‘The Circle’, un thriller que no aporta nada nuevo a la discusión de la privacidad en internet

The Circle es una de las películas más insatisfactorias del año, y es particularmente frustrante porque tiene gran potencial: hay tremendas ideas, algunos momentos intensos, estupendas interpretaciones y todo un universo de situaciones que sirven para el debate posterior, pero estos debates no se realizarán porque la película las haya presentado de una forma sólida y coherente, sino simplemente porque hablan de estos temas de una forma muy evidente. Los temas en cuestión son las implicaciones de la tecnología presente en todos los aspectos de la vida de uno, los dilemas éticos de la disminución de la privacidad, y la obsesión por las redes sociales.

La trama sigue a Mae (Emma Watson), una chica que consigue un trabajo soñado en una empresa tipo Apple, Facebook y Google fusionados donde el objetivo esencialmente es el desarrollo de nuevas tecnologías que faciliten la comunicación a nivel global, así como la solución a problemas sociales de gran magnitud. La fachada apunta a una corporación tecnológica que está invirtiendo positivamente en el futuro de los ciudadanos, pero que rápidamente se está convirtiendo en un peligroso monopolio, enfocándose la crítica en la forma en la que empresas cómo estás descartan estos miedos sociales con gran facilidad mediante alianzas políticas y una presencia publicitaria muy fuerte. El director James Ponsoldt no está interesado en sutilezas, pero sí en generar paranoia.

En ese sentido, la propuesta está genuinamente interesante, pero el guion (también del director) nunca consigue elevarse más allá de algunas secuencias memorables donde se va revelando la naturaleza del asunto, y Ponsoldt solo se enfoca en desarrollar la tensión, sin trabajar a sus personajes, que habitan un universo demasiado obvio como para tomarse en serio. Tiene toda la intensión de burlarse de una sociedad dependiente de la tecnología y demostrar los peligros que acarrean, pero salta entre sátira y paranoia con un resultado muy inestable que solo ofrece algunos momentos inquietantes. Ponsoldt se hizo de nombre luego de dos películas bien indie con personajes lidiando con problemas bien íntimos, y ese parece ser su zona segura. Una historia como la de The Circle merecía a alguien más surreal que esté dispuesto a adentrarse por completo en la visión y no solamente quedarse en la superficie.

Una vez que Mae comienza a tomarle confianza a su nuevo trabajo, recibe la atención de Eamon Bailey (Tom Hanks), el fundador de la empresa, que ve en ella alguien que podría servirle para un nuevo experimento social que podría cambiar la forma en la que el mundo ve las redes sociales. Hanks está estupendo en modo antagónico, y eso se debe mayormente a que es uno de los rostros más carismáticos del cine, algo que aprovecha para dibujar a un personaje que irradia seguridad, aunque en el fondo padece de las falencias humanas más básicas que terminan siendo su perdición. A través de su personaje, la película continúa con su subrayado mordaz que pretende compararlo con protagonistas reales del mundo de la tecnología. Lo vemos dando una especie de charlas informativas donde devela nuevos productos (a sus propios empleados, y no a la prensa, por alguna razón), y está siempre sosteniendo una taza con el logo de la empresa y una sonrisa reservada. Su personaje es el más interesante porque no es un villano en el sentido tradicional de la palabra. Es posible que sus intenciones sean buenas, pero no así sus ejecuciones.

Su mano derecha es Stenton (Patton Oswalt), que parece encargarse de forma más directa de  las cuestiones mediáticas que está enfrentando la compañía. Usualmente lo vemos a Oswalt como un fuerte activo cómico, pero acá ostenta una energía más tenue pero intimidante, y es una faceta que espero que explote más en el futuro, aunque no puede con su genio. Ambos convencen a Mae a convertirse en el rostro del nuevo producto de la empresa, denominado “SeeChange”, que consiste en una pequeña cámara conectada todo el día a uno mismo, con el objetivo de estar todo el tiempo compartiendo su vida en internet. Al principio, Mae acepta porque su paso por The Circle resultó ser más ventajoso de lo que podría haber imaginado, inclusive consiguiendo ayuda para su padre, que padece de Esclerosis Múltiple (brillante intervención de Bill Paxton en su trabajo final), pero luego va comprendiendo las implicancias de dicha tecnología a medida que la línea entre lo privado y lo público va borrándose. Ahí es donde entra Ty (John Boyega), que resulta ser uno de los miembros fundadores, pero que vive con un perfil bajo dentro de la compañía esperando el momento de exponer los peligros de la misma.

Todos los personajes convencen porque los actores los llevan bien adelante, pero Ponsoldt no hace más con ellos de lo que ellos hacen con el guion, que no le da vueltas al asunto sino simplemente los coloca en situaciones incómodas sin desarrollo alguno. Tomemos por ejemplo el personaje de Annie (Karen Gillan), la amiga que logra introducir a Mae a la compañía con suma emoción, pero de una escena a otra cambia drásticamente su carácter sin progresión alguna, algo que resulta totalmente incongruente con su personalidad. El único personaje realmente agradable es el de Mercer (Ellar Coltrane), exnovio de Mae, quien le advierte acerca del cambio en su vida y cómo era mejor antes de haberse convertido en un títere de internet. Al final, el problema más grande está en que estos temas no son nada nuevos en el cine, y The Circle realmente no aporta nada nuevo a la discusión.

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Acerca de Emmanuel Báez 2268 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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