‘Star Trek Into Darkness’, un vistoso viaje al vacío

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Hay demasiadas cosas lindas en Star Trek Into Darkness que es realmente penoso que tenga un guion tan confuso y problemático firmados por los infames más odiados de Hollywood de los últimos años: Roberto Orci, Alex Kurtzman y el peor de todos, Damon Lindelof. Los primeros dos venían bien tras trabajar con J.J. Abrams en Alias y Mission: Impossible III, pero tras sus pasos por la trilogía de Transformers, no quedó mucho de lo que solían ser: mucho más recatados y centrados en desarrollo de personajes, entendedores del silencio, la pausa, el descanso tras la acción. Ahí yace el primer problema de esta secuela.

Lindelof, por otro lado, sigue teniendo un fetiche con las preguntas que últimamente no está interesado en responder, confundiendo horriblemente las preguntas sin responder como reflexión o moraleja con las preguntas como hechos relevantes a la historia. Esto, lastimosamente, no es nada novedoso viniendo de quien escribió la pretenciosa pero mediocre Prometheus e ideó las revelaciones más ridículas de la serie Lost.

Tomemos como ejemplo el prólogo de Star Trek Into Darkness. El Capitán James T. Kirk (Chris Pine) y Bones (Karl Urban) se encuentran huyendo de una población indígena luego de que Kirk robara algo que ellos se encontraban venerando, mientras Spock (Zachary Quinto) se encuentra sobre un volcán que está por hacer erupción, con la misión de lanzar un dispositivo que detendrá la explosión y que podrá salvar al planeta. Excepto que en ningún momento explican cuál es la conexión entre los dos eventos, ni por qué Kirk tuvo que robar lo que sea que estaban venerando. La lógica de los guionistas es evidente: tenemos que verlos correr del peligro al inicio de la película, para recordar de lo que son capaces, qué hacían entre la primera película y esta, y cómo estos protagonistas enfrentan los distintos problemas que se presentan.

Uno podría argumentar que las razones de estos eventos son irrelevantes, pero dichos eventos terminan en la degradación de Kirk, la transferencia de Spock, una pelea de pareja importante a la historia y, entre otras cosas, la modificación del destino de una población en desarrollo, algo que resulta ser muy grave según las normas de la Federación, como le espeta el Comandante Pike (Bruce Greenwood) a Jim . Así que, sí, es más que relevante saber por qué Kirk se encontraba corriendo de los indígenas después de haber robado algo de ellos, pero es una cuestión que queda en el aire, como muchas otras. Y ni siquiera quiero preguntarme de quién fue la idea de incluir uno de los semi-desnudos más ofensivos y estúpidos en la historia del cine.

Otro problema es que los guionistas constantemente sabotean sus propias decisiones, y con ello, las emociones que se supone uno debe invertir en los conflictos. Kirk es degradado. No importa, ocurrió algo terrible, es Capitán de nuevo. Spock es transferido. No importa, ocurrió algo, está de vuelta en la Enterprise. La nave estelar está a punto de ser destruida -música lúgubre de fondo incluída-, no importa, Deus Ex Machina, una solución completamente inesperada a la vuelta de la esquina. Un personaje prometió nunca dar detalles que podrían alterar el curso de la historia. No importa, lo hará de cualquier manera. Y es una constante por conveniencia, hasta el punto en que la supuesta muerte de un protagonista no es emotiva ni por asomo, ya que la obvia solución está al final de la secuencia de acción, predecible desde hace media hora cuando metieron unas líneas de diálogo entre Kirk y Bones totalmente fuera de lugar.

Pero no se le puede negar para nada el lado bueno a Star Trek Into Darkness, porque es realmente un lado bueno que hace que las falencias sean dejadas de lado momentáneamente. Es una de las películas más visualmente impresionantes del año, con un diseño de producción grandioso, detallado, que hace que la ciencia ficción se sienta real en todo momento por más que sepamos que los actores están diciendo disparates inexistentes porque lo hacen con suma credibilidad, con la personalidad de cada personaje perfectamente delineada y desarrollada aunque tengan una aparición breve. El equipo del Enterprise realmente se siente como uno real y que lleva un tiempo trabajando en esto, a pesar de que algunos siguen teniendo poca experiencia y están liderados por el Capitán más inepto de la Federación.

Tanto Pine como Quinto están más que bien como Kirk y Spock, respectivamente, y supieron crecer dentro de sus protagonistas, aunque el espectáculo se roba Benedict Cumberbatch como el villano de turno, Khan, con sus expresiones marcadas y su grandilocuencia robótica, que lo convierten en un enemigo realmente temible a pesar de que parece ser el único en toda la película cuyas acciones están plenamente justificadas. Sus intenciones también son evidentes, pero al menos es un gozo tremendo verlo humillar a Kirk constantemente, y la caracterización de Cumberbatch es encomiable.

J.J. Abrams está tan encantado con sus personajes que se olvida de lo mucho que afectó a la primera película sus propios fetiches con la dirección. La cuestión es que, siendo esa la primera Star Trek en muchísimos años y el reinicio de toda la franquicia, se sentía novedosa, entretenida, acelerada pero consciente de sus pausas. Into Darkness es un reciclado que multiplica sus problemas y agrega otros hoyos imperdonables. Su dirección es de fórmula, y no exactamente una buena fórmula, sino una que pretende que el espectador incline constantemente la cabeza para poder entender una escena o seguir a alguien que está corriendo por un pasillo, porque eso de alguna manera es como él cree que se vería el futuro. Eso, y los horripilantes lens flares, que inundan la pantalla en el momento menos oportuno.

Y es una verdadera lástima que no sepa encarar mejor el universo, y es fácil entender las rabietas generalizadas de los fanáticos acérrimos de Star Trek desde sus películas originales. Porque Abrams es capaz de hacer algo mucho más interesante que esto, como lo prueban Mission: Impossible III y Super 8, pero Into Darkness se deja ver por su acción entretenida, por sus efectos hipnotizantes, por su banda sonora magistral compuesta por el genial Michael Giacchino y su elenco sólido. Por todo lo demás, solo vale para un viaje de ida y vuelta y no volver a subirse jamás.

Acerca de Emmanuel Báez 2332 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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