‘The Mummy’, tendría que haberse quedado enterrada

Marvel Studios cambió para siempre el paradigma del cine blockbuster cuando empezó a interconectar sus películas mediante guiños, referencias, y adelantos evidentes que funcionaron para ir generando expectativa con respecto a todo su universo cinematográfico. Uno puede ser fanático o no de sus producciones, pero su fórmula tiene un margen de error muy pequeño, y eso se debe a que son realizadas en base a una estructura sólida que apunta más que nada al entretenimiento puro. No debería ser difícil seguir la fórmula, pero de alguna manera tenemos algunas imitaciones baratas que no logran emocionar ni con todo el esfuerzo que le pongan.

Si el universo cinematográfico de Marvel es un producto de cierta calidad, el “Dark Universe” de Universal Pictures es como el producto de tercera categoría que se adquiere a menor precio en los mercados más abarrotados de la ciudad. Es un intento desesperado por lucrar inventando una especie de franquicia sin ningún pienso ni consideración hacia el material original que están queriendo adaptar para una generación que no está interesada en productos de inferior calidad. No importa que tan buena estrella sea alguien como Tom Cruise, o que tantos efectos especiales bien trabajados escupan por la pantalla, una película de acción con el personaje de La Momia como parte de un universo cinematográfico de monstruos es algo que sencillamente no puede funcionar.

Al menos esa es la conclusión a la que llego tratando de entender el despropósito que es The Mummy, dirigida por el novato Alex Kurtzman, que tiene dudosa experiencia como guionista, habiendo escrito obras como The Island, Transformers, y Cowboys & Aliens, en compañía de Bob Orci. Esta visión ultra básica y amorfa de uno de los clásicos de terror llega transformada en lo que Kurtzman y su equipo de guionistas habrán interpretado como progreso feminista, cambiando el sexo del personaje, pero sin darle ningún contexto que realmente haga que importe el hecho de que se trata de una princesa egipcia. Imagino que el proceso creativo detrás de tal decisión fue unirse a la tendencia de películas con protagonistas femeninos fuertes y memorables, pero esta visión está lejos de ser digno de su título, y no tiene nada que haga que valga la pena debatir acerca de dicho cambio.

De los tres guionistas (David Koepp, Christopher McQuarrie, y Dylan Kussman), solamente McQuarrie llama la atención porque tiene trabajos sólidos y mejor estructurados, aunque su presencia me hace suponer que Tom Cruise lo llamó para tratar de mejorar en algo un proyecto que no tenía mucha razón de ser desde el principio. La trama arranca con un prólogo y una narración que habla sobre la maldición de la Momia, y como unos conquistadores británicos se hicieron con una legendaria daga que llegó a pertenecer a Ahmanet, una princesa egipcia que degolló a su padre y entregó su alma a Set luego de que su ambición de poder se viera interrumpida por la llegada de un hermano pequeño. Luego de ser momificada y enterrada viva, la daga que iba a utilizar para darle un cuerpo a Set es dividida en dos y separada para que el mal nunca regrese.

Cuando la película realmente empieza y finalmente llega al personaje de Tom Cruise, ya pasaron casi diez minutos de un prólogo tras otro, los cuales explican en rebuscado detalle todo el meollo de Ahmanet y su sed de poder, entregando en bandeja de arena el resto de la trama. También introducen al personaje de Russell Crowe, que luego reaparecerá e introducirá el “Dark Universe” de una forma bastante patética y vergonzosa. De por sí, Crowe es un actor muy peculiar que resulta hipnotizador cuando realmente se compromete con un trabajo, pero acá destila aburrimiento y falta de convicción en cada escena que está. Lo mismo se puede decir de Cruise, un actor que es un verdadero artista del cine de acción contemporáneo desde su gran resurgimiento con Mission: Impossible 3, pero que acá parece desorientado, como si literalmente se hubiera confundido de película y simplemente les siguió la corriente a todos porque le dijeron que iba a correr y saltar unas cuantas veces, algo que adora hacer.

