‘Truenos’, una carrera con poca energía

***Esta reseña puede contener spoilers***

El realizador Mario Goia debuta como director de largometrajes con esta producción que, a todas luces, evidencia unas ganas tremendas de seguir haciendo cine comercial en el país. A pesar de sus innegables problemas, el producto final tiene “onda”, es ligero, ameno por momentos, y se aprecia por una total falta de pretensiones ulteriores. Sin embargo, es un producto incompleto, con problemas de montaje demasiado evidentes como para ser anecdóticos, y una dirección que no entiende de drama como para que termine importando su historia. Además, de todos los problemas que tiene Truenos, “la primera película paraguaya ambientada en el mundo de las carreras de automóviles”, no esperaba que uno de ellos fuera la falta total de adrenalina en las secuencias de carreras. Entiendo que el meollo de las picadas es que duran unos pocos segundos, pero en términos dramáticos, hay poco que llega a tener el impacto suficiente como para que importe lo que ocurre antes, durante, y después de cada evento.

La trama gira en torno a Maxi (Robert Grange), un joven amante de los autos que se dedica más a la parte mecánica que a estar detrás del volante como alguna vez soñó. Con un pasado trágico y un presente incierto, simplemente se dispone a trabajar para un equipo técnico preparando un auto para un torneo de picadas renombrado a nivel nacional, denominado “Copa Truenos”. Para salvar la reputación de su piloto, que se encuentra borracho poco antes de iniciar una carrera, Maxi lo reemplaza y gana el evento, dando inicio a una farsa que deberá continuar si es que quiere estar más cerca de su sueño de tener un taller propio y poder ayudar a su madre, que está atiborrada de cuentas para pagar. A medida que crece el enredo y su oponente, el campeón Rodrigo (Juanse Buzó), empieza a sospechar lo que está ocurriendo, Maxi y sus compañeros deberán encontrar la forma de llegar a la final sin ser descubiertos.

En esencia, hay una historia buena en Truenos, la típica historia del “underdog” que resulta ser idóneo para su destino, pero que no se atreve a comprobarlo hasta que es realmente imperativo. Introvertido, de pocas palabras, Maxi demuestra sus habilidades, y con la ayuda de sus amigos y una mujer de su infancia que regresa para apoyarlo, termina convirtiéndose en el piloto que alguna vez quiso ser. Está todo bien con la premisa de la historia, y el propósito es muy sencillo como para pedirle de más, pero el acercamiento de Goia a la historia que tiene entre manos es apenas competente, y su falta total de experiencia anula por completo el disfrute de la película. En muy pocas ocasiones la cámara está en un lugar apropiado para que la escena fluya con tranquilidad, y hasta esos momentos parecen accidentales porque rápidamente hay algún corte brusco o un cambio de escena que simplemente no encaja. Entre planos ultra cerrados que no corresponden o incomodan sobremanera (que fácilmente corresponden al 80% de la película), planos desenfocados que son vergonzosos, y una sensación de escenas completas que faltan, solo se puede rescatar la energía entusiasta que acompaña toda esta producción.

Actoralmente también parece tener sus puntos a favor, en especial con Rubén Zapattini que interpreta al piloto original del equipo, y cuyas motivaciones son más que nada familiares. Tiene un arco interesante –si bien demasiado novelesco- donde revela una falta de amor paternal, y su conflicto está bien llevado por su actuación. Si bien parece que la mayoría se interpreta a sí mismo, hay un desenvolvimiento prometedor que me hace pensar en un trabajo aceptable de dirección actoral, y sugiere que algunos de los involucrados podrían seguir buscando un camino en esta carrera. Ana Ivanona, que hace de la mamá de Maxi, destaca con mayor profesionalismo y humildad, y aporta lo suficiente como para que la historia retome un poco de la fuerza que necesita en los momentos de conflicto interno del protagonista. En cuanto a la subtrama romántica, se podría haber omitido por completo y no hubiera tenido ningún efecto negativo en la historia.

No creo que sea una mala película. De hecho, con menos de noventa minutos de duración, todo pasa lo suficientemente rápido como para que el aburrimiento nunca golpee. Sin embargo, las buenas intenciones no hacen buenas películas, ni tampoco los mensajes positivos o los momentos que merecen rescate. Hay algo de cine en Truenos (definitivamente más cine que en algunos títulos paraguayos previos), y eso se puede vislumbrar en el guion que está escondido en el fondo, pero al final de la carrera, no es más que el viejo motor de un auto que resulta penoso ver porque la chapería y la pintura dejan mucho que desear.

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Acerca de Emmanuel Báez 2364 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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