‘Transformers: La Era de la Extinción’, más de lo mismo

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En una de las escenas del último tramo de Transformers: La Era de la Extinción, Optimus Prime libera a unos legendarios guerreros que se transforman en dinosaurios. Lucha contra uno de ellos, intentando convencerlos de que se unan a su causa. Lo domina con una poderosa espada, y cuando lo monta, exclama “¡Te concedo tu libertad!”, a lo que agrega “Lucha por mí o muere”. Si tuviera que reducir esta cuarta entrega a un par de líneas, algo que no se hace nada difícil, elegiría esa, ya que es un gran resumen de lo que ocurre la mayor parte del tiempo, como si el guionista Ehren Kruger hubiese jugado a la ruleta rusa a la hora de escribir los diálogos.

Esta cuarta película es una extensión de las anteriores en cuanto a parafernalia e incoherente caos, pero hay que darle crédito a Michael Bay por prestar atención, aunque sea algo mínimo, a algunas de las quejas con respecto a la trilogía anterior. Así que esta cuarta película es un desastre, pero es un desastre con secuencias de acción comprensibles y un diseño mejorado de los transformers que logra que sean distinguibles por primera vez. Al final, uno acude a estas películas solamente por eso, así que ahí lo tienen.

El primer gran problema sigue siendo que a pesar de todo, hay una evidente intención de contar una historia, por lo que entre las batallas, uno está obligado a seguir una trama que se desenvuelve con personajes que hacen lo posible por resultar interesantes. El segundo gran problema es que se trata de una película de poco menos de tres horas, que provoca un agotamiento mental insoportable. Esta vez seguimos a Cade Yeager (Mark Wahlberg), un fallido inventor de Texas con una hija adolescente que se está escapando de sus manos, y en un último esfuerzo por reparar algo que pueda darles un pequeño ingreso económico, se topa con Optimus Prime, que se encuentra desactivado por una fuerte herida.

Antes de eso, una arqueóloga descubre a los dinobots congelados en el ártico, y vaticina un descubrimiento que cambiará la historia para siempre. Pero antes de eso, una secuencia donde explican como los Creadores de los Transformers fueron los responsables de la extinción de los dinosaurios. Luego de eso, Yeager e hija discuten acerca de cómo ella está creciendo más allá de su control. Un poco después, Optimus Prime despierta gracias a su intervención, y en el poco tiempo que conversan, el líder de los transformers vuelve a creer un poco en la humanidad.

Si les parece un fastidio la forma en que está redactado el párrafo anterior, es solo una muestra de cómo está dirigida y editada la película. En los primeros diez minutos, hay al menos cinco y seis setpieces entre los cuales van saltando sin ninguna explicación, ritmo, o contemplación, a menos que sirva de algo contemplar la bandera de los Estados Unidos de América que queda en perfecto encuadre al menos unas quince veces. Por supuesto, estamos ante una Bay, así que desde las banderas hasta los protagonistas aparecen en contrapicado, como si el cielo fuera a explotar en cualquier momento.

Había hablado anteriormente acerca de cómo había funcionado Pain & Gain porque fue una película que se reía de sí misma, pero en esta cuarta entrega de la saga Transformers, el director vuelve a lo mismo. Sin duda alguna es una mejoría, sin Megan Fox, sin Shia LaBeouf y sus odiosos padres. Pero a cambio tenemos a Tess (Nicola Peltz), la hija de Yeager, y su novio Shane (Jack Reynor), que tienen algunos intercambios tiernos y creíbles, pero que en general no son más interesantes de lo que serían en un drama familiar acerca de una pareja intentando convencer al padre de la chica de que su relación va en serio.

Es más agradable Stanley Tucci, que interpreta a un empresario que está detrás de la materia de la cual están hechos los transformers, con el objetivo de comercializarla hasta el infinito. Todo el desarrollo de la historia tiene que ver con esto, que se entrevera con una alianza entre una operación secreta de la CIA y un transformer conocido como Lockdown, que busca a Prime a toda costa para un propósito ininteligible. Mientras tanto, Tess es raptada y termina en una supernave extraterrestre, y al final del día cierra contrato con alguna compañía de productos de belleza por todo el maquillaje que jamás se le escurrió de tanto sudor y lágrimas de auxilio.

Otro punto a rescatar son los nuevos transformers, entre los cuales están Hound (John Goodman) y Drift (Ken Watanabe). Las voces, geniales, y una vez más, distinguibles, algo que no se puede decir de las anteriores. Watanabe está en modo Watanabe, como en cualquiera de sus actuaciones occidentales, y Goodman parece canalizar su actitud de The Big Lebowski, por lo que es divertido en sus cortos momentos de lucidez. Las batallas se disfrutan, y con una cámara alejada lo suficiente, se aprecian; hasta hay cierto peligro palpable, y las victorias, son casi dignas de elogiar, pero no tanto porque son memorables sino porque al fin acaban tras tanta saturación. Es como si Bay se saboteara a sí mismo adrede, enterrando los puntos buenos con su indeleble firma de destrucción.

Transformers: La Era de la Extinción no es la peor de la franquicia, pero es triste celebrar la mediocridad cuando se debería celebrar algo muy bien logrado. Son personajes distintos, una premisa distinta, villanos distintos, y hasta sorprende que la misoginia del cineasta se haya disminuido, así como su fascinación sexual por lo militar, pero aún así es más de lo mismo, con una duración más extenuante, y por lo que pude comprender antes de perder la cordura, más explosiones por doquier. Parafraseando a Leeloo Dallas: Big Bada Boom.

Acerca de Emmanuel Báez 2280 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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