Reseña: ‘The Social Network’, de David Fincher

Si buscamos un fenómeno que pueda caracterizar a estos últimos años, este sería el de la inmediatez.  La rapidez de la información impacta  en nuestro estilo de vida de manera casi decisiva; basta con fijarnos en el Blackberry desde el cual una persona puede escribir en su blog, twitear o comentar en facebook, poniendo a disposición de sus “amigos” o “seguidores” lo que piensa o le sucede mientras viaja en colectivo o camina por la calle. El cine, obviamente, también responde a este fenómeno, por lo que no sorprende la velocidad con que nacen biografías de personajes muy actuales como W (Oliver Stone, 2008) o Lula, filho do Brasil (Fabio Barreto, 2010), por citar dos casos; a los que se suma esta película sobre la creación de Facebook, sin duda uno de los mas impactantes fenómenos dentro de lo que se vendría a llamar redes sociales.

Dirigida por David Fincher, The Social Network nos cuenta como en 2003 un alumno de Harvard llamado Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) motivado por haber sido “terminado” por su novia, crea Facebook, para luego enfrentarse a demandantes por los derechos intelectuales de su creación. El juicio es una excusa para que Fincher proponga una narrativa fragmentada utilizandolo como  guía para contarnos la historia, además de dotar de dinamismo y mayor interés a una historia muy sencilla.

El corazón de la película es la relación entre Mark y su amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield) y algo que deja claro Fincher es la ironía de esa amistad, ya que el creador de Facebook es todo lo contrario a su creación, o bien un reflejo de lo superficial de la misma.  Mark ni siquiera es capaz de mantener la amistad con su único amigo. Eduardo se contrapone en muchos sentidos a Mark, mostrando más humanidad y sensibilidad y resulta un personaje complejo ya que al principio se involucra en Facebook para colaborar con Mark y pone energía en el emprendimiento, pero ni siquiera está interiorizado con el producto, como se plasma en la escena en la que su novia le regaña por no “actualizar su situación sentimental en Facebook”, a lo que Eduardo responde que “ni si quiera sabe como hacerlo”. Pero enseguida notamos que Eduardo más bien se involucró por fidelidad y admiración a su amigo, pero le falta la pasión hacia su emprendimiento, algo que posee Sean Parker (Justin Timberlake) y que lo convierte ya desde el primer momento en una especie de némesis de Eduardo.

Más complejo aún resulta Mark, al principio aparentemente motivado por cuestiones como “pertenecer a un club” algo que el mismo personaje expresa ya al inicio; o reaccionando a su tropiezo amoroso, Zuckerberg es una especie de Sheldon Cooper (The Big Bang Theory) con algunas dosis  de sensibilidad, que incluso se ve con dificultad de demostrar una verdadera emoción, como nos ilustra Fincher en la escena en la que Facebook oficialmente vive y su reacción es mas bien como si se encontrara calculando algo, que la de estar contento con su logro. Pero hay una contradicción en sus motivaciones, algo que Fincher no desarrolla dejándolo como un personaje algo superficial y quizás ese sea uno de los puntos flojos del guión.

Disfrutamos de buenas actuaciones. Jesse Eisenberg compone un Mark excéntrico, frío;  gracias a ciertos detalles de composición,  posee humanidad y carisma y con eso logra que no lo veamos con total distancia;  Andrew Garfield por su parte, interpreta a Eduardo con intensidad y es efectivo como contrapunto. Por su parte, Armie Hammer se desenvuelve bien como los gemelos Winklevoss, diferenciándolos de manera sutil, aunque en lo físico no exista diferencia clara, como en la realidad;  Justin Timberlake, bueno, es Justin Timberlake y le queda bien.

También es interesante el proceso de creación del Facebook y como a través de pequeños aportes e ideas se va gestando (hay un momento a lo Foreman y Dr. House en el que un compañero despierta el elemento que falta para completar Facebook, preguntándole algo a Mark) y como Fincher, un director por lo general muy cerebral y cínico, no pierde la oportunidad de comparar a Zuckerberg con Bill Gates – dicen que uno de los Thomas A. Edison de nuestro tiempo – o de jugar con el casting usando a Justin Timberlake como el oportunista Sean Parker, creador de Napster. (SPOILER) Y más irónico aun es el plano final en el que vemos a Mark, solo frente a su odenador, esperando ser aceptado como amigo en facebook (FIN DE SPOILER).

El guión aprovecha los dialogos; prácticamente los personajes cuentan casi todo lo que sucede. Algunos dialogos son bastante afilados y funcionan como reflexión  sobre el mismo fenómeno de internet y la exposición de las personas en un medio tan masivo y libre.  Cuando Mark se reencuentra con su ex novia – sobre quién habia hablado mal en su blog – ella le espeta “me llamaste perra en internet…en internet!!!…lo escribiste, como si cada pensamiento que pasa por tu cabeza fuera tan inteligente que sería un crimen no compartir”. Un dialogo que indaga de manera directa sobre el mismo Facebook y el hecho del “comparitir” , algo que tiene su lado positivo por su misma posibilidad, pero negativo en cuanto a sus posibles resultados, por ejemplo, basta con que alguien comente en su muro de Facebook que “Cree que Cinefiloz es un sitio de poca credibilidad”.

Algunas personas preguntarán por qué, otras que directamente confían en el criterio de esta persona – mas aun si es  mediática o periodista – lo tomarán como una verdad y cuando alguien le pregunte sobre Cinefiloz, este ya le dirá “creo que no es confiable”. Como una nueva manera de radio so´o basado en el ñe’êreí propiciado por el impulso desesperado de compartir un pensamiento momentáneo del que ni siquiera se esta seguro.

La dirección de Fincher es de lo mas convencional e impersonal y – a excepción de la tan sobrevalorada secuencia de la regata en la que llega a exhibir algo de virtuosismo, aunque más bien parece un experimento técnico que narrativo –  filma casi perezoso en cuanto a su puesta en escena general, pero recibe ayuda de una bella fotografía cálida teñida de tonos verdosos.

De todas maneras, la historia no pide más que una dirección correcta y un buen manejo del ritmo y Fincher sale bien parado luego del tropiezo que significó Benjamin Button (ridículamente nominada el año pasado). The Social Network es una película sencilla que no maravilla ni ofrece nada nuevo, pero cumple con su cometido de acercarnos de manera entretenida la historia sobre la creación de Facebook y algo sobre su creador. Respecto a su nominación al Oscar, puede que gane, pero eso habría que evaluarlo comparándolo con las demás, aunque hay que decir que el año pasado ya le quisieron dar el Oscar a Fincher y a veces los de la Academia quieren compensar.

Crítica Twit: La red social, un guión sencillo  y cerradito, muy buenas actuaciones y  buen ritmo narrativo. Linda película.

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