‘Rápidos y Furiosos 7’, la más furiosa y emotiva de la saga

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Pasaron unos catorce años desde que este grupo de criminales de poca monta se hicieron conocer con pequeñas carreras clandestinas y robos de aparatos electrónicos para subsistir, y aunque durante gran parte de Fast & Furious 7 deseaba que volvieran a lo básico y dejaran de hacer explotar la mitad de una ciudad al mejor estilo Superman en Man of Steel, no voy a negar que disfruté tremendamente verlos convertidos en superhéroes desafiando la gravedad y todas las leyes de la física, haciendo saltos imposibles en alcantarillados empinados hasta acrobacias automovilísticas a cien pisos de altura.

En muchas formas, esta séptima entrega de la saga es solamente para los más fanáticos que siguieron la historia desde el principio y dejaron el cinismo de lado para dejarse llevar por la relación entre estos personajes, porque está claro que la saga nunca fue interesante en las tramas que presentaba, sino más que nada los protagonistas y las secuencias de acción, que lograron innovarse a pesar de las repeticiones, pasando de ser una saga de carreras de autos a una de atracos a escala global. En otras formas, es una película que llama la atención por un trágico suceso externo: la muerte de Paul Walker.

Es bastante extraño hablar del proyecto de esta manera, ya que es inevitable que el mismo se vuelva mucho más intrigante debido a la latente pregunta de cómo manejaron su partida, así que uno termina sujetándose de ese misterio cada vez que la película se va por la tangente y se hace evidente que alguna secuencia se siente rara debido a que probablemente ahí debía estar Walker originalmente. Era el actor más carismático del equipo, sin duda alguna, y verlo relegado a un segundo plano en muchos diálogos donde su presencia está solamente implícita, es extraño y triste.

Sin embargo, el director James Wan, que reemplaza a Justin Lin tras cuatro películas, consigue inyectarle la suficiente adrenalina como para que todo se mantenga entretenido la mayor parte del tiempo. Pasando de los títulos de terror más taquilleros de la última década, a una propuesta de acción, Wan no parecía la opción más sólida, pero logra hacer la entrega más dura y cargada de acción de todas, una que supera inclusive a la anterior, que ya tenía los setpieces más dementes de la saga.

En otras circunstancias, diría que es “una lástima” que eso es todo lo que tiene para ofrecer, pero es todo lo que estas películas tuvieron para ofrecer desde un principio. La única de las siete que tuvo más enfoque en personajes y el desarrollo de la trama fue Tokyo Drift, y las demás eran más que nada pasar de un setpiece a otro setpiece, admirando cada modelo nuevo de automóvil o sucumbiendo al ridículo asombro de las acrobacias automovilísticas, que cada vez se hacían más inverosímiles. En esta secuela, Wan parece haber visto las últimas dos películas de Mission: Impossible como inspiración, ya que una secuencia involucra a uno de los autos deportivos más caros de la historia saltando entre tres edificios, con Vin Diesel al volante.

Pero la secuencia más impresionante es sin duda alguna la que más se estaba promocionando, la de los autos cayendo desde un avión militar, aterrizando gracias a súper paracaídas, con el objetivo de realizar una emboscada a un convoy que transportaba a un misterioso hacker que inventó un dispositivo capaz de localizar a cualquier persona en el mundo. La intención del equipo es usar tal dispositivo para encontrar al nuevo malo malote, interpretado por Jason Statham, que acá hace del hermano mayor de Owen Shaw, que casi destruyó Londres en la sexta parte. La presencia de Statham es suficiente como para que la ausencia de carreras sea aceptable, ya que verlo enfrentarse a los puños con Diesel y Dwayne Johnson es más que emocionante.

El guion firmado por Chris Morgan es risible como podría esperarse, y cargado de incoherencias que hacen que uno gire los ojos constantemente. Su falta de lógica es evidente cuando el personaje de Statham aparece regularmente en escena, intentando eliminar a los miembros del equipo, a pesar de que estos recorren el mundo buscando al hacker que los ayudaría a encontrar a Shaw. Pero el mismo guion tiene a Kurt Russell usando unos anteojos de sol que tienen visión nocturna, así que todo está bien con el mundo.

Es la conjunción de muchos momentos geniales lo que hace de Fast & Furious 7 tan buena, a pesar de que el conjunto completo no sobreviviría a una análisis más profundo. Estas películas se han vuelto famosas por su extravagancia, pero siguen siendo explosivas de una forma que alguien como Michael Bay no podría diseñar. Las secuencias de acción, aunque absurdas hasta el colmo, son coherentes en sí mismas, y están tan bien dirigidas y preparadas que son fáciles de digerir. Por más tontas que puedan parecer, requieren un diseño de producción intrincado que funciona maravillosamente, y no se puede negar que divierten sobremanera, como el cine más comercial de todos.

Por supuesto, tarde o temprano volvemos a la pregunta más relevante de todas, y me satisface bastante el desenlace que le dieron a Brian O’Conner. Es realmente una despedida emotiva, una que es notable que no solamente tiene que ver con la película misma, sino con su impacto detrás de cámaras a todos los miembros del grupo, en especial Diesel, que es el que más sufrió con su fallecimiento. Solo en dos películas perdieron a Han, Gisele, y O’Conner, por lo que lo más lógico sería que acá terminara todo, aunque sabemos que tal cosa no sucederá, así que espero ansioso, con el cerebro en stand-by, saber cómo continúa esta historia.

Acerca de Emmanuel Báez 2282 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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