‘Rocky II’, la revancha más comentada

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El crítico de cine Roger Ebert tuvo la oportunidad de ver Rocky II junto a Muhammad Ali en 1979, realizando luego una extensa nota al respecto, relatando los comentarios que el tres veces campeón de peso pesado daba mientras veían la película. Es un relato sumamente interesante, ya que ofrece un punto de vista personal sobre una película que es realmente una buenísima secuela, algo que no es tan habitual en estos días. Luego de que Sylvester Stallone consiguiera la victoria con Rocky –que era casi una autobiografía- era de esperar que las cosas se pusieran más grandes para la continuación, la cual ya contaba con él mismo en la silla de director.

Lo más interesante de la nota de Ebert sobre el visionado de Rocky II con Ali, es que el exboxeador se pasaba criticando el realismo de la película, señalando los puntos inverosímiles, y sin embargo, cuando los créditos aparecieron, dijo que se trataba de una genial película. “Un gran éxito. Tiene todos los ingredientes. Amor, violencia, emoción. La emoción nunca decae”, dijo. Sin duda alguna, que alguien como Ali haya visto una genial película a pesar de los puntos en contra es una declaración acerca de lo emocionante que es la secuela. Creo que de eso se trata el buen cine, poder decir que una obra tiene sus elementos negativos, y aun así dejarse llevar y disfrutar cuando es evidente que hay pasión en el material. Stallone sabía de pasión, y puso mucho de eso en la realización, logrando que la revancha entre Rocky y Apollo Creed fuera un evento estremecedor.

Pero no fue un camino fácil. Aunque Stallone encontró la gloria con Rocky luego de mucha lucha en la producción con un apretadísimo presupuesto, sus siguientes pasos fueron sinuosos. Escribió y dirigió un drama titulado Paradise Alley en 1978, sin acercarse siquiera al recibimiento que tuvo con Rocky. Su primera vez en la silla de director no rindió frutos, pero no era algo que iba a detenerlo. Su segunda incursión como director era una decisión obvia, y lo mejor de todo es que la primera entrega había culminado de una forma en que todos los elementos estaban colocados como pidiendo una continuación. Rocky se ganó el corazón del público con su último grito de amor, pero había perdido la pelea por poco, así que una revancha estaba más que justificada.

Pero Stallone no cometió el error que se cometen en todas las secuelas de hoy. Si bien es cierto que la revancha entre los dos peleadores fue mucho más intensa, más emocionante, y hasta mejor dirigida, también hay una notable inyección en el drama y la mitología del héroe, con todos los cambios que atraviesa luego de su repentina fama conseguida gracias a aguantar los 15 rounds contra el campeón. Está también la crítica con respecto a la fama -algo inusual para la época- cuando Rocky empieza a hacer comerciales y descubre la cara tediosa de ser una celebridad. Él no es tonto, pero se siente así cuando intenta seguir adelante aprovechándose de su popularidad, y al ver que no está consiguiendo proveer para su familia mediante otras actividades que no sean boxear, empieza a sentirse impotente e inútil, lo que lo afecta más de lo que puede admitir. Sin embargo, lo admite, mostrando su lado más humano, y eso es lo que hace del personaje uno que es fácil de querer y apoyar.

Eventualmente Rocky vuelve a practicar, aceptando el reto de Apollo Creed, que es incapaz de superar el daño a su ego que le causó el hecho de que su victoria haya sido tan discutida. Por su parte, Rocky no puede avanzar mientras no cuenta con la aprobación de Adrian, a quien había prometido que su renuncia al mundo del boxeo era inapelable. La película ofrece así una buena reflexión acerca de los límites del amor y la comprensión que le agrega sustancia a la trama sin ponerse jamás melodramático. Muhammad Ali dijo que la situación era totalmente creíble, en especial cuando Adrian entra en coma y Rocky no hace más que pensar en ella, añorando su despertar, sin considerar en absoluto volver al cuadrilátero hasta que ella recupere la conciencia. Por supuesto, su esposa despierta y le pide a Rocky que haga algo por ella: ganar.

Amor, violencia, emoción, fueron las tres palabras que usó Ali para describir el éxito asegurado de la secuela. La relación de amor entre Adrian y Rocky es esencial para el desarrollo de la saga desde el principio. En cuanto a la violencia y la emoción, Stallone probó ser un director comprometido, trabajando incansablemente durante semanas con Carl Weathers para que el combate final sea violentamente emocionante, haciendo que el triunfo del héroe sea merecido y tenga el mismo efecto que ese emotivo desenlace de la primera pelea.

‘Rocky’, una victoria desde el corazón

Acerca de Emmanuel Báez 2455 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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