‘Spectre’, James Bond se enfrenta a una película más del montón

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Ya tenemos veinticuatro películas de James Bond en poco más de cincuenta años de trayectoria. Eso es mucho, y es algo inevitable que de esos títulos, existan varios que no pasen la prueba, cosa que le sucedió a todos los actores que interpretaron al espía hasta ahora. Daniel Craig no es la excepción, y su cuarta vez como Bond es el segundo tropiezo tras Quantum of Solace, lo que se siente particularmente más pesado teniendo en cuenta que la anterior, Skyfall, es una de las mejores entregas de la saga.

Pero incluso sin comparar, Spectre es una película que se hace desear demasiado y al final no está a la altura de sus propias intenciones. Hay mucho potencial desaprovechado y elementos que resaltan pero no elevan el resto de la obra, que a los ojos de todo fan de Bond es como un homenaje y un regreso a la picardía de Roger Moore mezclado con la seriedad y el realismo inyectado por Craig, que sigue probando haber sido una grandiosa elección desde Casino Royale. Su Bond es de los mejores, y creo que ya no debatimos al respecto.

La trama de esta nueva adición arranca poco tiempo después de los sucesos finales que cambiaron al MI-6 en Skyfall. La muerte de la anterior M, sin duda alguna, sigue siendo una sombra sobre el hombro de todos, en especial Bond, que comienza a actuar de acuerdo a un mensaje recibido de ella después de su muerte. En dicho mensaje ella le encomienda una misión peligrosa y seguir con las consecuencias, ya que estas le revelarán el camino a una organización terrorista con brazos muy amplios.

Sam Mendes vuelve a la dirección, y el plano secuencia con el cual inicia la película es un despliegue de talento técnico como uno ya podría esperar de él. Seguimos a Bond en su paso por México durante la celebración de Día de los Muertos, donde debe eliminar a un hombre y esperar a que las secuelas le presenten la siguiente pista. Sus acciones disparan el enojo del nuevo M, que suspende a Bond hasta nuevo aviso. Así, 007 se embarca con ayuda de Q y Moneypenny en su misión por desentrañar este nuevo misterio.

La base de la trama de Spectre es sólida, y la intriga que se enciende al principio es enteramente válida para seguirlo hasta lo último, pero así también comienzan a presentarse los problemas de la película con la introducción de Monica Belucci. Ahora, esto podría ser algo muy personal, pero por la forma en que introducen a su personaje, uno esperaría algo mucho más sustancial de su parte, además de que fácilmente podría haberse convertido en una de las “Mujeres Bond” más fascinantes en mucho tiempo. Sin embargo, es desechada y nunca más sabemos de ella.

Pero ese es el menor de los problemas de Spectre, que llega muy tarde para los conflictos que presenta en su desarrollo. Resulta que, en el centro de los problemas del MI6, está un nuevo ejecutivo encabezando una nueva organización que tiene como objetivo la seguridad civil mediante tecnologías de vigilancia. Es un tema actual, relevante, pero ya encarado previamente y de formas mucho más analíticas y memorables, así que cuando pretenden insuflar importancia a una cuestión a la que le dan un enfoque superficial, todo se va tornando soporífero. Y estamos hablando de la película de James Bond más larga de todas.

A medida que 007 va excavando en el enigma de la nueva organización, acompañado por Léa Sydoux como una de las Chicas Bond menos hipnotizantes que hubo, también va encontrándose con su propio pasado, que de forma conveniente y poco convincente, tiene mucha relación con el villano de turno. El mismo, interpretado por Christoph Waltz en lo que parece ser más bien un casting por tendencia, palidece por sus monólogos poco desafiantes, lo cual es todavía más lamentable teniendo en cuenta que hablamos del villano por excelencia de Bond, cabeza de la organización conocida como Spectre.

Por otro lado, y rescatando lo bueno, este es el James Bond más acorde a los clásicos, y por ende, mucho más inquieto y seductor con la cámara. El guion adorna con humor varias situaciones accidentales, como buena película de acción de los ochenta, y en su gran mayoría, funcionan para distraer de los problemas que lo aqueja. Así también, gracias a la destreza de Mendes y la fotografía de Hoyte Van Hoytema, las secuencias de acción son de lo más intensas y vigorosas, provocando lo imposible con un cuasi-superhéroe como Bond, y es hacernos creer que puede estar al borde de la muerte. Puntos especiales para Dave Bautista como uno de los enfrentamientos más espectaculares que tuvo el espía en mucho tiempo.

A Daniel Craig le queda una película más como Bond, y realmente espero que se despida con algo impresionante, conciso y efectivo, ya que es evidente que no se alejarán más de la fórmula clásica a la que volvieron con esta entrega. Eso, por supuesto, no tiene nada de malo, pero por esa misma razón, el personaje merece algo más llamativo, quizás algo explosivo, pero siempre más humano y reflexivo, que son dos cualidades que hicieron de Casino Royale y Skyfall dos de las mejores entregas de la franquicia.

Acerca de Emmanuel Báez 2331 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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