‘The Raid 2’, ahora con trama y más acción

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Al igual que Ong Bak, que introdujo al mundo a Tony Jaa, The Raid llegó con una excusa de trama para demostrar que los orientales son innegablemente superiores cuando se trata de películas de artes marciales. Pero a diferencia de las secuelas de Ong Bak, que básicamente se repetían para seguir ofreciendo descansos entre diálogos para que Jaa pueda seguir destrozando cráneos con sus codos, en The Raid 2 quisieron expandir un universo que realmente no necesitaba expansión alguna, porque de cualquier manera ya se convirtió en una franquicia que lo único que tiene para ofrecer de bueno son las brutales secuencias de acción. Y eso no tiene nada de malo.

Pero cuando hablamos de una película de artes marciales de dos horas y media de duración, tiene que haber mucho para rellenar entre peleas, y la verdad es que esta secuela al gran éxito del 2011 es demasiado pretenciosa como para que valga la pena aguantar tantos diálogos. No es que sea una mala trama, ya que de una propuesta de artes marciales pasa a ser un thriller policial interesante, pero el guion dilata innecesariamente tantos acontecimientos y se enfoca en su política por tanto tiempo, que las secuencias de peleas sufren un poco tanta cháchara previa.

Y se debe a que es evidente que tanta corrupción y cambios de bando están simplemente construidos como para justificar un caos próximo. En una escena, dos bandos dialogan y luego de alguna manera ocurre una traición, solo para que en un siguiente setpiece, toda la ferocidad de las peleas tenga razón de existir. Y siguen siendo intensas e impresionantes, porque siguen comprometidos en evitar trucos de cine occidental que recaen mucho en edición y dobles de riesgo y efectos de cámara para causar asombro, y aumentan la apuesta agregando magníficos usos de utilería que solo se atreven a hacer en el cine oriental. Es lo que hizo de The Raid algo brillante, y es lo que hace de la secuela una espectacular.

Pero ya que insisten con una historia más desarrollada, esta continuación sigue nuevamente a Rama (Iko Uwais), que solo momentos después de los eventos de la primera película es reclutado para entrar encubierto a una prisión, y escalar entre los mafiosos de Yakarta con la intención de desbaratar las fuerzas de corrupción de la ciudad y la propia policía. Hay varios bandos involucrados, y todos van tras más poder, y los métodos de acción de este equipo encubierto harán que las decisiones de Rama caigan en un área gris que le cause mucho debate interno.

Pero al fin y al cabo todo apunta a largas secuencias de acción, persecuciones, y peleas destinadas a sorprender, y lo logran sin duda alguna. La dirección de Gareth Evans se repite cruda y sin ediciones mayores, y las coreografías de Yayan Ruhian (que hace también de Prakoso) y de Uwais varían en el inteligente uso de utilerías, pero en combates cuerpo a cuerpo siguen siendo alucinantes y dolorosos de ver, aunque esta vez exageran con sangre digital que sugieren que el cuerpo tiene más litros de lo real. Les guste o no, personalmente noto la diferencia y puede ser fácilmente una distracción. La primera The Raid sigue siendo el ejemplo perfecto de cómo no exagerar nada con los efectos, ni siquiera con los prácticos.

Admiro lo que quisieron hacer con The Raid 2, pero no veo que haya sido necesario, ni me sentí atraído por una intrincada trama de engaño y confianza que ya se vio miles de veces en el cine de este género. Si querían subir de nivel y expandir lo que ya ofrecieron en la primera entrega, habría bastado con el dúo que pelea con martillo y bate de béisbol, o la pelea final con el kerambit que hace que valga la pena haber pasado por todo lo demás.

Acerca de Emmanuel Báez 2279 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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