‘The Lobster’, rompiendo las reglas

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Aunque en cierto sentido es una sátira y está desarrollada como para extraer un debate filosófico acerca de la obsesión del hombre con las relaciones humanas, no es difícil imaginar un futuro como el de The Lobster de forma literal. La sociedad está viviendo momentos decisivos que realmente pueden llegar a condicionar el futuro del ser humano y cómo este se relaciona con los demás, y aunque en un lado del espectro tenemos cada vez más altruismo y solidaridad, en el polo opuesto está creciendo cada vez más la soledad y el abandono en el que viven millones de personas. Esto hace que haya una creciente obsesión con la vida en pareja como único método para encontrar felicidad, algo que a la larga se convierte en un pensamiento más que dañino.

El realizador Yorgos Lanthimos se aprovecha de esa premisa para construir un escenario distópico en el que es ilegal permanecer soltero, y las personas tienen hasta 45 días después de una ruptura para encontrar una nueva pareja y no ser convertidos en animales. Ya saben, porque “las relaciones románticas son el pico de la humanidad”, y es algo que no se encuentra en las “bestias más comunes”. Ese pensamiento sardónico que se encuentra en la base de esta película, que mezcla una comedia seca con un extraño romance, es lo que la convierte en una obra emocional en un sentido bastante raro, ya que toda la historia carece de emociones reales como un recurso más de establecer su punto. Todos los protagonistas se comunican y hablan como si fueran maniquíes que acaban de cobrar vida, ya que no existen realmente hasta que encuentren una pareja.

Al frente tenemos a Colin Farrell, que es realmente idóneo para este tipo de papeles. Cada vez que prueba algo en el terreno más comercial de Hollywood deja en claro que sus mejores trabajos siempre caen en donde hay más riesgo y libertad creativa. En esta película realmente se ve como un perdedor absoluto que hará lo que sea por seguir las reglas, aunque en el camino encontrará algo mejor y empezará a alejarse de las convenciones sociales en busca de la verdadera felicidad. Al otro lado tenemos a Rachel Weisz, que no aparece sino hasta bien pasada la película, pero a quien ya escuchamos desde el principio en una narración fría pero interesante que enfatiza el humor negro que subyace en la historia. Su caracterización es una de las mejores de su carrera en los últimos años.

El absurdo de la historia es lo que conquista a pesar de la lenta narrativa, y es también un absurdo que va calando de a poco con la alegoría de una obsesión real. El personaje de Farrell va a parar a un hotel donde conocerá otras personas que están pasando por lo mismo, y allí deberá buscar pareja en una serie de pruebas que resultan ridículas a simple vista, pero que van de la mano con el mensaje. En un punto hay un genial sketch acerca de cómo la vida de soltero es simplemente inviable, mostrando cómo sufre una mujer sin la presencia de un hombre en su vida. Lanthimos realmente se luce jugando con los conceptos que se dan por sentado en las relaciones humanas y propone una mirada casi virgen a una cuestión social con mucha influencia en el hombre.

La película se divide en dos partes bien diferentes, y quizás por eso se resiente un poco la duración. La segunda mitad toma lugar en medio del bosque, donde el protagonista convive con otros “solitarios”, que también tienen sus propias reglas con respecto a las relaciones amorosas, y es que no debe haber ninguna. Ellos establecen de forma estricta que cualquier forma de contacto sexual o romántico es criminal, y tienen sus propios castigos, que no llegan al punto de tener que convertirse en animales, pero sí son bastante efusivos con respecto a sus normas de convivencia. Este es el otro lado del espectro que el director encara mediante un absurdo que tampoco está para nada alejado de lo que ocurre realmente en el mundo.

Es una conjunción óptima lo que hace que The Lobster tenga su valor, aunque quizás sea un gusto adquirido para algunos. El casting es igual de brillante, con John C. Reilly que repite como el típico secundario vulnerable, como ya lo hizo en tantas ocasiones, pero sigue dando en el clavo. Por otro lado, tenemos a Léa Seydoux que enerva con su monotonía, aunque su personaje se torna antagonista simplemente para darle algo de sabor a la historia y más fuerza al romance que se va formando, ofreciendo esa pizca de esperanza que no llega a confirmarse, aunque sí da espacio para la bienvenida duda positiva que no puede faltar en este tipo de películas.

Acerca de Emmanuel Báez 2280 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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