‘Los Juegos del Hambre: Sinsajo Parte 2’, las secuelas de la guerra

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Si uno está atento a las noticias, aunque sea en pocas medidas, creo que le sería difícil ver una película como Mockingjay Part 2 y no sentir las similitudes con la realidad. Este esperado final, que llegó en dos partes por una evidente tendencia comercial y no por decisión creativa, es otra vez una contundente lección de política y guerra, haciendo que la película sea una de las más relevantes del momento, y creo que el tiempo le otorgará un valor mucho más trascendental teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos ahora mismo.

La película tiene todo lo que le faltaba a la primera parte, y le agrega de forma bastante realista y muy crítica ese comentario sociopolítico que le caracterizó bien a la saga desde un principio. Sin embargo, en esta ocasión, las agendas son más delicadas y las apuestas son más peligrosas, por lo que el resultado es un producto mucho más consciente de su entorno y de sí mismo, entregando una reflexión crucial disfrazada de entretenimiento comercial estupendamente realizado.

La trama sigue una última vez a Katniss Everdeen como ícono de la revolución. A pesar de sus deseos de justicia y venganza mezclados en una confusión existencial que la hace dudar, se encuentra a merced de la política como una mera herramienta propagandística a favor de la Presidenta Coin, que tiene la intención de derrocar al Presidente Snow y convocar a elecciones libres, aunque su verdadera intención se va presentando más egoísta e interesada.

Esto es realmente frustrante para Katniss, cuyos anhelos de un mundo mejor ya se veían ofuscados por los tejes y manejes políticos desde que fue rescatada de su segunda incursión en Los Juegos del Hambre. A esto le sumamos sus conflictos internos con respecto a Peeta y Gale, su preocupación por su familia, y su propia condición de heroína/leyenda que no le permite trabajar en su propio camino. Jennifer Lawrence encarna a este legendario personaje, uno de los más inspiradores del cine reciente, con suma competencia y convicción, como ya nos tenía acostumbrados.

Sin embargo, lo más interesante tiene que ver con el desarrollo de los planes de Coin, llevada con inquietante tranquilidad por Julianne Moore, y cómo su agenda se va desenmascarando a medida que se acercan a la fortaleza de Snow, en el centro mismo del Capitolio. Esto da oportunidad a la película de ofrecer buena acción como la que apenas se vio en la anterior película, y de esa manera ganar tiempo también para hacer madurar a sus protagonistas. Las secuencias de acción que se llevan a cabo en el centro del Capitolio, donde por alguna razón hay un montón de trampas instaladas por los Vigilantes, son brutales, ingeniosas, y muy buenas, pero no son para nada el propósito final de la obra.

Lo que hace de la película algo más que un producto comercial son las conversaciones internas de Katniss, y las revelaciones finales en la que se descubre un juego de títeres crueles que tiene que ver con el poder, y como este corrompe a todos y a todo. No es que sea inesperado, porque la simple descripción del personaje de Coin insinúa un motivo ulterior que no debería sorprender, pero lo que la película tiene que decir acerca de la guerra, sus consecuencias y sus sinuosos caminos es muy importante. Ya decía en mi crítica de la primera parte, que se trataba de una buena clase de política para adolescentes, y esta conclusión es una crítica punzante a la manipulación de la prensa, los intereses del poder, y los efectos a largo plazo de los enfrentamientos bélicos.

Podrían haber ido por el camino más simple de ubicar a Katniss en la tarima de la victoria, y terminar la saga con una nota de alegría incondicional, pero el personaje creado por la novelista Suzanne Collins -asumiendo que la adaptación mantiene la esencia de la misma- sufre cada una de sus decisiones, y las lleva consigo con credibilidad. Al principio no digerí con comprensión el exilio que atraviesa, pero con unas breves pero sinceras líneas de diálogo, le dan la nota final para un arco narrativo que debería ser objeto de estudio.

El director Francis Lawrence hace un trabajo encomiable de inicio a fin, invitándonos a los momentos de introspección y dirigiendo con pulso inteligible la acción, alejándose de esa otra tendencia de exagerar con la cámara en mano las secuencias que deberían ser más comprensibles. Se siente cierta dilatación obligada que probablemente no afectaría si hubiesen hecho una sola película en vez de dos, pero es una conclusión coherente con toda la travesía vivida hasta este punto, digna de ser bien recordada y recomendada como un todo.

Acerca de Emmanuel Báez 2282 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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