otra noche.

Luego de El Orfanato y Lo Imposible, el director español J.A. Bayona entrega una película magnífica acerca del poder de las historias en nuestras vidas, cómo nos pueden ayudar en los momentos más difíciles y enseñarnos a continuar con la lucha a pesar de las vicisitudes. Peca de un poco de melodrama evidente, pero en ningún momento eso minimiza su moraleja. Si tan solo todos tuviéramos un monstruo así para darnos un empujón, los sucesos más desafortunados podrían ser algo más fácil de soportar. Por suerte, tenemos algo tan grandioso como el cine para ayudarnos en esos caminos, y través de las miles de historias contadas que existen, podemos encontrar siempre una luz de esperanza para no rendirnos jamás.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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