‘Pride’, amistad y valentía gay al estilo inglés

El cine inglés suele manejar mucho mejor que Hollywood el tema de historias reales en la pantalla grande. Pride es un caso más que positivo, lo que es doblemente satisfactorio porque cuenta el caso real de la huelga minera de Reino Unido que empezó en 1984 y culminó en 1985, siendo un año difícil y dramático para muchos pueblos que dependían del trabajo minero. En esta marea de vicisitudes, un grupo de mineros galeses encontraron el apoyo de un grupo de activistas gays y lesbianas de Londres, que formaron una organización exclusivamente para brindar apoyo a los mineros.

Las motivaciones no eran meramente solidarias, sino también políticas, pero no por eso menos efectivas. Fue una conjunción de ideales que llevó a dos grupos que normalmente no compartirían suelo, a colaborar en pos de un futuro mejor para sus pares, en busca de la esperanza y con un odio común hacia Margaret Thatcher, algo que ya habrá inspirado un montón de películas similares. Esta historia en particular es una muy inspiradora, emotiva, y jovial que sirve como ejemplo perfecto de que la unión hace la fuerza, y de que los prejuicios solamente llevan a conflictos completamente innecesarios.

Lo de “jovial” es lo más sorprendente de todo esto, ya que el guion de Pride, escrito por Stephen Beresford, más la dirección de Matthew Warchus, toma un evento desafortunado y le agrega dosis de alegría para enfatizar en la esperanza que genera la aceptación de las diferencias y la belleza de una sociedad diversa. El casting de Ben Schnetzer como Mark Ashton, líder del movimiento de gais y lesbianas a favor de los mineros, es casi producto de alquimia, dándole una energía extravagante a la historia, con un carisma innegable que deslumbra y conquista todo a su paso.

Pero él es solo uno de un elenco maravilloso conformado por talentos veteranos como Imelda Staunton y Bill Nighy, quienes a esta altura no necesitan presentación alguna y, sin embargo, a pesar de la edad, siguen demostrando que tienen la fuerza suficiente como para llevar adelante papeles que pueden ser pequeños o grandes, pero siempre son significativos para ellos. Ellos le dan valor instantáneo a cualquier película. Gran parte de la historia se centra también en Joe, interpretado por George MacKay, un joven gay de closet que se anima a experimentar la libertad cuando se une al grupo y se convierte en uno de los principales pilares del mismo.

En ese sentido es donde Pride triunfa sobremanera, ya que aprovecha cada minuto para introducir a cada protagonista, por más que su participación sea minúscula, contando algo de cada uno que importe en el cuadro completo, ya que toda la película lleva bien arriba el mensaje de amistad y colaboración. El fino balance entre lo serio y lo festivo es lo que hace que la trama sea enternecedora y emocionante, demostrando en dos horas que se puede ser responsable al contar una historia real relevante para toda una comunidad, y al mismo tiempo ofrecer un mensaje de esperanza animado y sincero.

Eso es lo que hace que todo se sienta todavía más asombroso. La mayor parte del guion es fiel a los eventos reales de aquella época, desde el concierto benéfico hasta los personajes que se revelan gay, algo que es hasta cliché en cualquier película del género, pero que acá funcionan porque hay una intención humilde en conmover con algo tangible y valioso como puede ser el simple objetivo de buscar el bien común, sin que importe jamás la sexualidad o las decisiones de vida de cada uno.

Acerca de Emmanuel Báez 2268 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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