Acá interpreta a Nick Morton, un oficial militar que desobedece a su superior y estira a su compañero en una aventura ilegal para robar tesoros en medio de Iraq, con el objetivo de venderlos en el mercado negro. En una de esas misiones clandestinas, ambos terminan siendo atacados por insurgentes, y luego de un tiroteo carente de emociones, logran toparse con una prisión subterránea que contenía a Ahmanet, así que, por supuesto que sigue desobedeciendo las reglas y termina desenterrándola. Sin embargo, ahí está Jenny (Annabelle Wallis), una arqueóloga que convence a los superiores militares de que el sarcófago debe ser transportado para un estudio histórico, aunque ese es solo el principio de la maldición, que ya empieza tomando la vida del compañero de Nick, interpretado por Jake Johnson, cuyo personaje convierte a la película en una completa e insoportable comedia.

Si Tom Cruise es un casting mal calculado, Sofia Boutella es uno desaprovechado. Luego de haber conquistado con su maravilloso papel villanesco en The Kingsman y haber caracterizado a uno de los mejores personajes alienígenas en Star Trek Beyond, acá le toca estar a merced de un guion que no entiende para nada a su personaje y hace de ella una caricatura que es todo menos protagonista de su película. Y como es mujer, tiene que ser retratada de alguna forma sensual innecesaria, hasta cuando deambula con harapos destruyendo todo Londres y cuando se encuentra maniatada en una prisión de máxima seguridad que no es a prueba de decisiones estúpidas por parte de extras, parece que la única razón por la que su personaje es femenino es para provocar. Ni siquiera es una villana entretenida cuando finalmente adquiere su poder, no hace más que levantar algunos muertos y una tormenta de arena sobre la ciudad, lo que fue mucho más divertido cuando lo hizo Imhotep en 1999.

Por si no fuera poco el hecho de que Cruise no emociona y que Boutella casi no existe en una película llamada La Momia, la historia se detiene por completo a la mitad para hacer un anuncio: ahora estamos en un mundo de dioses y monstruos, y Crowe interpreta a Dr. Jekyll, que accidentalmente se convierte en Mr, Hyde para entregar una secuencia de acción de lo más soporífera e insustancial, no solamente porque él no está para nada interesado en lo que hace, sino también porque Kurtzman es pésimo inyectándole algo de energía a su dirección, y todo parece una copia de cosas mejores ya vistas anteriormente. Es una verdadera pena porque me fascina fácilmente ver a Cruise correr de un lado a otro en sus películas. Ya dije anteriormente que él es como el Jackie Chan del cine hollywoodense, y cada uno de sus trabajos es como una promesa de un mínimo de emoción con alguna secuencia impresionante, pero si es solamente por eso, mejor es ver dichas secuencias en algún clip en YouTube.

La trama luego retoma su curso principal pero plagado de incoherencias y diálogos superfluos que no consiguen agregarle algo de fuerza a la historia. No hay una mínima sensación de aventura, y la continua intervención de Johnson como una especie de espectro que guía a Nick en su transformación es sencillamente absurdo y no deja de succionarle el alma a la película, que tendría que haberse quedado enterrada entre los miles de guiones que no se producen cada año. Sin embargo, este es el inicio del “Dark Universe”, y eso solo hace que sea doblemente penoso el paupérrimo intento que hicieron por armar un universo de películas que podrían funcionar mejor de forma independiente, como en los viejos tiempos, cuando simplemente importaba contar una historia entretenida.

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Total: 18 Promedio: 2.8
Acerca de Emmanuel Báez 2309 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

4 Comentarios

  1. Spoiler alert.
    Desde el principio y por el camino que fue tomando tuve el temor de que al final, el personaje gane la batalla interna entre el bien y el mal impulsado por el amor
    Más cliché imposible

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