‘Star Trek Sin Límites’, un fantástico viaje a lo profundo de una gran saga espacial

star trek beyond

En el 50 aniversario de Star Trek tenemos la que tendría que ser una de las mejores películas de toda la franquicia. Es algo evidente durante los primeros minutos, mientras la cámara recorre los pasillos y las bahías del USS Enterprise, y escuchamos parte de la bitácora del Capitán James T. Kirk, que explica su odisea que casi llega a los tres años, de una misión de cinco años que parece que se está dilatando cada vez más. Es un prólogo muy diferente al explosivo inicio de la primera película dirigida por J.J. Abrahms, y todavía más alejado del desastre que fue el principio de Into Darkness. Es un prólogo que honra de la manera más introspectiva y admirable la esencia real de una saga que cambió para siempre el concepto de exploración espacial. Es el prólogo de una película sumamente entretenida que corrige por completo todos los horrores de la producción que le antecede, y solo por eso ya es un logro encomiable.

Lo que hace diferente a esta entrega es la atención a la humanidad de cada protagonista. La bitácora del Capitán comenta de forma breve pero comprensible sobre los miembros de su equipo, y cómo ellos también tienen días buenos y días malos. Ninguna de las películas anteriores había considerado de esa manera a personajes secundarios, y solamente los metía para mover la trama para adelante. La conjunción entre el guion de Simon Pegg y Doug Jung, y la dirección de Justin Lin, es algo bello que se transmite con gran energía por un elenco que ya se sentía sólido anteriormente, pero solamente necesitaba una historia interesante que los aproveche al máximo. No tuvieron nada de eso con Into Darkness, que era un refrito insufrible e irrespetuoso con el espectador. Star Trek Sin Límites es el ejemplo perfecto de que un blockbuster puede ser también una obra reflexiva y contemplativa, sin descuidar su enorme producción.

La trama lleva al equipo del Enterprise a responder una llamada de auxilio que los pone en el medio de una trampa planeada por un alienígena de nombre Krall, cuyas motivaciones no están claras al principio, pero se entiende que no tiene las mejores intenciones. El villano de turno no es un punto fuerte de la película. De hecho, es lo menos interesante, y lo más predecible, pero no por nada se siente como “villano de la semana”, ya que toda la película tiene un aura episódico donde lo que más resalta es la dinámica entre los protagonistas, y lo más memorable siempre sucede cuando la historia se detiene por un momento y deja que cada miembro –Sulu, Chekov, Bones, Uhura, y Spock- tengan su momento de introspección, donde dejan de ser una simple palanca para la trama y se convierten en valiosos compañeros y, en algunos casos, verdaderos amigos.

Estas escenas son como pequeñas rocas que van adornando una joya que, si bien no es perfecta en lo más mínimo, es fiel a sí misma y engrandece los temas que sostienen una saga de cincuenta años. La exploración espacial, la búsqueda del porqué de la existencia en algún lugar del universo, y las preguntas y respuestas que esta aventura genera por sí misma. Preguntas que podrían ser respondidas y profundizadas en una serie o una película más larga, pero que acá se contentan con ser bien formuladas y exploradas a través de una trama que justamente lleva a sus protagonistas a conocerse a sí mismos.

Dejando de lado toda la cuestión filosófica y existencial del guion, tampoco la despojamos de todo, ya que hay una producción loable y bien dirigida por alguien que entiende de acción y busca en todo momento hacerla entretenida y comprensible. Lin viene de dirigir cuatro películas de Rápido y Furioso, incluyendo la que era mucho más tranquila y memorable (Tokyo Drift), así que tiene práctica de sobra mezclando acción y ese drama que no es enteramente superficial. Como una buena película de Star Trek, hay geniales adiciones –como la fantástica Jaylah, que es por ahora uno de mis personajes femeninos favoritos en la ciencia ficción-, y setpieces increíblemente ingeniosos, como la colosal estación de Yorktown, que ofrece la posibilidad de tener secuencias muy asombrosas de persecución y pelea. Por el simple hecho de que no se siente para nada repetitiva (considerando solamente las dos películas anteriores) es meritorio de celebración.

El villano está interpretado por Idris Elba, cuya fuerza actoral se pierde un poco debajo de tanto maquillaje. Definitivamente no es malo en el papel, pero se merecía algo más para estar a la altura de las peripecias de los demás personajes. A pesar de que dedican buenos momentos a cada uno de los miembros de la Enterprise (gran punto a favor a una pequeña escena que revela que uno de los miembros es gay, en la película de una saga que habló desde siempre sobre la igualdad y el respeto mutuo, a pesar de cualquier diferencia), el trío principal de Chris Pine, Zachary Quinto, y Karl Urban es estupendo. Ellos encabezan una obra que tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de los más geniales aportes al género en muchos años.

Acerca de Emmanuel Báez 2386 Articles

Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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