‘Pain & Gain’, Michael Bay enseña a encontrar el humor en el caos

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En algún momento durante Pain & Gain, el personaje de Mark Wahlberg habla acerca de encontrar el humor en el caos, y aunque no era para nada la intención de la escena, me encontré riéndome a carcajadas porque es involuntariamente un comentario que habla de la película misma: un constante caos que logra quitarle el jugo a cada disparate con un resultado increíblemente bueno para tratarse de una de Michael Bay, que pone su firma característica en cada plano y se alza con su mejor película desde The Rock. Pero es fácil entender porque una película como esta podría desagradar a muchos, más aún teniendo en cuenta que está basada en hechos reales (verosímil en mucho de lo que ocurre, para variar) y que algunos actos macabros son retratados con un humor negro punzante, pero la verdad es que entre la sátira al sueño americano, las notables actuaciones del trío protagonista y las desopilantes situaciones en las que se encuentran hundidos una vez que todo el infierno se desata, estamos ante una de las mejores películas del año.

Pero para aceptar eso, hay que tomar la película como tal: es una Bay, con sus trucos y sus efectos que realmente son únicos de él. Sus personajes con miradas al horizonte filmados en contrapicado, su cámara lenta interminable, sus mujeres en posiciones sugestivas, sus primeros planos de traseros evidentes, sus explosiones, y su plano secuencia en 360 grados que recorre dos habitaciones varias veces. Estos Bayinismos, asimilados, ensalzan una obra de puro cine comercial completamente consciente de sus ridiculeces, las cuales llegan a un extremo hilarante, quizás a veces insoportables, pero siempre fieles a su propia esencia.

La historia sigue a Daniel Lugo (Wahlberg), un físico culturista de Miami que quiere mucho más para su vida, para lo cual recluta a su amigo Adrian Doorbal (Anthony Mackie) y a un exconvicto, Paul Doyle (Dwyane Johnson) para estafar a un nuevo cliente del gimnasio donde trabaja, que resulta ser un millonario dueño de un local de comidas. La verdadera historia es una de un trío de idiotas y las decisiones que terminaron en un asesinato doble y toda clase de delitos económicos, pero la película es un relato de los hechos con un humor ácido que se aprovecha bastante bien del lado más morboso de la historia real.

La diferencia principal entre esta película y, por ejemplo, la trilogía de Transformers, está en el equipo de guionistas. Christopher Markus y Stephen McFeely trabajaron juntos en películas como The First Avenger: Captain America y parecen ser los primeros en entender realmente cómo funcionan las ideas de Michael Bay, que no tiene ningún interés en honrar la base de una historia sino en forzar los límites de lo permitido con tal de crear algo explícito. Hay situaciones que provocan vergüenza ajena y ganas de investigar más sobre los eventos reales, pero es innegable que, acertadas o no, las escenas siempre terminan bien, dentro de lo absurdas que llegan a ser.

Pero esto se debe también en gran parte a Wahlberg, Mackie y Johnson, y en especial a Johnson que acá se viste el título de actor con todas las letras y se roba el espectáculo con la imbecilidad que destila en cada desventura por la cual pasa su personaje. Previamente ya había sugerido que el ex luchador profesional tenía talento oculto e injustamente pasado por alto cuando lo vi en Southland Tales, pero Pain & Gain es por ahora lo que Terminator 2 fue para Arnold Schwarzenegger, lo cual es decir mucho. El resto del elenco también ayuda a que esta sea una joya en su propio estilo. Tony Shalhoub, que por lo general hace de secundario en todas sus películas, interpreta a la víctima del robo extorsivo; Ed Harris personifica con acierto al investigador privado que contrata; y la comediante Rebel Wilson se muestra agradable y simpática como la pareja del personaje de Mackie. Inclusive el actor Ken Jeong, a quien usualmente encuentro detestable por culpa de The Hangover, se presta a bajar sus decibeles para un breve secundario que resulta relevante a la historia.

Si hay un problema reprochable en esta película por lo demás entretenida, es su duración innecesaria, lo que puede atentar en contra de su propios excesos, dependiendo del humor con el que se la vea. Si bien la historia completa requiere del tiempo empleado, la hipérbole de recursos demanda una pausa para recordar que se trata de Michael Bay, momento en el que todo se vuelve lógico de nuevo y solo resta reanudar la marcha para seguir aceptando cualquier locura que haya al final de la escena. Y estamos hablando de un título repleto de locuras cuya única prudencia parece ser la representación fiel de la mayoría de los hechos lamentables del caso real. Bay inclusive viste y maquilla a una mujer para hacerla parecer a Megan Fox -quien no colaboró con el director acá por una pelea fuera de cámaras- y la hace posar como lo hizo al inicio de Transformers 2. Esto habla, para quienes quieran analizar un poco más allá de lo necesario, de lo demente que puede ser en su incuestionable arte del caos.

Pain & Gain es entretenimiento saturado, pero entretenimiento bien hecho al fin y al cabo, aceptando sin cinismos que se trata de una película que ningún otro cineasta que trabaje dentro del espectro comercial podría haber realizado. Es la obra con la cual queda más que claro que Michael Bay es a su arte lo que Terrence Malick es al suyo -y disculpen la comparación- insoportable y brillante, único en su estilo y a quien de una u otra manera es imposible ser indiferente.

Acerca de Emmanuel Báez 2332 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz, primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, columnista en @amilkmdelmar, hablando de películas en todos lados.

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